Edición del Martes 26 de setiembre de 2000

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Opinión: OPIN-06

Opinión


CARTAS A LA DIRECCION

Indignación

Señores directores: Con estupor y pánico leí tiempo atrás la noticia de la salvaje agresión sufrida por el sacerdote verbita, de origen indonesio, P. Tito Puling. Una vez más, el "lado oscuro" de las fuerzas policiales se hizo presente con toda la irracionalidad que caracteriza a "ciertos" encargados de la seguridad ciudadana.

Que el color de su piel, que su baja estatura, que su vestimenta sencilla y su habla confusa, como estigmas punibles, agregados a denuncias de vecinos con pánico (entendible, sin duda, por el clima de violencia que se vive) que no fueron chequeadas ni siquiera por el beneficio de la duda.

Soy docente especializada en Castellano y Literatura, y en carácter de tal, desde hace varios años, he centrado mi actividad en la enseñanza del idioma castellano a los extranjeros verbitas, pertenecientes a diversas nacionalidades, que recalan en esta ciudad con ese fin específico: el aprendizaje de la lengua. Soy absolutamente consciente de mi responsabilidad en orden a la tarea misionera que ellos deben desarrollar. Ergo: no salen de mis manos sin tener una más que discreta fluidez de comprensión y expresión. Y en el caso del P. Tito, recibió sus clases juntamente con su connacional, el P. Domingo, hasta julio de 1996. La comunidad esperancina es testigo de su buen desempeño idiomático. Goza de respeto incondicional y un enorme cariño, especialmente de adolescentes y jóvenes, y las familias reciben sus visitas con el amor que se prodiga a "un amigo". Su piel morena y su "talla normal" constituyen el envase de su alma tan luminosa como su sonrisa. Y en cuanto a la modestia de su vestimenta (de misionero indonesio), ¿acaso esos "esbirros" no saben que hay canallas y mendaces que circulan impunemente, vestidos con riguroso saco y corbata?

No creo en "lágrimas de cocodrilo", y la fuerza de la ley no sé si podrá reparar mínimamente el daño físico y emocional, y las graves secuelas de esta agresión.

Seguramente en su interior, el P. Tito habrá exclamado: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Pero nosotros, los esperancinos, no podemos decir lo mismo, y sólo nos brota una expresión de solidaridad para con la víctima y la enorme vergüenza de argentinos bien nacidos. Prof. Carmen Sofía Migno. LC: 2.983.049. Esperanza.




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