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Por Dr. Norberto Liwski 14 -02-2021
Un nuevo contrato social atendiendo a la diversidad



Dr. Norberto Liwski (*) | Télam

 

Durante el año 2020, la humanidad en su conjunto fue atravesada por la pandemia del Covid-19, y en dicho contexto a un mismo tiempo se debió desarrollar una amplia y variada estrategia sanitaria que determinó cambios en el comportamiento social, individual e institucional. La proyección de esta pandemia es parte de la realidad del año recién iniciado, con un horizonte de esperanza generado por la oportunidad de la vacunación universal y gratuita.

 

El sistema educativo se vio conmovido en todo el planeta, con diferentes políticas y en muchos casos con medidas que fueron variando según la evolución epidemiológica, no podemos desconocer las lecciones aprendidas en ese período, y en la cual es posible afirmar que los y las educadores/as de nuestro país, hermanados en las redes latinoamericanas se constituyeron mayoritariamente en un soporte esencial de la vida cotidiana de los educandos y sus familias. Su compromiso y profesionalidad no solo tuvo que vencer las barreras del virus, sino además, enfrentar y recrear, social y pedagógicamente las profundas desigualdades puestas de manifiesto. El principal reconocimiento a esta conducta es escuchar sus voces y la legitimidad de sus propuestas.

 

Bajo las condiciones de presencialidad con el cumplimiento de los protocolos establecidos, con el componente pedagógico virtual, reduciendo al máximo las desigualdades o con la combinación de ambas, la educación en sus distintos niveles tiene la necesidad de asumir innovadoras respuestas, que sin abandonar los objetivos pedagógicos y curriculares, establezca una prioridad respecto a reducir al máximo posible la posibilidad del abandono o la desvinculación escolar, particularmente, de la escuela media y en los sectores de mayor vulneración de derechos.

 

Repensar la escuela, no se limita entonces a garantizar todas las medidas sanitarias y de infraestructura que prevengan la propagación del Covid-19, y en tal sentido, el Consejo Federal de Educación y el Ministerio de Nación del área, han definido cuáles son los requerimientos para alcanzar esos objetivos. Cuando afirmamos el valor de las "lecciones aprendidas" estamos señalando el fortalecimiento del vínculo de la escuela, la familia y la comunidad, la visión integral de las políticas públicas y su relación cooperante y complementaria con las organizaciones sociales, y esto implica una amplia red de apoyo y contención hacia quienes bajo estas circunstancias se fueron alejando.

 

En cualquiera de los escenarios institucionales está en juego el fortalecimiento o la reconstrucción de los vínculos, los cuales sólo serán efectivos y duraderos en la medida que resulten de un nuevo contrato social donde cada alumno, alumna, independientemente del nivel y atendiendo a la diversidad en todas sus modalidades, perciba el reencuentro con la actividad educativa como un real y efectivo ejercicio de derechos, donde no solo han sido escuchados/as, sino que fueron tenidos/as en cuenta sus opiniones al momento de adoptarse decisiones institucionales.

 

(*) Médico pediatra social (UNLP), director de Programa de Actualización de Postgrado: Adolescencia y Ciudadanía Juvenil: Derechos y Contradicciones en la Facultad de Derecho (UBA) y docente de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe).



 




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