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Caro Tapia 01 -07-2021
Una vida poblada de pájaros

La música bonaerense publicó su tercer álbum, "Serpiente emplumada", editado por Los Años Luz. En la obra se complementan e interpelan las distintas caras de una artista multifacética, vibrante y autogestiva.



 

"Serpiente emplumada" (Los Años Luz, 2021) es el nombre del tercer álbum de Caro Tapia. Cantante, compositora, poeta, investigadora y docente son algunas de sus facetas. La canción que titula la placa discográfica fue incluida en el volumen 57A de la plataforma federal "Música sin fines de lucro", curada por Lisandro Aristimuño. En diálogo con El Litoral, la artista nacida en Castelar se internó en el corazón de su obra y recorrió su plumaje sonoro-literario, atravesado por la experiencia vivencial de ser madre.

 

 

Exploración

 

-¿Cuáles fueron los criterios que guiaron la travesía artística de "Serpiente emplumada"?

 

-"Serpiente emplumada" ha sido gestada durante varios años: mis lecturas sobre la serpiente, las exploraciones corporales y lúdicas, emocionales y vocales, el emerger de letras, melodías, armonías, o todo junto. Cada canción ha tenido sus propios tiempos, su propia historia, sus dinámicas internas. En eso no hay acuerdo entre ellas. O, tal vez, la única identidad radique en la diferencia: que cada cual apareció como quiso y se dejó develar a su tiempo. La exploración es el criterio más importante para mí, porque la música no ocupa en mi vida un rol intelectual.

Una vez que empecé a tener claridad sobre el disco que estaba gestándose, tomé los temas que sabía que quería sí o sí poner allí y fui a lo de mi profesor de guitarra (Alejandro Antonio) y le propuse que arregláramos armónicamente los temas. Me metí en una de esas travesías de ida, porque Ale es un arreglador exquisito y complejo. Aprendí mucho trabajando con él, viendo sus criterios para armar y desarmar una canción. Luego de cocinado el arreglo inicial, lo llevaba al trío (con Juan Cravenna en violín y Javier Menichini en guitarra) y buscábamos el paisaje sonoro tocando, parando, sugiriendo, apreciando, repitiendo, grabando, y así...haciendo verdadero uso de lo que significa el término "ensayar". Recuerdo el día que trabajamos en el interludio de la canción "Serpiente..." y fue tomando la forma de tensión que finalmente quedó, fue extático. Esos ensayos graban la canción a fuego en la piel durante días y quedan en el corazón siempre.

 

-A lo largo del álbum, se experimenta el tránsito a una multiplicidad de dinámicas sonoras (incluidos, los silencios), intensidades (del pianissimo al fortissimo) y expresividades.

 

-En relación a los matices y las dinámicas de las canciones, siempre fue algo que me gustó mucho explorar desde lo vocal. En "Serpiente..." siento que llegó una especie de madurez para ese empleo y que,a su vez, mucho tiene que ver con estar tocando con dos músicos que -además de instrumentistas y creadores del altísimo nivel- aprecian y trabajan muchísimo los matices y los juegos con las intensidades. Luego, los silencios. No todos los silencios son iguales, pero si me pongo a pensar en algunos específicos del disco ahora, siento que son esas breves pausas que interpelan la escucha, invitan a lxs oyentes a un rol más activo: dejan reverberar una emoción, habilitan un respiro o anuncian un momento.

 

Anfibia 2.0

 

-Las historias-canciones reconocen una pluralidad de aves y se dejan acompañar por el viento. ¿A qué asociás tu conexión con los pájaros?

 

-Este disco es un pájaro, en muchos sentidos, reconcilia distintos momentos de mi vida. Siguiendo con las postales, la primera es de mi mamá en el fondo de casa: "¿escuchás el jilguero?"... "uy, mirá el bichofeo que se paró en el cable de allá?"... "¿sabías que el 'Blackbird' de los Beatles es el mirlo?" Incluso, hoy mi mamá repara con una curiosidad amorosa sobre cada pájaro. Yo no logro reconocer la cantidad de los que reconoce ella, que con sólo escuchar ya puede decir quiénes son. Dice que lo trae de mi abuelo, no lo dudo; pero esa atención y memoria selectiva no son hereditarias (y lo digo yo, que soy su hija). Pensando en esa postal es que escribí el estribillo de "Huella invisible".

También es pájaro la imagen de mis arranques viajeros, los cambios de mi realidad laboral, mi constante necesidad de migrar y ampliar el abanico de mi búsqueda, gestar nuevos proyectos. Soy un poco inquieta... Y "Huella..." también habla sobre esto, ya que el impulso que le dio vida a las estrofas tuvo que ver con poder confiar en mí y lanzarme a una vida laboral autogestiva y a una vida artística que anhelaba pero no sabía si era capaz de sostener.

Tengo unos cuantos recuerdos del tiempo en que mi casa fue un espacio cultural abierto. La casa tenía alas, la llamamos Casa Gorjeos. Ahora los motivos que la hacen alada tienen que ver con otro tipo de creación alada, que es el pequeño Mirlo, mi hijo. Así que es una vida poblada de imágenes-pájaro y creaciones-pájaro, más de lo que podría asumir conscientemente.

 

-¿Cómo describirías ese ecosistema que convive en el disco?

 

-La idea siempre fue que el disco pudiera hacer dialogar el desarrollo arreglístico folklórico latinoamericano con la crudeza de los elementos que evocábamos: pájaros, viento, aire, fuego, agua... y esa "crudeza" la trajimos con estos sonidos y también ruidos que generaron (o, al menos, eso intentamos) un paisaje sonoro más rico y más complejo. Porque esta "Serpiente emplumada" es una anfibia 2.0, una anfibia de monte y ciudad.

 

Imborrable

 

-Volvamos a la voz... ¿Qué registros guarda tu conciencia corporal de haber grabado las voces del disco durante el embarazo?

 

-En primer lugar, la sorpresa. En mi mundo ideal, yo grababa esas voces en marzo (de 2020). No llegamos a plasmar ni los pianos ni las flautas ni las voces con el inicio de la pandemia, y de alguna manera esa energía creativa y manifestadora se volcó en la gestación. En noviembre, cuando pudimos organizarnos para grabar las voces, ya estaba con ocho meses de embarazo. Nunca me había imaginado grabando embarazada, y mucho menos, de ocho meses. Y fue una experiencia maravillosa: Mirlo se movía mientras grababa; también hay registros de cómo se movió cuando escuchó el master terminado en cada canción.

Por supuesto, mi cuerpo se había modificado, los espacios habían cambiado. Pero, gracias a haber estado todo el año entrenando vocalmente, siento que la sonoridad de la voz lejos de "perder" algo (que es lo primero que pensaba linealmente: más panza, menos disponibilidad de aire), gané en conciencia de mi cuerpo, gané en sonido y, sin dudas, con la gestación se abre un portal hormonal, emocional y espiritual que, si se dan las condiciones para hacerlo -como fue en mi caso-, son puro aporte en favor de la interpretación y la conexión con el repertorio. Así que, si tuviera que volver a elegir, grabaría de nuevo tal como surgió hacerlo. Fue movilizante y transformador, y quedó como la foto armónica y acústica de un momento imborrable en mi vida.

 

Menos es más

 

-¿Qué diferencias registrás con tus producciones previas: "Máscaras de Carnaval" (2013) y "Cuatro estaciones" (2016)?

 

-Es muy loco lo que sucede con los materiales anteriores... o, al menos, lo que me sucede a mí. Una vez terminados, dejé de sentir automáticamente identificación con ellos. Tal vez porque -sin pandemia de por medio- han sido procesos largos de grabación, que una vez terminados ya habían agotado su sentido. Una de las diferencias más fuertes es que los dos primeros han nacido sin tanta búsqueda previa en términos musicales: los arreglos y las decisiones de producción fueron a partir de los discos, y no previas, como sí fue el caso de "Serpiente emplumada". En ese aspecto, siento que muchos procesos de ejecución, estudio y escucha han decantado en este último disco. Y un poco esta realidad ha permitido que haya una sola propuesta (la del trío) enriquecida con algunas otras pinceladas oportunas.

En los otros discos se trató más de un trabajo progresivo de "collage". Ninguna es mejor, en el fondo, pero son dos apuestas diferentes, dos niveles distintos de compromiso e intervención en lo musical. Finalmente, la exigencia que tuve conmigo misma respecto de la guitarra ha sido diferente a los otros dos discos; en este disco quise hacer un aporte guitarrístico más sólido, más significativo, quise superar esa sensación de ir al estudio "con la guitarrita", para estudiar en función de sentir seguridad y certeza sobre lo que estaba ejecutando en ese momento. Y esto -teniendo en cuenta que no soy "guitarrista"- nos permitió grabar al mismo tiempo la parte instrumental del trío, tipo cámara.

 

-¿Y continuidades?

 

-En los tres discos hay conceptos que nuclean el sentido de la obra. Esos conceptos, más generales que las canciones en algún sentido, despliegan, han venido acompañados de poesías y de algún arte de tapa y arte de libro que ha sido buscado, dialogado y desarrollado con otrxs artistas visuales amigxs que han dejado su huella.

En todos ellos hay una búsqueda vocal también, cuyo germen se puede encontrar en el primer disco y que ahora sigue profundizándose. Me intriga saber cómo seguirá en los próximos materiales. Y en todos hay invitados, aunque en este último por primera vez, no invité a otras amigas cantantes y decidí trabajar las voces sola o con los coros que Juan ya venía haciendo en vivo. En este disco intenté aplicar esa fórmula que dice: "menos es más" y explorar sus límites... ¿cuánto es necesario? ¿hasta dónde?



 




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