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Memorias de Santa Fe 01 -12-2020
La historia de Fortín "El Tala": escenario de una batalla clave en la organización de la provincia



En estos lares acontecieron episodios históricos de gran trascendencia, hechos que formaron parte de las luchas por la organización institucional de la provincia de Santa Fe, durante la época de la Confederación Argentina. Uno de ellos fue lo sucedido en el Fortín El Tala, un fuerte o cuartel que formó parte de la antigua línea de defensa del territorio argentino. Allí tenían asiento permanente las tropas encargadas de vigilar los ataques de malones compuestos por nativos chanáes, timbúes, abipones montaraces que merodeaban la zona.

 

De acuerdo a los registros históricos y a la información brindada por don Cándido Guglielmone, antiguo vecino y posterior propietario del terreno donde funcionaba el fortín (sus descendientes aún son los responsables de estas tierras), El Tala se encontraba en el margen sur de la Autovía Nº 19 entre el kilómetro 13 y 14 de dicha vía, en territorio del distrito de Colonia San Agustín.

 

 

Así lo explicó en diálogo con El Litoral Aurora Beltramino, integrantes del Museo Regional de San Agustín e historiadora de la localidad. Según lo explicaron, este lugar se encontraba en el distrito Santo Tomé, pero los límites del departamento sufrieron modificaciones por una ley de 1883. Por eso mismo, a las cuatro jurisdicciones históricas –La Capital, San José del Rincón, San Jerónimo y Rosario- se sumaron cinco más: San Javier, Las Colonias, Iriondo, San Lorenzo y General López. Estos cambios determinaron entonces que el fuerte quede en lo que es el territorio de Las Colonias. En cuanto al origen del fortín, si bien no está del todo confirmado, los estudios e investigaciones de Beltramino (junto a su hermana) llevan a deducir que el mismo se remonta aproximadamente al año 1796.

 

La importancia que reviste este antiguo espacio guarda relación con el enfrentamiento armado que tuvo lugar en dicho sitio en 1838, conocido como Combate de El Tala, en el que las tropas que respondían al efímero gobernador Domingo Cullen confrontaron con las de quien luego sería su predecesor, Juan Pablo López, hermano del brigadier Estanislao López. La batalla hoy se recuerda con un cartel instalado en el lugar donde habría estado el referido fortín, el cual se colocó cuando se construyó la autovía.

 

 

Luchas intestinas a muerte

 

El choque de El Tala se produjo 16 días después de la muerte del brigadier López (15 de junio de 1838) y como consecuencia de la rivalidad existente entre quienes querían sucederlo en el cargo de gobernador. “Ante su ausencia, la Honorable Junta de Representantes de la Provincia de Santa Fe (la Legislatura) nombró en su lugar a Domingo Cullen (cuñado del brigadier) por afecto y por tenerlo en alto valimiento; su aceptación en el cargo generó el enojo de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, por haber actuado por sobre la autoridad máxima en la materia”, explicó Aurora, sin dejar de remarcar los “excesivos celos que tenía Rosas de su propia jerarquía y autoridad”.

 

“Este encono de Rosas fue acrecentado por el general Juan Pablo López, quien se consideraba con derecho a la gobernación por ser el hermano del brigadier; justamente este hermano fue el instrumento del que se valió Rosas para derrocar a Cullen”, remarcó nuestra interlocutora. “En Santa Fe, al enterarse que López -equipado militarmente por Rosas- avanzaba por el Rosario, se organizaron para defender al gobierno de Cullen”, añadió. “El combate ocurrió el 2 de octubre de 1838 en las inmediaciones de El Tala, entre las fuerzas militares que respondían a Cullen, al mando de los comandantes Pedro Rodríguez del Fresno, José Manuel Echagüe y Santiago Oroño –quienes entre sus tropas contaban con soldados pertenecientes a las familias más tradicionales de Santa Fe-, y los hombres comandados por el general Juan Pablo López, quien finalmente se impuso”, describió Aurora.

 

“Echagüe murió en el campo de batalla, mientras que Rodríguez del Fresno y Oroño consiguieron escapar; el depuesto Cullen pidió asilo a su amigo y compadre, el gobernador de Santiago del Estero, Juan Felipe Ibarra, mientras que López fue nombrado como gobernador por la Legislatura”, señaló la historiadora. Al tiempo, el asilo que se le daba a Cullen quedó en la nada, tras una campaña de intriga desatada por el propio Rosas. “Ibarra, entonces, entregó a Cullen, quien fue fusilado de inmediato apenas cruzó Arroyo del Medio”, agregó Aurora. “Según expresaba el historiador Federico Guillermo Cervera, este enfrentamiento militar dejó gran resentimiento en Santa Fe, puesto que murieron muchos jóvenes de la familias tradicionales, según cuenta la tradición oral”, redondeó Beltramino.

 

 

Punto estratégico en la lucha contra el indio

 

“El Tala fue un fortín que permanecía oculto entre las isletas de talas, la cañada San José y los pajonales que había en este territorio, área a la que era difícil de acceder pese a que el Camino Real a Córdoba –que partía de la actual calle San Martín de Santo Tomé (dato aportado por el historiador Ernesto Grenón) y pasaba por la laguna Del Tala-, estaba muy cercano”, manifestó Aurora Beltramino a Voces del Salado. “Según nuestros estudios y la revisión de distintos historiadores, es de suponer que en las inmediaciones de la nombrada laguna, habría sido dificultoso penetrar para llegar al fortín, justamente por todos estos obstáculos naturales; aquel viejo camino era el más transitado y posiblemente por una cuestión estratégica, el fortín debía estar un tanto alejado de esa importante vía de comunicación”, explicó el presidente comunal Emiliano Mónaca a El Litoral.

 

En este sentido Mónaca agregó que los fortines en general, se encontraban a lo largo de las fronteras, separados entre sí aproximadamente por unas cinco leguas; allí tenían asiento permanente las tropas encargadas de vigilar a la indiada e impedir sus ataques. Usualmente se componían de ranchos, viviendas de oficiales y soldados, un mangrullo o mirador -torre bastante alta, con una plataforma con techo de paja o ramas para protección del sol- y de un cerco o tapial de adobe, piedra o palo de pique. La defensa se completaba con cañones.

 

“El trabajo que viene haciendo el Museo Regional, con Aurora a la cabeza ha sido muy importante en estos últimos años. Ella junto a sus hermanas y demás colaboradores han realizado una réplica del mangrullo que hoy está ubicado en la plaza central de San Agustín. Pero la idea es traerlo a una parcela en este lugar para que se pueda este mostrar y que la gente conozca como funcionaba en su lugar original hace 150 años”.

 

El Jefe Comunal sostuvo que en los próximos meses se trasladará el mangrullo a donde funcionaba el Fortín El Tala. “Nuestro objetivo es recuperar todos los espacios históricos del distrito San Agustín con su correspondiente señalética y elementos de es época que son de suma importancia e interés no solo para la comunidad de San Agustín sino de una amplia región, para que ellos también puedan apreciar la recuperación de estos elementos históricos”, apuntó Mónaca.

 

Características propias

 

“Según nos contó Cándido Guglielmone (1882-1979), un hombre de reconocido prestigio y seriedad, el fortín se encontraba en su propiedad, la que había sido comprada por su abuelo, don José Guglielmone, al capitán Máximo Sejas, quien comandó ese fuerte hasta el último tiempo”, comentó Beltramino. Después describió: “El lugar contaba con veinticinco soldados y sus familias, uno de ellos fue José Páez, asistente de Sejas (su hijo Luis Páez fue Juez de Paz de San Agustín durante 25 años y siempre hacía referencia a las funciones de su padre). Entre las actividades que ejercía El Tala, estaba la función de vigilancia; los soldados recorrían continuamente la zona, especialmente para evitar el avance de los indios hacia Santa Fe y localidades en formación”.

 

Foto: El Litoral/Archivo

 

“Según la tradición oral y los relatos transmitidos por la gente del lugar, también se dedicaban a la captura de indígenas para entregarlos a personas adineradas y dejarlos a sus servicios”, agregó Aurora. “Sobre la fecha en que dejó de funcionar, Don Cándido, antiguo vecino del fortín, nos afirmó que fue en la década posterior a 1870, luego de la fundación de la colonia de San Agustín y la instalación de los colonizadores”, indicó luego la investigadora local. “Cuando los indígenas fueron dispersados completamente, o se rindieron a los soldados, estas tierras se vieron liberadas por el ataque nativo, por lo que el gobierno dejó de subvencionar a los integrantes de este fortín y las instalaciones quedaron abandonadas”.

 

Máximo Sejas, su último comandante

 

Máximo Sejas fue el último comandante que desempeñó funciones en el Fortín El Tala. Nació el 20 de julio de 1829. Según la tradicional oral, Sejas vivió junto a su esposa, Gregoria Gaete, en una antigua casa que aún se conserva con ciertas modificaciones en la planta urbana de San Agustín, puntualmente en la esquina de las calles Progreso y Belgrano. Máximo atendía el fortín y regresaba a su hogar diariamente. En esa vivienda residió hasta la segunda generación de su familia. “Se cuenta que Máximo tenía un hermoso caballo, al que ensillaba con un lujoso apero, cuyos arreos estaban casi cubiertos de plata; sin lugar a dudas ese animal era un orgullo para él”, comentó Aurora Beltramino.

 

“Sejas se retiró del fortín cuando llegaron los colonizadores; una prueba de ello, es que el 22 de diciembre de 1870 ocupó el cargo de comisario en Santo Tomé, el que mantuvo hasta 1876; de igual forma existen numerosos datos que certifican que Máximo Sejas estuvo radicado en nuestro medio cumpliendo la función de comandante en dicho fuerte”, aclaró Beltramino.

 

Algunos objetos que pertenecían al Fortín El Tala, están resguardados en el Museo Regional de San Agustín. Así, en el referido espacio se pueden apreciar una punta de lanza correspondiente a los llamados Soldados del Brigadier, restos de lozas, vidrios y trozos de hierro.

 



 




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