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Después de la consagración 06 -06-2021
La noche en que todo tuvo sentido

Cada momento del pasado encaja como una pequeña pieza de un rompecabezas que por fin se completó. Es tiempo de celebrar... y empezar a armar otro rompecabezas.



Javier Diaz

 

 

De repente todo tuvo sentido. Las frustraciones de un tiempo no tan lejano, los golpes casi con saña que se repitieron una y otra vez.

 

Llegó una noche y vaya si la estaban esperando, la explicación a tantos días de desconsuelo; la trajo el viento zonda un 4 de junio que quedará guardado para siempre en la historia. Cayó, como un manto redentor en la noche sanjuanina, el por qué a tantos sinsabores de un pasado que no se olvidará pero sin dudas ahora dolerá menos.

 

Estas lágrimas no tienen el mismo sabor agrio de aquellas que en las mejillas sabaleras se mezclaban con la lluvia torrencial de Asunción hace dos años. Ni son gotas frías como la tarde del Chateau en 1993. Tampoco llevan en su interior ese dolor profundo, gigante, como las derramadas en Arroyito. No, estas lágrimas no son iguales, son otra cosa.

 

Quién sabe por qué la felicidad más plena y la tristeza más honda se manifiestan de la misma manera. Tal vez exista una explicación certera, o quizás solo sea que los rostros colonistas nacieron destinados a bañarse en llantos cada tanto. De cualquier manera, esta vez tocó un río de lágrimas distinto al de aquellas ocasiones en Paraguay, Córdoba o Rosario, que llegó para darle una razón de ser a todas esas y cuantas más.

 

Son el alivio de ese hombre que pensó que se iría de este mundo con una cuenta pendiente, de esa mujer que más de una vez miró el desconsuelo de sus hijos y se preguntó por dentro "¿cómo no los hice del Barcelona?", y de ese pibe o esa piba que tantas veces pensó "¿por qué otros sí y nosotros no?".

 

Esa es la sensación que queda después de estas lágrimas que tantas veces el pueblo rojinegro soñó llorar. Alivio por soltar un peso cada vez más difícil de sobrellevar. O al menos es una de las sensaciones, seguramente hay muchas más contenidas en tanta emoción y algarabía.

 

Finalmente tuvieron sentido los miles de kilómetros desandados por una ilusión postergada, las millones de veces que se juró "nunca más" y, sobre todo, las mismas veces que ese juramento no se cumplió. Sufrir para después gozar, perder para después ganar, frases sin demasiado fundamento lógico que hoy hasta parecen creíbles y resuenan como el eco de las bocinas que irrumpieron en la ciudad durante todo el sábado. Tal vez era verdad, tenía que ser así.

 

Por fin llegó la redención, en una lejana y solitaria San Juan. Fue con función futbolera y todos los chiches dentro del rectángulo de juego. Ironía del destino que no haya estado precedida por otro éxodo de esos que son marca registrada sabalera. Habrá sido ese el precio a pagar por un pueblo que ama movilizarse en masa.

 

Esta vez los obstáculos -que los hubo nadie podrá negar- no fueron imposibles de sortear. Será porque aquello que no mata fortalece -como expresa una frase de autor desconocido- o porque el trabajo tarde o temprano tiene recompensa, como le dice cualquier padre o madre a sus hijos en una charla cotidiana. O será por ambas cosas. Al fin y al cabo tantos golpes no pueden haber sido en vano y, pensándolo fríamente, resulta justo que tuviera su premio el esfuerzo de un grupo que de principio a fin demostró estar convencido de lo que buscaba, encabezado por un hombre que es la seriedad hecha carne (y barba).

 

Ahora sí, todo está en orden. De pronto, cada momento del pasado se acomodó para encajar como una pequeña pieza de un rompecabezas que por fin se completó. En él están aquellos que dolieron como puñaladas y también los que se disfrutaron, porque a decir verdad de esos también hubo de a montones en 116 años de vida; basta recordar la victoria ante el Santos, el campeonato del 65, o mucho más cercanas, la fiesta interminable del 95 y las noches mágicas en el Morumbí y el Mineirao. Tantos quedan afuera porque sería imposible enumerarlos uno a uno. Es tiempo de celebrar... y comenzar a armar otro rompecabezas.

 



 




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