De payadores y payadas

Es en la pampa, en esa inmensa llanura de "tierra chata, acostada panza arriba bajo un cielo gigantesco", donde se engendra una raza y un hombre que el argentino en general toma como prototipo: el gaucho. Mezcla de la fogosa sangre andaluza y la belicosa de los querandíes. Haciéndose dueño del lugar pasa a formar parte de la vida económica, política y social del país. Es la guitarra su inseparable compañera: "Tradicional instrumento / consuelo del payador, / fiel amigo del dolor, / lenitivo del tormento" (cuarteta del payador Andrés Cepeda). "No existe un gaucho que no sepa rascar un gato", escribe Lynch.

Empíricamente el gaucho fue capaz de plasmar un riquísimo material lírico de llamativa belleza que tiene como patrón común: la cifra, nombre que parece ser tomado de los métodos antiguos para la enseñanza de la guitarra. La cifra posee marcadas coincidencias rítmicas y formales como la seguidilla hispánica, pero es evidente que el gaucho, su vehículo ejecutor y transmisor, estableció una modalidad propia de ejecución. La hizo rigurosamente silábica y en un principio la caracteriza el canto con décimas glosadas. Su función consistía en hacer de interludio y fondo sonoro en el "payar por cifra" o contrapunto. Es el período de los grandes payadores con Santos Vega al frente y el legendario Juan Sin Ropa.

Así como la vida del gaucho fue un cambiar constante, llevándolo a adaptarse a diversas formas de vida, de sentir, de expresarse, también lo obligó a utilizar otros ritmos: milonga, estilo, cielito, vidalita, habanera, triste... que exaltaron la belleza de nuevos acentos, imágenes, metáforas y demás figuras del pensamiento.

Académicamente, el payador se lo define como cantor repentista. Algunos historiadores creen que su nombre deriva del "payo", denominación con la que se conoce al campesino español de donde se cree proviene esta particular expresión artística; para otros su origen puntual pudo surgir de los Troveros de Provenza, también de los Juglares de España... Lo cierto es que el payador posee una virtud intransferible e innata: la de ser dueño de reflexiones casi filosóficas en el breve instante en que su pensamiento se las dicta. Se conoce por "payada" el diálogo repentista -sin nada previamente escrito- de dos o más personas. Luego de una serie de rasgueos, los payadores -rodeados por el público que espera ansioso la demostración de ingenio- comienzan la payada. Durante la misma, la melodía de la cifra acompaña la estrofa con la que el cantor formula una pregunta a su contrincante: el oponente, dándose unos segundos -breves rasguidos de guitarra- para pensar la respuesta y componer su estrofa, le contesta, terminando a su vez con otra pregunta.

Como género, la payada quedó inmortalizada a partir de su incorporación en los dos poemas épicos argentinos del siglo XIX: "Santos Vega", de Rafael Obligado, y "Martín Fierro", de José Hernández.

Payada entre Martín Fierro y El Moreno

(Martín Fierro)

Dios hizo al blanco y al negro

Sin declararlos mejores-

Les mandó iguales dolores

Bajo de una mesma cruz;

Mas también hizo la luz

Pa distinguir los colores.

Ansí ninguno se agravie,

No se trata de ofender-

A todo se ha de poner

El nombre con que se llama-

Y a naides le quita fama

Lo que recibió al nacer.

Y ansí me gusta un cantor

Que no se turba ni yerra-

Y si en tu saber se encierra

El de los sabios projundos-

Decime cuál en el mundo

Es el canto de la Tierra.

(El Moreno)Es pobre mi pensamiento,Es escasa mi razón-Mas pa dar contestaciónMi inorancia no me arredra-También da chispas la piedraSi la golpea el eslabón.Y le daré una respuestaSegún mis pocos alcances-Forman un canto en la TierraEl dolor de tanta madre,El gemir de los que muerenY el llorar de los que nacen. (Martín Fierro)Moreno, alvierto que traisBien dispuesta la garganta-Sos varón, y no me espantaVerte hacer esos primores-En los pájaros cantoresSólo el macho es el que canta.Y ya que al mundo vinistesCon el sino de cantar,No te vayas a turbar,No te agrandes ni te achiques-Es preciso que me espliquesCuál es el canto del Mar. (El Moreno)A los pájaros cantoresNinguno imitar pretende-De un don que de otro dependeNaides se debe alabar-Pues la urraca apriende hablarPero sólo la hembra apriende.Y ayúdame ingenio míoPara ganar esta apuesta-Mucho el contestar que cuesta-Pero debo contestarVoy a decirle en respuestaCuál es el canto del Mar.Cuando la tormenta brama,El Mar que todo lo encierraCanta de un modo que aterraComo si el mundo tamblara-Parece que se quejaraDe que lo estreche la Tierra. José Hernández nació el 10 de noviembre de 1834. En su honor se conmemora el Día de la Tradición.

Nidya Mondino de Forni