Edición del Sábado 02 de febrero de 2002

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Medio Ambiente: MED-01

Proteger la cultura y la vida
de las comunidades pesqueras

Día Mundial de los Humedales

"Reverbera el río la orilladice lo que no dicey trae todolleva dejando"Beatriz Vallejos, S. J. del Rincón "Yo me crié aquí y me gusta este lugar; no tengo empleo, pero con la pesca alimento a mi familia; y si me fuera a la ciudad... ¿allá qué haría?" Manuel Díaz, Alto Verde.


Todo lo que no es natura es cultura. Ésta es una conocida idea que remite al surgimiento de la sociedad humana, a partir del uso de los recursos naturales. Llamativamente, muchas de las primeras civilizaciones nacieron y crecieron ligadas a los humedales (1). Por una razón muy simple: en incontables casos los humedales equivalen a agua dulce, sustancia esencial para la vida del Homo sapiens y las especies que hacen a su subsistencia. Llamativamente, algunos de los más antiguos asentamientos humanos en Europa eran palafitos, cubriendo simultáneamente otra necesidad básica, la seguridad. Pueblos y culturas "de los humedales" se encuentran en todo el planeta. Han dado origen a procesos civilizatorios de una rica complejidad y son la fuente de conocimientos invalorables.

En Sudamérica son incontables los pueblos originarios cuyas culturas nacieron hace alrededor de diez mil años ligadas al agua. Los embera katío del río Sinú, en plena selva del Chocó colombiano, se alimentan del bocachico, un pez que se reproduce en los humedales de Lorica y de una variedad de arroz cultivada en las riberas. Los chamacoco y los guató, todavía pescan en el Pantanal, el gigantesco humedal sudamericano que nutre al sistema del Paraguay-Paraná. Los mbyá guaraní en Misiones, cuyo nombre significa "hijos del agua", viven aún en comunidades cercanas a los arroyos que les brindan los recursos para mantener su estilo de vida. Mientras más de 50.000 wichi, en Formosa, se alimentan casi exclusivamente del sábalo. Más cerca nuestro, en el valle aluvial del Paraná medio e inferior, miles de personas subsisten gracias a los recursos de este portentoso sistema que es parte del corredor de humedales fluviales más extenso del planeta, con más de 3.000 kilómetros desde Mato Grosso hasta el Delta.

Tecnología y cultura tradicionales


El aprovechamiento de los recursos de los humedales no hubiese sido sustentable a lo largo de miles de años sin una tecnología tradicional -ambiental y socialmente apropiada- y una cosmovisión que incluya el respeto de los límites de los ecosistemas que sustentan la vida. Si la cultura de los pehuenches es impensable sin el fruto del pehuén, tampoco es posible imaginar la cultura de los mbyá guaraní o de los wichi si se degradan o desaparecen los ambientes naturales adonde se desarrollaron. Precisamente para llamar la atención sobre la necesidad de preservar las culturas de los pueblos vinculados a los ecosistemas acuáticos, la Convención Ramsar (2), eligió el lema "Humedales: agua, vida y cultura" para celebrar este año el 2 de febrero, "Día Mundial de los Humedales" (3).

Según Ramsar, la dependencia de los seres humanos de las zonas húmedas sigue vigente hoy en día: el pescado es la fuente primordial de proteínas de mil millones de personas; mientras que el arroz, una planta de humedal, está en la dieta básica de tres mil millones de habitantes en todo el mundo. La mayor parte de los peces necesitan de los humedales para completar su ciclo vital. Por su parte, la pesca es una actividad fundamental en los humedales, que requiere desde embarcaciones construidas con destreza hasta una variedad de artes de pesca y un fino conocimiento para manejarlas. El mismo hecho de vivir en un entorno acuático precisa de materiales adecuados, diseños y técnicas constructivas apropiados a estos ambientes y sus variaciones. Actualmente en las riberas fluviales, una arquitectura adaptada al ecosistema, evitaría muchos problemas y haría la vida social más plena, siendo de hecho una de las "asignaturas pendientes" en nuestra región. La tecnología tradicional tiene mucho que aportar. Evitando el razonamiento equívoco de forzar al ambiente a adaptarse a la tecnología, simplemente debería existir la predisposición de adaptar el conocimiento ancestral a las necesidades actuales y la tecnología a la realidad del ambiente fluvial.

Pueblos en peligro


Los pobladores ribereños y pescadores del Paraná medio no han escapado, sobre todo en los últimos años, a la presión de la globalización económica y cultural. Las poblaciones costeras han sufrido también el desgranamiento ocasionado por la migración hacia grandes ciudades. Sobre todo los jóvenes han sido tentados a dejar los poblados ribereños para buscar oportunidades de trabajo en los grandes centros urbanos como Resistencia, Santa Fe y Rosario. Hoy, significativamente, no pocos han vuelto a los pequeños poblados en la costa del río a buscar los recursos que éste provee: pesca para la alimentación diaria, terrenos para construir la vivienda e incluso los materiales para hacerla -ladrillos, barro, fibras, madera. Sin embargo muchos pescadores artesanales, carentes de asociaciones que defiendan sus derechos y puedan comercializar la pesca a un precio justo, se ven obligados a vender el producto de su esfuerzo a un precio ínfimo. No pocos llegan a perder incluso sus embarcaciones y sus artes de pesca, debido a los procesos de empobrecimiento y aculturación. Algunos se convierten en mano de obra cautiva de los acopiadores. Éstos a su vez forman parte de la cadena comercial de unos pocos grandes frigoríficos que envían el pescado a Brasil, Colombia y países de otros continentes, en un mal negocio de exportación. Unas 60.000 toneladas anuales de pescado se exportan hoy desde Victoria y Diamante a bajo precio. Como ocurrió en el mar con la merluza, una tasa insustentable que conduce al colapso. Con el agravante de que la mayor presión se ejerce sobre el sábalo (Prochilodus platensis=P. lineatus), la especie clave del Paraná, ya que de ella dependen las otras especies de mayor valor alimenticio, deportivo y comercial: dorado, surubí, patí, boga, entre las veinte más cotizadas.

La supervivencia de los pescadores y de gran parte del potencial desarrollo sustentable de la economía regional está absolutamente amenazada, de mantenerse este ritmo de pesca industrial depredatoria: agotado el sábalo, las otras principales especies de peces del Paraná en la Argentina sufrirán también una drástica disminución. Según un estudio promovido recientemente por la Fundación Proteger en San Javier, con la conducción científica de Norberto Oldani del grupo GRP del Intec (UNL-Conicet), la pesca ha caído por debajo del 50 % de los valores mínimos históricos registrados (4). Por su parte, los impactos de Yacyretá sobre el recurso pesquero se hacen sentir fuertemente, no sólo en el embalse sino muchos kilómetros aguas abajo. Las principales especies de peces por su requerimiento alimentario y comercial son migratorias; y Yacyretá ha cortado las rutas de migración, produciendo una dramática merma del recurso íctico. Hoy en el Paraná hay una "crisis pesquera fluvial" sin precedentes (5). La reciente declaración de un área santafesina del río como sitio Ramsar, es un signo alentador. Sin embargo, sigue vigente el reclamo que venimos sosteniendo hace más de quince años, para que todo el Paraná medio e inferior sea protegido como patrimonio de la humanidad.

Notas: (1) Los humedales son ecosistemas de transición entre la tierra y el agua. Los esteros, bañados y las islas inundables, son humedales típicos de la región litoral. Los humedales resultan indispensables para la provisión de agua, la pesca y el control de inundaciones, entre otras funciones vitales. (2) La Convención Ramsar, es el máximo organismo internacional sobre humedales, creado el 2 de febrero de 1971 en la ciudad iraní de Ramsar. (3) Todos los años se celebra el Día Mundial de los Humedales. La 8ª conferencia internacional de Ramsar (COP8) tendrá lugar en Valencia, España, en noviembre próximo, con el tema central de los valores culturales de los humedales. (4) La pesca fue un recurso básico para los mocovíes, cultura descripta en los apasionantes relatos y dibujos del jesuita Florián Paucke, quien vivió en San Javier entre 1752 y 1767. (5) Más información en: www.proteger.org.ar

Jorge CappatoFundación Proteger (miembro de la UICN).





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