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Tribuna de opinión 31 -12-2020
El año se va, pero la pandemia no



 

El año 2020 se va, pero el que no se va es el coronavirus. Los cálculos más optimistas auguran que por lo menos tenemos un año por delante. La vacuna es una buena noticia, pero a las buenas noticias hay que transformarlas en realidades. Y ese pasaje es algo un poco más complicado y en ese sentido las recientes novedades con la vacuna rusa y la vacuna de Pfizer así parecen confirmarlo. Sobre todo para un país como la Argentina cuya capacidad de gestión deja mucho que desear. Y con gobernantes cuya palabra está, en el más suave de los casos, devaluada. En este contexto ser optimista es lo más parecido a la tontería. Nos guste o no, se anuncia un 2021 complicado. Los alientos verbales al estilo: "La pandemia es una oportunidad", no sirven ni siquiera para consuelo. ¿Oportunidad de qué? ¿De morir? ¿De pagar por nuestros pecados? ¿De lavar las culpas, de redimirnos? Por favor. Argumentos al estilo: "Después de esta crisis vamos a salir mejores", parecen una burla con cierto toque de sadismo o religiosidad mal elaborada. Imputaciones responsabilizando al neoliberalismo por lo sucedido, además de ridículas son tontas y políticamente equivocadas, porque si no me informaron mal la pandemia llegó de China y, hasta tanto alguien me demuestre lo contrario, China es comunista, certeza histórica que de todos modos no me habilita a decir que el comunismo sea el responsable de esto.
 

II

En los momentos difíciles se reclama realismo y lucidez. Realismo, para afrontar los rigores de lo real sin trampas ni fugas al mundo de las ilusiones; lucidez, para pensar estrategias que nos permitan salir cuanto antes de esta desgracia. ¿Desgracia? Sí, claro, desgracia. La pandemia es una desgracia y en algún punto una tragedia. Información necesaria para quienes en nombre de un optimismo alienado suponen que la pandemia es "una oportunidad". Pero sobre todo, información necesaria para despojarse de ilusiones y fantasías al estilo: "Vamos a salir mejor, vamos a salir redimidos" y otros embustes y tonterías por el estilo. Apenas iniciada la pandemia escribí –no fui el único gracias a Dios- que lo que más deseaba no era "la salvación" sino retornar al estilo de vida previo a la irrupción del coronavirus. Sé que resulta imposible "volver atrás", pero lo que intentaba decir es que más que una vuelta al pasado a lo que debíamos aspirar es a retomar el ciclo histórico que con sus aciertos y errores, con sus injusticias y logros, nos permitía reconocernos. Ni redención ni revolución, en todo caso reformas, reformas inteligentes fundadas en el saber y la sensibilidad. Reformas políticas, reformas estatales, reformas sanitarias, reformas culturales que sepan conjugar los desafíos del futuro con la preservación de tradiciones que merecen preservarse.

 

III

 

Y ya que mencioné las virtudes del realismo, digamos que esta pandemia es un aviso, un aviso de que pueden llegar tiempos peores si no hacemos lo que corresponde, es decir si no cuidamos el medio ambiente, si no fortalecemos los lazos afectivos que unen a la humanidad más allá de sus diferencias. La naturaleza, Dios o como lo quieran llamar, nos ha dado una advertencia. Como se dice en estos casos: "Estamos avisados" o "El que avisa no es traidor". La advertencia ha sido dura, pero los que tenemos memoria histórica sabemos que la humanidad a lo largo de los siglos ha padecido situaciones muchísimo más graves que esta pandemia. El coronavirus es en verdad una desgracia, pero muy inferior a la gripe española de hace un siglo con sus más de cincuenta millones de muertos; o a la peste bubónica o, para no irnos tan lejos, el Sida, que durante años se jactó de no perdonar a sus víctimas, las que, según las últimas estadísticas, suman alrededor de 35.000.000. Las pestes que nos asolaron solían cobrar sus víctimas preferidas entre los niños. De esa tragedia hasta ahora estamos liberados. No es un consuelo, pero tampoco es un dato menor. El coronavirus no es inofensivo, un pequeño incidente en la historia humana, por el contrario, es, como ya dije, una desgracia que cobra vidas y cobra recursos económicos en un mundo globalizado, pero convengamos que desde una perspectiva histórica nos ha tocado bailar en situaciones peores.

 

IV

 

El geógrafo Jared Diamond, autor de ese excelente libro que se llama "Armas, gérmenes y acero", declaró en una reciente entrevista que la situación es por supuesto complicada pero que el coronavirus no pone en peligro la existencia de la humanidad. "El peligro para la humanidad será real si seguimos creando armas de destrucción masiva o si continuamos agrediendo el medio ambiente", dice. En un tono parecido se expresa el historiador Yuval Noah Harari. ¿Esto quiere decir entonces que vivimos en el país de Jauja? Ni por las tapas se me ocurriría decir semejante disparate. O alentar teorías conspirativas alrededor de diabólicos intereses mundiales que han inventado "la peste" para enriquecerse. Por el contrario, el problema que afrontamos es serio como lo demuestra el costo en vidas y en recursos económicos. Pero como no vivimos en un mundo poblado por tiernos angelitos, me importa advertir contra quienes por un motivo o por otro sobredimensionan los alcances del problema, no porque estén mal informados o sean neuróticos, sino porque a más de un déspota o aspirante a déspota el coronavirus les crea situaciones ideales para aterrorizar y disciplinar a las sociedades. Y sobre estos temas nosotros los argentinos algo sabemos al respecto.



 




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