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Cultura 06 -07-2021
"El incentivo fue siempre el reconocimiento del artista"

Tras 43 años de trabajo en el Teatro Municipal de Santa Fe, los últimos 20 como director, Miguel Novello se jubiló. En una entrevista recordó sus inicios como técnico, cuando observó el devenir de los grupos teatrales de la ciudad y repasó las principales aristas de su gestión, basadas en  abrir todo lo posible el coliseo hacia la comunidad. En este momento de despedida, recordó y ratificó las palabras que expresó a El Litoral cuando asumió la dirección: “el Teatro es mi casa”. 



 

“Ha sido un placer para mí haber sido el Director General durante tantos años de mi querido Teatro Municipal, durante los cuales hemos aprendido a conocernos mejor, a trabajar juntos en numerosos proyectos, hemos atravesado momentos a veces difíciles, en los que hemos ‘fabricado’ numerosos recuerdos que son comunes para todos los que nos dedicamos al servicio de la cultura”. Con estas palabras, que publicó en sus redes sociales, Miguel Novello anunció su jubilación y se despidió del espacio al cual consagró la mayor parte de su vida. Es que este santafesino, fuertemente ligado a las actividades culturales, ingresó como técnico al coliseo ubicado en San Martín 2020 en el año 1978, cuando tenía 22 años y lo deja recién ahora, pasadas más de cuatro décadas.  

 

“Empecé muy de abajo, pero desde el principio me entusiasmé tanto que nunca más pude salir”, cuenta en una entrevista concedida a este medio. Aunque llegó en los ‘70, cómo empleado efectivo recién quedó en 1983. De ahí en más construyó una carrera. “Me fui metiendo en la parte técnica y fui aprendiendo. En 1987 pasé a la parte administrativa como encargado de programación con Silvana Montemurri. Después pasé al cargo que tenía Silvana, que era coordinadora de programación y en 2002 me convocaron para asumir, como subrogante, en la dirección del teatro después de la renuncia de Carlos Falco. A partir de ese momento, lo acepté y entre 2002 hasta ahora, en casi 20 años pasé por la dirección y la dirección general”, sintetiza. 

 

 

Miguel no perdió nunca su vocación: incluso durante su etapa como personal administrativo, siguió trabajando como iluminador de los grupos de teatro independiente de Santa Fe. “Trabajé con todos”, recuerda. “El personal del teatro, sobre todo la gente que nos enseñó a nosotros, siempre trabajó con amor, porque los sueldos siempre fueron magros. El incentivo fue siempre el reconocimiento del artista”, destaca. 

 

Impronta

 

-De alguna manera, fuiste un testigo privilegiado de los últimos 40 años del teatro santafesino. 

 

-Si, la verdad que sí. Siempre con la impronta de darle la posibilidad, dentro de las condiciones que tenía y con el apoyo de las autoridades, a los grupos de Santa Fe. Cuando me hice cargo de la dirección pensé en hacer un teatro abierto, que la gente no tuviera miedo de ir a solicitar la sala. Así se pudieron abrir muchas alternativas que antes eran tabúes. Inclusive, terminamos con la cumbia, un género popular que nunca había entrado al Teatro. 

 

Foto: Archivo El Litoral

 

Vaivenes

 

 

-Te tocó iniciar tu gestión como director en un momento complejo del país, en 2002. 

 

-Siempre trabajamos con mucha austeridad. Viví muchas épocas, tanto desde la parte técnica como obrero como después siendo directivo. Antes, el Teatro compraba funciones de muchos espectáculos, pagaba cachets. A partir de la crisis de los ‘90, los espectáculos empezaron a trabajar a la bordereaux, a porcentaje. Pero siempre jerarquizamos la posibilidad de traer las mejores propuestas que circulaban por el país. Hubo tiempos en que el Teatro era uno de los únicos espacios para eso. Después se empezaron a utilizar los estadios o los estadios cubiertos para convocar mayor cantidad de público y así obtener más recaudación. Pero hubo momentos en que al Municipal, que tiene capacidad para 800 personas, venían compañías con 50 integrantes. Eso se fue terminando por la situación económica.

 

Foto: Archivo El Litoral

 

Cambio de cara

 

 

-Otro momento significativo que te encontró al frente del teatro fue la remodelación que se concretó en 2005. 

 

-Si, la remodelación por los 100 años del Teatro. Siempre tuve buena relación con las autoridades y veníamos insistiendo desde un año antes en la llegada de esa fecha. Hasta que el intendente y el gobernador tomaron la posta y decidieron disponer de un dinero para poner en valor el edificio. Integré la comisión que participaba de las decisiones y se logró volver a un estado que el Teatro había perdido en la década del ‘60. Lo fundamental fue recuperar los colores originales dentro de la sala, el tapizado y el piso de madera. 

 

Compromiso

 

-Cuando asumiste en junio de 2002 decías: “El teatro es mi casa”. ¿Qué sentimientos aparecen en este momento en que le pasás la posta a los que vienen detrás?

 

-Realmente lo sentí y lo siento así. En una despedida que hice por las redes, muy simple, dije que iba a dedicarme un poco a mi familia, que durante 43 años dejé de lado. Tengo recuerdos de no haber participado en las fiestas de cumpleaños de mis hijos porque tenía que trabajar. Eran tiempos de menos personal y había asumido compromisos, como hacer las plantas de luces en la Sala Marechal para todos los grupos independientes que pasaban por ahí. Debo tener más de mil plantas diseñadas por mí para todos los grupos de Santa Fe. Así pasé los domingos con los infantiles y las noches con los ensayos. Todo eso me atrapó tanto que me obligó a quitarle horas a la familia.

 

Foto: Archivo El Litoral

 

Apertura

 

 

-¿Cuál sentís que fue tu aporte central al Teatro Municipal?

 

-Abrirlo, dejarlo apto para cualquier grupo que quiera participar o hacer su obra en la Sala Mayor. Desde que estuve en programación y después en la dirección, tratamos de darle la oportunidad a gente de distintas disciplinas, desde el teatro hasta el baile y la música con el folclore, el tango, el rock y la explosión que tuvo la música tropical, siempre con el respeto que merece un teatro. 

 

Foto: Archivo El Litoral

 

Identidad

 

 

A lo largo de sus décadas en el Teatro Municipal, Miguel Novello conoció a testigos presenciales de la historia del coliseo, como Prieto, quien trabajó durante muchos años en el teatro como avisador y tenía recuerdos de todo tipo. O el camarín que tenía Carlos Porpato, encargado de escenario, empapelado con fotos, afiches y programas dedicados a él en lo personal y al grupo de técnicos del teatro. “Lo lindo del teatro, para mí y para mucha gente es el trasfondo, como se arma una obra, lo previo, lo posterior. Es apasionante”, indica.

 



 




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