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Edición impresa del 02/07/2001 | Área Metropolitana Área Metropolitana

Area Metropolitana: AREA-04

Alejandro Rossi: "En política cada
vez hay menos gente con vocación"

Dejó su cargo en Servicios Públicos. Asesorará a Alvarez en transporte. Dice que su renuncia obedece mayoritariamente a cuestiones personales y que estaba conversada con Alvarez desde diciembre. Admite que la función pública es altamente desgastante. Reconocimiento a Alvarez.


-¿Por qué deja la Secretaría de Servicios Públicos?

-Se conjugaron varias razones, la mayoría personales. Cuando el intendente me ofreció el cargo yo venía de una gestión complicada en la Subsecretaría de Justicia (durante el gobierno de Jorge Obeid), así que de alguna manera, cuando acepté lo hice sabiendo que iba a un cargo también de mucho desgaste, le aclaré que lo aceptaba por un tiempo determinado, no en plazo, pero sí en circunstancias: una vez que las cuestiones centrales de transporte tuvieran un norte, un plan político. Más allá de cómo pueda evaluarlo cada uno, creo que lo hicimos. En esa situación concreta siento que cumplí el compromiso que había hecho con él, que era hacer un desgaste de lo más grueso y dejar lo más fino para ir acomodándolo. Esa circunstancia, más el hecho de haber logrado algunos objetivos, hizo que a fines del año pasado planteara irme por lo menos de la primera línea de la función pública. Ésta es una actividad tremendamente desgastante, estresante, se está haciendo en un marco muy difícil donde ninguna de las acciones que uno hace parece satisfacer.

-Por el descreimiento y también el marco económico, que tampoco ayuda.

-Por las dos cosas, por la crisis de los estados y por el escepticismo de la gente. Nada de lo que uno puede realizar tiene pronta legitimidad social. Es un área muy desgastante que concentra todos los inconvenientes de la ciudad y ninguna de las virtudes: cualquier problema que tiene el municipio, salvo los de obras de infraestructura, repercuten directamente en Servicios Públicos.

-¿Este marco de dificultad es el que hace que su cargo sea difícil de ocupar?

-Para mí, en la Argentina hay una situación paradójica: criticamos fervorosamente a la política como actividad, cuando en realidad es de ahí de donde deben surgir las soluciones a los problemas que tenemos. De tanta crítica, la actividad pierde estímulo y se pierden participantes, además, los cuadros que quedan son cada vez de menor capacidad técnica teórica y es como que nos encontramos cada vez con menos gente con vocación. No creo que sea difícil reemplazarme a mí. Resulta difícil encontrar gente dispuesta.

-Sin dudas la Secretaría que usted ocupó es la que tuvo un perfil más alto.

-Así decidimos que fuera, sobre todo en el tema transporte. Entendíamos que el transporte venía de una crisis muy profunda, con una suerte de letargo donde todo el mundo se quejaba pero nadie intentaba ponerle el cascabel al gato. Esto no significa que haya sido bárbaro todo lo que se hizo. Es cierto que esta Secretaría concentra la mayor cantidad de problemas de la ciudad. Además, los santafesinos son muy exigentes y poco cooperativos. Por ejemplo, creen que el problema de la basura no es de la gente, sino de la Municipalidad. Entonces hay una fractura entre el Estado y la sociedad civil que hace que ésta mire para otro lado sobre sus responsabilidades.

-Pero hay responsabilidades compartidas. En el tema de la basura, en algún momento el servicio no se cumplió de manera óptima, arreciaron las críticas y la Municipalidad lo terminó reconociendo.

-Yo hablo de temas generales. La recolección de residuos se presta todos los días pero si el vecino saca la basura después que pasó el camión, la cuadra queda sucia. Las clase dirigente argentina sale de la sociedad y los efectos que tiene de falta de política, de compromiso, de confundir los negocios públicos con los negocios privados, en alguna medida, están en la sociedad.

-No significa que tenemos los dirigentes que nos merecemos.

-No, porque siempre el dirigente tiene que asumirse como perteneciente a una vanguardia. Tiene obligaciones que no puede descargar con la excusa lineal de que la sociedad es así. El problema es que la dirigencia es muy parecida a la gente. Nunca había sido funcionario municipal pero me llamó la atención la idea del reclamo porque se pagan impuestos. Entonces en función de esto son personas liberadas de compromisos. Pagar impuestos es el costo de vivir en una comunidad organizada.

-El argumento del pago de impuestos es que el que tiene mucha gente para exigirles que se hagan las obras.

-Es una falta de comprensión de concepto. Yo pago un tributo para que se me preste una cantidad de servicios básicos. Después hay cosas específicas que requieren de un proceso de interacción entre el Estado y la sociedad. El Estado puede arreglar la plaza cada cinco años y mantenerla relativamente limpia, pero no puede pintarla y arreglar los juegos cada siete días. Un ejemplo concreto: no tenemos la obligación de cortar los yuyos de las veredas ni tenemos la capacidad operativa para hacerlo. Pero sabiendo que la gente cree lo contrario, en algunos casos lo hacemos y en otros intentamos medidas asociativas para resolverlo, pero que no se lograron concretar. Hay una dicotomía entre el ciudadano que le reclama al Estado prestaciones como si fuera del primer mundo y una realidad que se parece al tercer mundo más cruel. En esta esquizofrenia que vive el Estado la función pública termina siendo una tarea ingrata.

El protagonismo del transporte


Inevitablemente una charla con Rossi deriva hacia el tema del transporte público de pasajeros, en particular, por colectivos. Ese fue también el eje de su gestión y es el tema por el que se comprometió a asesorar al intendente Marcelo Alvarez, para quien no ahorró palabras de reconocimiento. El ahora ex funcionario dice que asumió en diciembre del '99 para ponerle un horizonte a ese tema.

-¿Y su objetivo cuál era?

-En primer lugar que el colapso no viniera por explosión; sino que, de producirse -porque el sistema económica y técnicamente está quebrado- sobreviniera por administración y no por descontrol. En la medida en que no lográramos resolver la cuestión tarifaria, el sistema iba a explotar. Ese fue un objetivo político: administrarlo de manera tal que las partes no se devoren entre sí y que, con ajustes y defectos, pudiesen funcionar hasta poder diseñar una cosa distinta.

-¿Y eso se va a diseñar recién cuando se se termine la concesión?

-Creo que hay que empezar antes y ya empezó. Estamos en conversaciones con tres universidades para comenzar a hacer los estudios y diseñarlo. Lo que pasa es que los escenarios son complicados. El transporte es un hecho económico y es imposible pensar que no sufra tres años de recesión. En la medida en que haya un nivel de reactivación económica, va a cambiar rápidamente. El plan político era socializar el esfuerzo, entre los empresarios, los usuarios y la Municipalidad.

-Usted decía que en este año y medio había logrado resolver lo más grueso y dejar lo más fino para después. ¿Le parece que lo que queda es lo más fino, con empresas que dicen que no llegan a octubre?

-Uno hace pronósticos en la medida en que no aparecen factores extraños y distorsionantes. El aumento del gasoil es uno de ellos. Nosotros avizorábamos que las empresas tenían que sufrir un ordenamiento y ajuste. Nunca descartamos la posibilidad de modificar recorridos y, de ser necesario, llegar a suprimir alguno de los servicios: tampoco descartamos fusiones o reabsorciones. También es cierto que el pronóstico siempre es "mañana viene el lobo y me come". Desde que llegué escucho que el transporte dura 15 días. Con esto digo que son tan abismales las percepciones entre los actores que a veces es difícil transformarlo en un discurso unívoco. Lo que hicimos fue intentar medidas por consenso para encontrar un marco más fácil. No encontrar consenso nos obligó a avanzar solos e imponer conductas nuevas por la vía legal.

-¿No hubiese sido conveniente barajar y dar de nuevo cuando se inició esta gestión?

-Cada vez que nos sentamos a analizar una cuestión, eso estuvo presente. Pero tiene riesgos que no son fáciles de asumir. Riesgos jurídicos, económicos y prácticos. Si mañana se sacaran a todas las empresas que prestan el servicio, hay que garantizar que vienen otros en igualdad o mejores condiciones. Desde el punto de vista económico es casi imposible de garantizar, porque la quiebra del transporte es nacional. Esto sin analizar las cuestiones legales. Pero hay cuestiones de equidad y justicia que también tienen que ver: éstos son empresarios que aceptaron el análisis que se hizo en su momento y que fracasó. El transporte debería estar transportando 80 millones de pasajeros y ahora está llevando la mitad que en el '95. Hay un compromiso ético para intentar resolver los problemas y no tirarlos por la borda. Asumir un esfuerzo de reconvertir el sector, es un desafío que vale la pena correr... más allá de que ellos no lo valoren.





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