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"Cada 2 de abril que pasa no hay nada para festejar. En realidad lo que se conmemora es una recordación de los muertos por Malvinas y el día designado al veterano de dicha guerra", declaró el militar retirado Francisco "Mono" Altamirano, ex combatiente en el archipiélago Malvinas, residente en Santo Tomé.
"Yo digo que regresé de las islas y seguí viviendo con el peso de una derrota; uno se prepara durante muchos años y de pronto por una mala conducción, o una apreciación errónea de la situación, se encuentra con que no pudo recuperar definitivamente las islas", agregó. "Incluso, cuando nuestro ejército se movilizó hacia Malvinas, se creía que los ingleses no venían a combatir; pero luego empezó a trabajar el servicio de Inteligencia, que se encargó de reconocer y de investigar cuál era la finalidad del desplazamiento de la flota de la OTAN que se dirigía por el Atlántico hacia el sur; entonces nos dimos cuenta de que venían pertrechados con todo y no a una simple escaramuza", continuó narrando Francisco.>
Altamirano llegó a Malvinas el 27 de abril de 1982 (justo el día de su cumpleaños 34) y tuvo contacto con el enemigo a partir del 1° de mayo, cuando los aviones británicos bombardearon la pista de aterrizaje de Malvinas. "Ese fue un error de apreciación, porque nosotros estábamos convencidos de que no iba a pasar nada y de que íbamos a poder negociar; o que sólo se trataba de unos tiros y nada más. Eso era lo que se decía durante los primeros días; hasta que después del 1° de mayo vimos que la cosa venía en serio, puesto que con los primeros bombardeos ya todo el mundo se puso en situación", añadió Altamirano, a quien no siempre le resultó fácil hablar sobre este tema.
"Yo formé parte de la compañía de Comandos que es una unidad compuesta por cuadros de oficiales y suboficiales y oficiales que pertenecían a la especialidad de comandos. Mi compañía tenía 55 hombres: un jefe dividido en tres secciones, que a su vez estaban divididas en grupos. Nuestras misiones eran hacer reconocimiento sobre los movimientos del enemigo, obtener información de los desplazamientos de su logística, intentar golpes de mano en objetivos definidos; hacer patrullas y emboscadas".>
"A partir del desembarco enemigo, se empezó a movilizar con mucha más celeridad a las tropas comandos, buscando detectar los movimientos que hacían ellos, que una vez que establecieron su cabeza de playa en San Carlos empezaron con sus desplazamientos y toda su logística; a partir de allí se registraron algunos combates; no cuerpo a cuerpo, que por todos los medios técnicos que existen ya no se dan, aunque sí hubo emboscadas que repeler y enfrentamientos con capturas de prisioneros", afirmó nuestro entrevistado.>
"El día 10 de junio, cuando ya se veía venir el desenlace, nos tocó hacer una patrulla de reconocimiento en las inmediaciones de San Carlos y ahí nos tocó afrontar lo que se denomina combate encuentro. Nosotros éramos cuatro comandos que estábamos en un cerro observando para San Carlos y pasando información a través de la radio. Cuando regresamos a nuestro emplazamiento que era en Puerto Howard, nos encontramos de casualidad con una patrulla inglesa de dos hombres; se produjo un tiroteo con los ingleses y el resultado fue un oficial muerto (el capitán John Hamilton) y un suboficial capturado prisionero (el cabo primero Roy Fonseca)".
"Regresamos a Puerto Howard, que era el lugar donde en ese momento teníamos una fracción de comandos porque habíamos quedado aislados en Gran Malvinas. Salimos a hacer operaciones; nos llevaron cuatro helicópteros y nos dejaron para ir a buscarnos a las 72 horas; pero cumplido el plazo, cuando cruzaron otra vez el estrecho para encontrarnos, aparecieron aviones Sea Harrier y de los cuatro helicópteros bajaron a tres; quedó solamente uno, porque el piloto encendió un cilindro humoso y eso les hizo creer a los ingleses que estaba incendiándose. Con ese helicóptero llegamos a Puerto Howard, donde cargamos al prisionero que entonces fue llevado a Puerto Argentino. Como no cabía toda la unidad o fracción, hubo una parte que se quedó a finalizar la guerra".>
"En contra de nuestro objetivo, incidió el intenso frío. Para nosotros, teníamos ropa adecuada, porque las tropas Comando estaban bien instruidas y equipadas, pero para el soldado convencional, la vestimenta era bastante escasa. Además, en alguna de nuestras unidades, los soldados sólo pudieron tirar diez tiros. Es triste decirlo, pero fue la realidad", siguió contando. "También repercutió la presión psicológica de los bombardeos y cañoneos durante los momentos claves, como los horarios de las comidas o la medianoche, que lo único que hacían era mantenerte en tensión. Es una de las estrategias del enemigo, el desgaste que produce el adversario, porque así se consigue una presión psicológica, a través del hostigamiento permanente", prosiguió.
"Los medios que teníamos no fueron suficientes. A veces para llegar hasta una primera línea había que trasladarse en helicóptero y el espacio aéreo lo dominaban los ingleses, así que cualquier movimiento nuestro era detectado y enseguida interceptado; pero ello fue parte de la improvisación", aclaró también Altamirano, para luego completar: "No se puede enviar una tropa, dejar la comida en un lado y después mandársela a los quince días". "A partir del 12 de junio, cuando los ingleses avanzaron sobre los terrenos denominados `llaves', observamos un repliegue desordenado hacia Puerto Argentino, mientras a nosotros se nos decía que se había pactado un cese del fuego. La tropa estaba quebrada por el frío, la incertidumbre y el hambre. Ahí me di cuenta de que el desenlace era inevitable", acotó. "La entrega del arma fue el 15 de junio, algo muy triste y doloroso, porque a mí no me habían preparado para rendirme", señaló.>
Francisco Altamirano, casado y padre de cuatro hijos, nació en San Luis el 27 de abril de 1948, y se alistó en el Ejército Argentino en 1966, al ingresar en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral en Buenos Aires. Egresó como cabo del Arma de Ingenieros en 1968 y tuvo como primer destino al Batallón de Ingenieros Anfibios 601 de Santo Tomé. Luego, en 1970, realizó el curso de buzo de Ejército, mientras que en 1974, ya siendo sargento, fue destinado a la Base Naval Mar del Plata, para realizar dentro de la Infantería de Marina el curso de comando anfibio. Igualmente, el mismo año concretó su capacitación como comando y como paracaidista militar, ambos en la Escuela de Infantería del Ejército Argentino.
Entre 1975 y 1987, alternativamente, se desempeñó como Auxiliar de Instructor e Instructor de Técnicas Anfibias en apoyo a los cursos de comandos. En dicho período participó como integrante la Compañía de Comandos 601 en el Teatro de Operaciones Malvinas, en el marco del conflicto del Atlántico Sur contra el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, por la recuperación de las Islas Malvinas (1982). En 1983 recibió como destino la Compañía de Ingenieros de Montaña 5, con asiento en San Carlos de Bariloche. Entre 1989 y 1990 fue designado encargado de la Base Esperanza, en el continente antártico; luego, en el período 1994-1995, realizó su segunda campaña a la Antártida, siendo encargado de la Base General San Martín, emplazada en el islote Barry.
Además, entre 1996 y 1997 integró una fuerza de tareas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el conflicto entre Turquía y Grecia en Chipre; mientras que entre 1999 y 2000 tuvo a su cargo el contingente del Ejército Argentino en los Balcanes, más precisamente en el conflicto de Kosovo (ex Yugoslavia), lugar donde formó parte de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), contra las de Serbia. Finalmente, en setiembre de 2000, el "Mono" Altamirano pasó a retiro del Ejército, con el grado de suboficial mayor. En la actualidad, es instructor de buceo deportivo en la Escuela de Buceo del Club Regatas de Santa Fe.
"Puntualmente, fue muy doloroso el regreso de las tropas de Malvinas porque fuimos escondidos y negados; eso fue muy triste y les pasó exactamente igual a todos, soldados y cuadros; llegamos a Buenos Aires y nos no permitieron tomar una comunicación telefónica con nuestros familiares, que hubiese sido lo mejor, un momento emocionante y para el levantamiento de la moral; ahí me sentí decepcionado con muchos de mis comandantes, sobre todo con los que no estuvieron en el conflicto y ordenaron desde acá directamente", definió Francisco Altamirano.
"Además, el quiebre se produce en uno porque después del conflicto pasó a ser mala palabra hablar de Malvinas dentro del mismo Ejército; se hizo la división entre los que fueron a Malvinas y los que no, sin tenerse en cuenta que el hombre que vuelve de un frente de combate lo hace con muchísimos fantasmas, con un montón de temores y con la mente bastante sensible a cualquier cosa; cualquier ruido lo altera y hasta el paso de un avión lo asusta cuando está durmiendo, algo que me ha ocurrido a mí", agregó Francisco, para quien la guerra en sí "es un gravísimo error" y "la basura más grande que inventó el hombre".>
Por eso, en lo relativo al aspecto institucional añadió: "Es una pena que en el Ejército no se haya aprovechado al máximo la experiencia de Malvinas, al menos en cuanto a que la Fuerza estuvo fracturada todos estos años, entre los que estuvimos en Malvinas y los que no". "Tendríamos que haber tenido apoyo psicológico, pero, y esto lo digo con tristeza, nunca nadie me dijo en el Ejército `vos sos veterano de guerra' vení sentate acá que hay un psicólogo que quiere hablar con vos sobre el tema; hace poco, por decisión mía -porque se trataba de una conversación que me debía-, fui con un psicólogo porque cuando hablo de Malvinas todavía me pone muy triste y a veces hasta llego a llorar; entonces gracias a la ayuda de una profesional, ahora puedo hablar un poco mejor sobre ello; por eso accedí a este diálogo también", concluyó Francisco, no sin antes aclarar que aún hoy se sigue sintiendo derrotado, porque lo que le pasó en Malvinas es algo que nunca se va a poder "sacar de encima".>
Ariel Durán-Sergio Ferrer