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Por Pablo Benito 13 -10-2020
"No se trata de una Pandemia, sufrimos una Sindemia global"

El editor responsable de la prestigiosa revista científica “The Lancet”, Richard Horton, provocó un cimbronazo en la comunidad científica al blanquear que estamos frente a una “Sindemia”.



Pablo Benito

 

El concepto, no es nuevo ni desconoce la existencia y gravedad del SARS-COV-2. Agrega una serie de circunstancias biológicas, psicológicas, sociales, económicas y culturales que convergen, en simultaneo, para reforzar el impacto de este y otros “nuevos virus”, sobre la salud de la población en todo el mundo.

 

Este concepto, llama a una transformación drástica, creativa e integral en las intervenciones, de los Estados para detener el avance de este virus, cuya aparición - natural o artificial- se comprende desde una visión socio-ambiental más amplia. Su abordaje debe incorporar factores científicos más allá de la obsesión por “cortar las vías de transmisión viral” que, claramente, han fracasado y generaron situaciones de riesgo aún mayores y una realidad que amenaza con grabarse a fuego en la conducta de las generaciones venideras.

 

Sindemia vs. Pandemia

 

Para explicarlo, en términos básicos, diremos que el concepto de “Pandemia”, no incluye a la “Sindemia”, pero sí esté último reconoce al primero.

 

La Sindemia (conjunción de sinergia y epidemia) es un término introducido por Merrill Singer - antropólogo y médico estadounidense-, en los 90, para nombrar la situación en que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos patologías".

 

La misma revista científica Lancet publicó, en Enero de 2019, el informe ”La Sindemia Global de Obesidad, Desnutrición y Cambio Climático”.

 

La aparición del COVID 19 es, para esta comunidad científica, un factor que potencia y es potenciado, al menos, por las pandemias – no transmisibles- mencionados en el informe.

 

El propio editor había advertido, en abril de este año, que el tratamiento de la pandemia “Es el mayor fracaso de la política científica mundial en una generación”, a la vez que criticaba, duramente, la ignorancia a las advertencias de la comunidad científica ignoradas durante años”. Las señales eran claras: Hendra en 1994, Nipah en 1998, Sars en el 2003, Mers en el 2012 y ébola en el 2014; Todas estas grandes epidemias humanas fueron causadas por virus que se originaron en huéspedes animales y se cruzaron en humanos”.

 

El recorte de libertades, para con el ciudadano común, ha operado también en las ciencias. La aparición de otras voces y de otras ramas y disciplinas científicas para comprender el fenómeno COVID, eleva y profundiza el nivel de debate instalado en términos de grieta sobre “cuarentena vs anticuarentena” que es absorbido por el fanatismo y las posturas absolutas.

 

Cambio de paradigma

 

Modificar la forma de nombrar la realidad implica un cambio profundo en su tratamiento. En este caso, desde la ciencia, un nuevo abordaje habilita la opinión, incluso de las “ciencias blandas” cuyo objeto es la conducta de los individuos y las sociedades, para la en la generación de políticas de inmediato, mediano y largo plazo que devuelvan, a las políticas de Estado, el concepto de Salud Pública que ha sido desplazado, en 2020, por el de Enfermedad Pública.

 

D.M., médico de un Centro de Atención Primaria de Salud, de la ciudad de Santa FE reconoce, con preocupación y reserva, que “hemos vuelto a la medicina de los tiempos de Pasteur y sus enormes descubrimientos que cambiaron la medicina a mediados del siglo XIX y siquiera podemos aceptar, como lo hizo el propio Pasteur antes de su muerte, que ‘el agente (virus o bacteria) no es nada. El terreno lo es todo’, en referencia a la discusión con Bernard quien afirmaba que ‘la enfermedad se produce por un estado defectuoso o débil del terreno (nuestro cuerpo)’,

 

“A veces siento que hoy los médicos somos un software humano que repite un protocolo de un “multiple choice” para saber quien esta sano y quien enfermo de COVID 19 y nada más, sin siquiera ver al paciente que está en su casa, asustado, que puede tener otra patología y que es tratado como número o estadística”

 

S.D -psicólogo- también agente del Estado provincial, manifiesta su impotencia al ver que “nuestra propia disciplina, bajo el concepto adoptado, esta discriminada para enfrentar esta pandemia cuando se nos ubica en un sitio de “atender los daños colaterales” de la decisión del Estado de aislamiento, distancia social y afectiva. Aprendimos y sabemos, que el miedo, el pánico, el encierro y la alienación, son factores de riesgos para que cualquier enfermedad impacte, con mayor gravedad, sobre quien no está fuerte en su mente y espíritu. El caso de los niños es urgente. Personalmente, no me preocupa tanto lo que pasa hoy sino lo que estamos gestando. Me atrae el término “Sindemia” y resueno absolutamente. El entorno social, el stress, el encierro doméstico y el ‘no hacer’, son campos propicios para el autismo, no importa si diagnosticado, patológicos o no. Lo veo desde las características de introspección en niños y niñas que juegan solos, con una pantalla o necesitan de los adultos para moverse. Yo no puedo opinar sobre el COVID, si puedo percibir lo que está ocurriendo en el consultorio, pero nadie me lo pregunta”.

 

Deconstruir el terror desde el interior

 

El nuevo paradigma de incorporar la “Sindemia” para comprender, no sólo el problema sino la salida, no es más que la ncoherencia con la evolución de las ciencias médicas y sociales que, hasta el año pasado, constituían el concepto de salud de la propia OMS: “La Salud es un estado completo de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”. El propio organismo en su “bajada de línea”, a los dirigentes mundiales, borró con el codo lo escrito con millones de manos que evolucionaron en un concepto de salud que aportó, a la población mundial, una esperanza de vida que creció, exponencialmente, y sumó casi dos décadas a las estadísticas globales.

 

La vuelta del frío en el hemisferio norte y de la reaparición de este virus que afecta el aparato respiratorio, confirma que el COVID 19 es, también, estacional.

 

La revisión de los errores cometidos en los países desarrollados, con reacciones espasmódicas ante una situación novedosa, hoy está siendo cuestionado desde una idea de la salud que necesita incorporar un paradigma creativo y diverso en el que la propia población debe ser parte de la solución y no del problema.

 

La libertad de pensamiento, no ya reprimida fuera sino dentro de nosotros mismos, encuentra al ser con su propia finitud y su existencia efímera y lo pulveriza. También ocurrió con los científicos que, ante lo desconocido, no coincidían con las medidas, pero se allanaron a las decisiones de sus Estados.

 

No podemos poner “la argentinidad al palo” sosteniendo que las decisiones de Brasil, EEUU, Suecia, Nueva Zelanda, España o Uruguay, no basaron sus decisiones en premisas científicas, ni que éstas estaban exentas de intereses políticos y económicos. En el mediano plazo, los resultados de la propia estadística de mortalidad por habitantes emparejan el éxito o fracaso de esas medidas.

 

Aunque la angustia colectiva no pueda ser medida matemáticamente ni establecer “causalidades” en el mediano plazo.

 

Vivir es riesgo de muerte

 

“Mens sana in corpore sano”, tiene casi 2.000 años de antigüedad y también es parte de la ciencia. Adquiere fuerza de guía cuando las mentes, los cuerpos y el espíritu de la población está sufriendo el impacto devastador del confinamiento y el stress al “peligro invisible”. Pasado el terror, como variante improductiva del miedo, tomar la pandemia como sindemia, llama a recuperar la racionalidad de la ciencia, pero también su espíritu que es la fuerza inmunológica por excelencia.

 

“En la medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvaje, o a raíz del cambio climático y la deforestación, mayor será la posibilidad de que enfermedades, ya existentes, en el mundo animal pase a los humanos”, afirma, Richard Horton, finalmente. Si así lo entendemos, la educación, la cultura y las artes también serán tomadas como “actividades esenciales” para asegurar un futuro cercano en que el miedo a la muerte no sustente el terror a vivir.



 




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