Nosotros: NOS-04
Nosotros
Un testimonio y muchos recuerdos
En el aniversario del Liceo Municipal de Santa Fe Antonio Fuentes del Arco, acuden a mi memoria recuerdos de mi lejana infancia, próxima a cumplir mis 75 años: ífeliz coincidencia!


Radicados en Santo Tomé, en el antiguo edificio de la fábrica Bonfanti Hnos. en la esquina de Obispo Gelabert y Libertad, cuando tenía 3 años, acompañaba a mi madre dos veces por semana a la vecina ciudad para llevar a mi hermana, 5 años mayor que yo, al Liceo Municipal para asistir a Danzas Clásicas y Declamación, a cargo de la señora De Carlo.

Seguramente, por ser tercera hija, iba asimilando velozmente todo lo que le copiaba a mis hermanos y, por ese motivo, me empezaron a gustar la gimnasia y las danzas que le enseñaban. Indudablemente, siendo una niñita inquieta, poco podía quedarme sentada esperando que terminaran las clases.

Por eso, pronto me introduje en el grupo gracias a la inteligencia de las profesoras, que no impedían la espontaneidad de un niño. Me dejaron estar como oyente y casi sin querer, seguí aprendiendo Danzas Clásicas hasta mis 13 años, cuando decidí hacer la escuela secundaria, dando por terminado mi primer ciclo del Liceo Municipal.

También asistí a las clases de Declamación porque la sorprendí a la profesora memorizando "los versitos" que ella le daba a estudiar a mi hermana. Sabiamente, esta señora me dejó aprender hasta los 9 ó 10 años, en que no recuerdo por qué dejé.

Recitar o decir versos me gustaba, y aprendí la posición de los pies en ángulo, el cuerpo erguido, la mirada alta y la voz bien ubicada, además de una abundante gesticulación con los brazos y las manos.

Los dos aprendizajes, danzas y recitado, fueron factores importantes en mi desenvolvimiento escolar, tanto particular como socialmente, por cuanto era frecuente que nuestra maestra, Victorina Buglia, de la escuela Luis Pasteur, me eligiera para participar en las fiestas con algún "numerito" de danza o recitado.

Educación por el arte


Desde entonces, el valor que sigo dándole a la educación por el arte, por cuanto brinda un apoyo o sostén de seguridad para el desenvolvimiento desde la niñez, que se adquiere como hábito y con el correr de los años perdura con sus aportes positivos.

Pero el motivo de estas líneas no es mi vida sino la trayectoria del Liceo Municipal santafesino. Recuerdo que funcionaba en la esquina de San Martín y Juan de Garay, entrando por un portón de doble hoja y rejas artísticas, al jardín sobre el lado izquierdo del Teatro, subiendo escaleras hasta el primer piso, donde se dictaban las actividades.

Las clases de danza -posiblemente en 1931/32- eran impartidas por una profesora francesa. En el grupo de las señoritas grandes y como alumnas aventajadas se destacaba Estela Prieto Rapela y las señoritas Reynares. Luego esa profesora le dejó la cátedra a Estela, de quien guardo gran respeto por su prestancia y la responsabilidad con la que nos trataba y preparaba como si fuésemos bailarinas del Teatro Colón.

Un recuerdo importante ligado a mi vida refiere a que después de muchos años encontré la linternita con la que bailé con el grupo de compañeritas en el Teatro Municipal, en la representación llamada "Luciérnagas". Bailamos los primeros pasitos con todas las luces de la sala apagadas y nosotras con nuestros tutúes, las zapatillitas de media punta y una coronita de strass en la cabeza y en la mano derecha en alto, la linternita.

En nuestra bombachita de raso, cosida con una bolsita, llevábamos la pila como batería del tamaño de un estuche de casete.

Comercios y otros recuerdos


Mi mamá compró una boutique enfrente del Teatro Municipal, que se llamaba La Femme Virtuose, en la que impartía pintura, grabado, bordados y otras manualidades.

Hacia el norte, al lado del Teatro y de la entrada del Liceo, había una casa de fotografía Valenti y después la sastrería Franzo. En la esquina sur de San Martín y Juan de Garay estaba la confitería Los Dos Chinos, en la que muchas veces tomábamos el té esperando que nos vinieran a buscar.

De esa época hasta mis 13 años recuerdo a las siguiente niñas: Cotita Barletta, Iris Pantanali, Elsa Ramos, Adriana Camelli y Lolita Gallo, y una figura infaltable en San Martín: el Dr. Leoni.

En mi adolescencia volví al Liceo y, aunque estudiaba en la Facultad de Ingeniería, cursé Danzas Nativas, con otro excelente profesor, Evaristo Mosqueda. Me recibí de profesora. En 1949 me inscribí en Italiano, logrando la capacitación de este idioma con la profesora Sara Ambrosini de Zárate, de la que guardo un memorable recuerdo por su señorío y conocimientos, además de su amistad con el correr de los años y -por las vueltas del destino- la propuesta de matrimonio de su esposo después de varios años del fallecimiento de su señora. Del Liceo Municipal recuerdo también brillantes profesores, como los hermanos Spreáfico, y las representaciones teatrales o las orquestas en el foso.

Invito a las personas mencionadas en este relato o a sus familiares a que se pongan en contacto conmigo (a través del e-mail: [email protected]) para intercambiar recuerdos y festejar juntos este aniversario de nuestro Liceo Municipal.

Rita Bonfanti