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Opinión 19 -02-2021
El mundo musulmán en crisis, ¿la solución es reformar al islam?



*Por *Marwan Sarwar Gill 

 

Recientemente, algunas encuestas publicadas por DW revelaron resultados muy preocupantes para el mundo musulmán: hay un aumento enorme de musulmanes que ya no se sienten identificados y satisfechos con las instituciones religiosas. Incluso, según dicho relevamiento, hay crecientes demandas de secularización y reformas de las instituciones religiosas políticas.

 

Los resultados de estos estudios no son sorprendentes porque hace décadas ya se podían anticipar y percibir las frustraciones y las inquietudes en el mundo musulmán. Los problemas sociales y económicos, las guerras civiles, la división del mundo musulmán tanto política como religiosamente en diferentes bloques y alianzas, son las huellas de tal crisis y decadencia. Durante siglos, especialmente durante la Edad Media, el mundo se beneficiaba intelectual, científica y filosóficamente de los rayos de luz que brillaban desde el mundo musulmán. Durante un largo periodo Bagdad fue el lugar de peregrinación para los matemáticos, científicos, historiadores, filósofos y la gente académica.

 

Lamentablemente, hoy en el siglo 21 la situación es todo lo contrario: los jóvenes en el mundo musulmán sueñan y aspiran con una mejor vida en Occidente y la gente académica muchas veces no tiene otra opción que emigrar de sus países. La historia del físico pakistaní Abdus Salam, el único científico musulmán que ganó hasta ahora un Premio Nobel de Física, es el mejor ejemplo de este escenario: celebrado y honrado en Occidente por sus logros académicos, pero totalmente despreciado en el mundo musulmán e incluso víctima de la persecución y discriminación en su propio país Pakistán.

 

Observando desde el Occidente la situación del mundo musulmán llegamos muchas veces a una conclusión muy errónea y precipitada sin investigar profundamente los problemas. Sea el terrorismo, el fundamentalismo, la persecución violenta contra minorías no musulmanas, el maltrato hacia la mujer, la imposición de ciertas costumbres y rituales islámicos, la intolerancia hacia pensamientos y posturas no islámicas u otros conflictos sociales, se considera sesgadamente haber encontrado en el Islam la raíz de dichos problemas. También se afirma que la solución es simplemente reformar y modificar al Islam conforme la civilización occidental y moderna. Hace poco, el presidente francés Emmanuel Macrón anunció un vasto proyecto para luchar contra el “separatismo islamista” y construir en Francia “un Islam de la Ilustración”. No sólo en Francia sino que también en otros países del Occidente, algunos han desarrollado la visión que el Islam no sea incompatible con la libertad, la democracia y sus valores. Por ende, hay personas en los países occidentales que creen que el Islam puede ser una amenaza para la paz y la unidad de sus sociedades.

 

No obstante, la base de tal postura procede de atribuir ciegamente tanto los delitos y fallas de un individuo musulmán como los conflictos y problemas sociales de una sociedad mayormente musulmana, a la religión del Islam. Se ignora que la definición del Islam, e incluso de cualquier religión o ideología, no se debe basar en lo que afirma o hace un seguidor o una institución en nombre de tal religión, sino lo que enseña tal religión desde sus propias fuentes originales.

 

El Islam se basa en la revelación del Corán, en la vida práctica y en las palabras del profeta Muhammad, el fundador del Islam. “Islam” en árabe significa “paz” literalmente y condena todas las formas de violencia y terrorismo. El Sagrado Corán aclara que quien mata a una persona inocente es como si hubiera matado a toda la humanidad. El fundador del Islam definió a un musulmán como tal, a quien de cuyas manos y lengua otros seres humanos están a salvo. Ésta es también la razón por la cual a los musulmanes se les ordena a saludar a los demás con palabras de paz, con "Assalamu aleikum".

 

En el Islam no hay ningún castigo por apostasía o blasfemia, no hay un solo versículo del Corán ni un solo incidente en toda la vida del profeta Muhammad donde él hubiera mostrado alguna reacción violenta o haber castigado a alguien debido a sus actos blasfemos o apóstatas. Ya en el siglo 7, el Islam ordenó la separación entre el estado y la religión, declarando la fe como un asunto personal entre el individuo y Dios. El Corán firmemente establece la libertad de religión y enseña a respetar a todos los lugares de culto, sin ninguna distinción.

 

Si bien el velo islámico es un mandamiento religioso para la musulmana, el Islam prohíbe categóricamente la coacción en asuntos de religión. Las musulmanas no necesitan movimientos feministas o reformistas para tener una voz porque ya hace 14 siglos el Islam anunció la igualdad entre el hombre y la mujer. La musulmana no necesita salir a las calles y luchar por sus derechos porque el Islam ya le otorga el derecho de elegir libremente su marido, de divorciarse, de manejar sus propiedades, de heredar, de obtener educación, de ser una parte activa y productiva en la sociedad. Aisha, la esposa del profeta, fue honrada y aceptada como la gran maestra de los musulmanes e incluso en una batalla dirigió a un ejército entero de musulmanes. El profeta Muhammad elevó el estado de la mujer incluso hasta tal punto y dijo:

 

“El mejor entre los musulmanes es aquel quien sostiene la mejor conducta hacia su esposa.”

 

En conclusión, el Islam no necesita “la Ilustración” o cambios reformistas para adaptarse al siglo 21, pero las personas y las instituciones religiosas del mundo musulmán necesitan volver a la raíz del Islam y dejar de apropiarse del Islam para satisfacer sus intereses personales. No se necesita luchar contra “el Islam”, sino contra las personas que quieren tapar su propia ideología y sus pensamientos con el nombre del Islam. Si hay musulmanes que usurpan los derechos de los no musulmanes y amenazan los valores occidentales, es sólo porque rechazan las enseñanzas del Islam, o las ignoran por completo. Estas personas no son sólo una amenaza para Occidente, sino también para el propio mundo musulmán.

 

La crisis y la decadencia del mundo musulmán por ignorar y manipular las enseñanzas del Islam ya fue señalado en el Corán y profetizado por el fundador del Islam. Por lo tanto, se profetizó la llegada de un gran reformador para el mundo musulmán en los últimos días, conocido como el Mahdi y el Mesías. Mientras que la mayoría de los musulmanes lo siguen esperando, hay un grupo de musulmanes, la comunidad musulmana Ahmadía, que considera a su fundador (Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad) tal reformador prometido. Con su lema “Amor para todos, odio para nadie” y bajo el liderazgo espiritual de un jalifato, la comunidad Ahmadía sigue reformando a los musulmanes en todo el mundo con las enseñanzas verdaderamente pacíficas del Islam.

 

*Marwan Sarwar Gill es Imam y presidente de la comunidad musulmana Ahmadía en Argentina. También, forma parte de la Mesa de Diálogo Interreligioso y de Cultura de Paz de Santa Fe en representación del Islam.



 




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