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Por Julieta Ninno 08 -09-2021
Romina Garber: "Soy, y siempre seré, ciudadana de los libros"

"Lobizona" es un tratado sobre el lenguaje, sobre cómo nos etiquetamos unos a otros, sobre cómo usamos la palabra ilegal. Cuando le aplicamos esta etiqueta a un ser humano, estamos negando su humanidad y los peligros de los que huye. 



Por Julieta Ninno

 

Como muchos otros jóvenes en la actualidad, Romina Garber creció devorando libros cuyas historias no reflejaban su vida o su identidad. Eso sí, esto no se debió al hecho de que fuera una inmigrante argentina en Estados Unidos desde temprana edad, habitando un mercado editorial norteamericano que no dedicaba páginas a narrativas latinas. De hecho, la gran mayoría de las novelas juveniles contemporáneas circundan los reinos de relatos uniformes, con personajes blancos, heterosexuales y del hemisferio norte. Solo recientemente ha comenzado a tomar lugar un proceso de diversificación de nuestras bibliotecas, colocando bajo el reflector a voces de diferentes partes del mundo y con diversas vivencias que compartir. La literatura apunta a orquestar un espacio seguro y contenido donde la juventud pueda explorar dudas e incertidumbres, donde uno pueda sentirse entendido e identificado. A esto apunta "Lobizona", la nueva novela de fantasía juvenil inspirada en folklore argentino, uno de los best-sellers internacionales del momento.

 

Disponible en español gracias al sello Puck de Ediciones Urano, "Lobizona" es una novela que explora una sensación que Garber experimentó toda su vida: aquella de habitar dos mundos pero no pertenecer a ninguno. Estas vicisitudes de la inmigración del siglo XXI, con los fenómenos de "ilegalidad" y ser "indocumentado" constituyen una parte intrínseca de la novela. Basada en la ley de padrinazgo presidencial que garantiza el padrinazgo del Presidente argentino del séptimo hijo/a de una prole del mismo sexo, "Lobizona" mezcla fantasía nacional con la cultura Argentina de una manera nunca antes vista.

 

-En numerosas ocasiones te has referido a "Lobizona" como el libro que vos habrías necesitado cuando eras una adolescente inmigrante en Estados Unidos, habitando dos mundos a los que no sentías que pertenecías enteramente. ¿Qué ha significado el proceso de escritura de esta novela en tu sentimiento de identidad como inmigrante?

 

-Lo que me quedó claro cuando escribí "Lobizona" es que aún no he ubicado mi lugar en este planeta, y que es muy posible que una construcción de identidad en función a la geografía nunca me podrá definir. Estos descubrimientos hicieron que la escritura de la secuela, Cazadora, sea un proceso de empoderamiento. El libro está ambientado en una versión mágica de Argentina, y al rediseñar los paisajes icónicos de mi tierra natal como manadas sobrenaturales, sentí que estaba redefiniendo mi relación con mi país, en mis propios términos. Siendo ciudadana de dos naciones, me paso demasiado tiempo sintiéndome como una visitante en ambos. Es por eso que toda mi vida he recurrido a hogares fantasiosos. Soy, y siempre seré, ciudadana de los libros. 

 

-Te mudaste a Estados Unidos con tu familia como consecuencia de una dictadura de la cual intencionalmente se habla poco en Argentina. Luego, escribiste un libro que sería recibido por una audiencia a la que tal vez no le importaba la realidad inmigrante argentina. ¿Qué papel jugaron esos silencios en tu actividad de usar tu voz y contar historias?

 

-En 2008, escribí un libro titulado "Ojos amarillos", acerca de inmigrantes argentinos y basado en la ley de padrinazgo presidencial, ¿suena familiar? Pero en aquella época en los Estados Unidos, no me lo quisieron publicar porque suponían que a los adolescentes no les interesaban nuestras historias. Casi una década después, en el verano de 2017, el gobierno de los Estados Unidos decidió separar a los niños indocumentados de sus familias y enjaularlos. Mirando los noticieros, yo pensé en todo lo que mis padres me habían dicho de la Guerra Sucia, sobre personas desaparecidas y familias destruidas, y comencé a escribir lo que es ahora Lobizona. Me di cuenta entonces que cuando "Ojos amarillos" fue rechazado, yo hice mal en quedarme en silencio. Al contrario, tendría que haber alzado aún más fuerte la voz.

 

-¿Qué significó que el proceso de escritura de este libro fuera legalmente en Espanglish? Aquella mezcla de español e inglés no suele ser respetada en la vida de los inmigrantes y de las personas bilingües, pero en Lobizona todo funciona en Espanglish. ¿Pensás que esto es relevante?

 

-Para mí, el idioma de "Lobizona" es sumamente relevante. No solo dentro de la historia, sino también en su construcción. Como autora, fue la experiencia de escritura más liberadora que he tenido. Me liberé de los límites de mis dos mundos, de las reglas de mis dos idiomas, y me dejé llevar por mi lenguaje verdadero: ¡el Espanglish! Con el personaje de Manu, me pareció importante demostrar que aún con acceso a todos sus vocabularios e idiomas -inglés, español, Espanglish, Septimus- no existe una palabra que la defina. La idea es que somos todos demasiado complejos como para ser reducidos a una clasificación. También quiero destacar que hay un idioma más en esta saga. Algo especial de Manu es que, al haberse criado a escondidas, sus amigos son todos ficticios. Ella se pasa los días devorando libros, y se ve obligada a explorar la vida a través de ellos. Más allá del inglés o el español o el Espanglish, su verdadero lenguaje es el literario. 

 

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora y por qué tomaste este camino?

 

-Me enamoré de la escritura a los nueve años, cuando mi maestra nos leyó el libro Where the Sidewalk Ends (Donde el camino se corta) de Shel Silverstein. A pesar de que ya llevaba cuatro años en el país, para mí fue como escuchar el inglés por primera vez. No creo haber entendido el significado de la poesía o la prosa del autor, pero me fascinaba la música que producían ciertas frases. Esa sinfonía de cuentos me despertó emociones que no podía racionalizar. Ese mismo año, escribí mi primer poema, "Si yo fuera la luz". A mi profesora de español le gustó tanto que lo envió a un concurso local donde gané el primer lugar, y desde entonces no he dejado de escribir. De adolescente, me convertí en una lectora apasionada, pero noté que no encontraba libros con personajes que compartieran mis idiomas y costumbres y luchas. Esa falta de representación es la razón por la cual escribí "Lobizona". 

 

-La ficción no suele ahondar en relaciones humanas complejas como la amistad y la familia, sino que se queda en las típicas historias de amor adolescentes. ¿Por qué decidiste ahondar en estos vínculos en "Lobizona"?

 

-En la historia, llega un momento donde Manu se da cuenta de que: "La igualdad de género y la libertad de vivir como uno quiere son batallas que aún no puedo librar, porque antes tengo que obtener una victoria diferente: el derecho a existir." Lo que Manu más necesita en la vida es pertenecer. Ella está buscando su lugar en el mundo. Su manada. Habrá tiempo para otros tipos de búsquedas, como el amor y el éxito profesional, pero primero tiene que luchar por el derecho de simplemente vivir. Este detalle destaca la diferencia entre Manu y otras niñas de su edad. No tienen las mismas preocupaciones. Es como Manu le dice un día a Perla: "Ah, ¿y el príncipe azul que espero? ¡Es el despersonalizado permiso de residencia!" 

 

-¿Cómo ha sido tu experiencia como una escritora latina en la industria editorial internacional?

 

-Hasta ahora, me había resultado muy difícil publicar un libro acerca de mi identidad. Hace más de una década, el antepasado de "Lobizona" fue rechazado porque supuestamente los adolescentes estadounidenses no querían leer sobre inmigrantes argentinos. Cuando se vendió "Lobizona", no había hispanohablantes en mi equipo editorial estadounidense, así que tuve que pedirle a mi editora que contratara a la traductora de todos mis libros, Jeannine Emery, para revisar las escenas en español y en Espanglish. 

 

-¿Qué te gustaría que tus lectores se lleven de este libro?

 

-"Lobizona" es un tratado sobre el lenguaje, particularmente, sobre cómo nos etiquetamos unos a otros, y más específicamente, sobre cómo usamos la palabra ilegal. Cuando le aplicamos esta etiqueta a un ser humano, estamos negando su humanidad y los peligros de los que huye, peligros que nunca serán contenidos por fronteras porque nacen de ideas. Decidí entretejer el folclore argentino con esta historia contemporánea sobre la inmigración estadounidense para dar una advertencia sobre cuán delgada es la línea entre la política y el sentimiento público. Mirando los noticieros en 2017, cuando los Estados Unidos separó a familias indocumentadas en la frontera y enjauló a niños, me recordó todo lo que mis padres me habían dicho de la Guerra Sucia, sobre personas desaparecidas y familias destruidas. Basé la mitología de la saga en la ley de padrinazgo presidencial (que garantiza el padrinazgo del Presidente argentino del séptimo hijo/a de una prole del mismo sexo), porque esta legislación es un buen ejemplo de cómo el lenguaje que usamos para describir a una población puede concretarse en leyes… o incluso en jaulas.

 

El idioma de "Lobizona" es sumamente relevante. No solo dentro de la historia, sino también en su construcción. Como autora, fue la experiencia de escritura más liberadora que he tenido. Me liberé de los límites de mis dos mundos, de las reglas de mis dos idiomas.



 




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