Edición del Martes 26 de setiembre de 2000

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Publicaciones: El mundo de Mahler

Actualmente, Gustav Mahler es un compositor estándar en los programas de concierto y ha sido aceptado por la industria que controla la circulación de la música clásica. Se estampan remeras con su rostro, medallones; una tarjeta de visita con el garabato de la firma de Mahler puede llegar a subastarse en mil dólares; hay iniciativas para montar un museo en Kaliste, su ciudad natal, en la República Checa; existe una Bibliothéque Mahler en París; un festival de invierno en Boulder, Colorado; un club de fans en Japón y un monumento en la plaza de Dobbiaco, en las alturas de los Alpes italianos. Pero no siempre fue así. Medio siglo de indiferencia media entre la fama increíble que Mahler gozó en vida y la que conoce en estas últimas décadas.

A propósito, escribe Norman Lebrecht en El mundo de Mahler, que ha editado Adriana Hidalgo: "En su década de apogeo, Mahler fue, después del Emperador, el hombre más famoso de Viena. Los taxistas se detenían al verlo, murmurando: `¡Mahler!'. Un hombre de la importancia de (Arthur) Schnitzler se sorprendió siguiendo a Mahler por una calle, fascinado por su paso. `La intensidad de su naturaleza parecía colmar toda la ciudad', observó el autor Felix Salten".

"Como figura cultural omnipotente en una sociedad donde la cultura era la reina, Mahler se abalanzó en la mente de Gustav Klimt como protagonista de su Beethoven-frieze. Al proyectar la pintura, Klimt conocía solamente la fama de Mahler; la vinculación de Mahler con artistas plásticos procede de su matrimonio con Alma. En ese mismo círculo, los arquitectos Otto Wagner y Adolf Loos tomaron en cuenta el ejemplo musical de Mahler cuando despojaron los nuevos edificios de Viena de las tradiciones enraizadas en la ornamentación".

"Los escritores más influyentes de la época también lo consideraban un héroe. Era adulado por (Arthur) Schnitzler, Stefan Zweig, Salten, Bahr y Hofmannsthal...".

"La incestuosa vida intelectual en la pequeña ciudad capital del imperio austro-húngaro se sumergía también en lo subterráneo. Los creadores tal vez no estaban compenetrados unos con los otros, pero Mahler alimentaba una atmósfera de polémicas y aspiraciones en la cual compartir experiencias. Basta observar, por ejemplo, las búsquedas del compositor Mahler y del filósofo Ludwig Wittgenstein, uno explorando los límites de la tonalidad, el otro definiendo las fronteras del lenguaje".

Tomando los testimonios de colegas, discípulos, familiares, amigos, rivales y enemigos de Mahler (Richard Strauss, Peter Tchaikovsky, Arnold Scho‘nberg, Anton von Webern, Romain Rolland, Jean Sibelius, Alban Berg, Sergei Rachmaninov, Sigmund Freud, Stefan Zweig y Thomas Mann, entre otros, de los cuales se destaca el famoso y controvertido libro de la mujer de Mahler, Alma), Lebrecht logra reconstruir la vida, las aventuras y las conquistas estéticas del gran músico.




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