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Por Mauro Magrán 09 -09-2021
El que busca… ¿encuentra?

Cuando uno está buscando algo y tiene, como se dice habitualmente, "el objetivo en mente", ¿está receptivo a encontrar otras cosas? Y si no lo está, ¿será que se pierde otras oportunidades?



Por Mauro Magrán

 

Hay un dicho popular muy antiguo que reza: "El que busca, encuentra". Durante mucho tiempo lo consideré cierto e incluso sigo pensándolo así. Sin embargo, hoy lo interpreto de una manera diferente a cómo lo hacía tiempo atrás.

 

Buen tiempo de nuestras vidas nos encontramos "buscando" algo. Desde la inocencia de la niñez, con juegos característicos de esa etapa como "la búsqueda del tesoro" o "la escondida" en los cuales los actos de buscar y encontrar son parte de la escena principal del pasatiempo. Pasando por la adolescencia cuando buscamos consolidar nuestro grupo de amigos y pertenecer a un determinado ámbito, o en la juventud cuando la elección de la carrera y posteriormente un camino profesional constituyen las búsquedas que más motorizan la voluntad. Transcurridos unos años más, buscamos formar una familia. En esto, la frase que simboliza el anhelo de expansión de una joven pareja es "estamos en la búsqueda", cuando quieren representar que han iniciado una serie de actividades tendientes a ampliar la familia. Y así, se podría seguir relatando, en cada etapa de la vida.

 

Hace un tiempo establecí un propósito para mi vida. Preparé mi voluntad para logarlo y me lancé a su conquista. Me dispuse a esforzarme lo necesario, pues siempre consideré que ese era el principal ingrediente en la consecución de cualquier objetivo. Sin embargo, el tiempo transcurría, y seguía sin encontrar el resultado que esperaba. Allí fue cuando me pregunté, ¿realmente el que busca encuentra? ¿existen conquistas que escapan a la voluntad del ser humano, y dependen de otros factores? ¿Es justo que cuando uno planifica, se esfuerza y empeña en lograr algo, el resultado no aparezca?

 

Me debatía en esos interrogantes, y varios más, hasta que encontré un pensamiento de González Pecotche, creador de la Logosofía, que dice lo siguiente: "No debe olvidarse que cuando el hombre se interna en la búsqueda de algo, siempre descubre cosas de tanto o más valor que lo que buscaba. No obstante ello, muchos han sentido defraudadas sus esperanzas al no dar con el propósito perseguido"

 

Esto me hizo reflexionar aún más: ¿cómo sería encontrar algo de mayor valor a lo que se busca? Cuando uno está buscando algo y tiene, como se dice habitualmente, "el objetivo en mente", ¿está receptivo a encontrar otras cosas? Y si no lo está, ¿será que se pierde otras oportunidades?

 

Pensando al respecto, recordé que en el ámbito científico existe una palabra que define exactamente ese proceso de encontrar algo distinto a lo que se buscaba: serendipia. De hecho, fue la manera en que Fleming descubrió la penicilina.

 

Volví a recordar ese propósito que estaba queriendo conquistar y, con visión más amplia, me di cuenta cuántas otras cosas había aprendido en el transcurso. Toda esa experiencia hecha conocimiento, ¿no es tanto o más valiosa que el objetivo de la búsqueda en sí mismo? ¿No permite acaso ese conocimiento incluso ayudar a otros, que estén en una situación similar? Es como si uno saliera del ámbito del beneficio propio, para extenderse con mayor amplitud, con potencialidad de hacer el Bien a muchos semejantes.

 

Por eso hoy estoy convencido de que sí, el que busca encuentra. Pero no necesariamente encuentra lo que quiere encontrar, y en la forma en que se imagina. Por eso es importante estar receptivos durante todo el proceso de búsqueda, porque muchas veces se terminan encontrando cosas no previstas, pero de enorme valor para la vida. No por casualidad, sino como premio al esfuerzo, que es el imán inmaterial más poderoso que conozco.

 

Cuando uno está buscando algo y tiene, como se dice habitualmente, "el objetivo en mente", ¿está receptivo a encontrar otras cosas? Y si no lo está, ¿será que se pierde otras oportunidades?

 

Volví a recordar ese propósito que estaba queriendo conquistar y, con visión más amplia, me di cuenta cuántas otras cosas había aprendido en el transcurso. Toda esa experiencia hecha conocimiento.



 




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