Cuanto más se profundiza la investigación de los tres crímenes que anteayer conmocionaron a los pobladores de San José del Rincón, más oscuro se torna el panorama.
Al parecer, el vecino que explicó el estallido de violencia homicida en la promiscuidad, la prostitución y otras miserias humanas, no se equivocó tanto. Algo hay de todo eso.
Si ponemos en un aparte a las víctimas: Marcelino Cabañas, Miguel Matier y Rodrigo Villalba, y si además soslayamos las circunstancias en las que ellos fueron asesinados, sólo nos quedan los matadores con sus historias personales.
En este punto aparecen los hombres que presuntamente se enfrentaron en el bar Caos con las consecuencias ya conocidas. Uno y otro deberían explicar en la Justicia algo más que su posible participación en un confuso caso de homicidio en riña.
Sobre estos sujetos recaen serias sospechas, y no sólo por su presunta responsabilidad en los hechos que son de público conocimiento. También sus nombres se mencionan asociados a sórdidas relaciones que involucrarían a menores de edad.
El cometido que llevó al infortunado Cabañas hasta el domicilio de uno de ellos -buscaba a su hija adolescente- podría explicar quién y por qué le dio muerte, pero a la vez plantea otros interrogantes. El dueño de casa es un hombre, mayor de edad.
Luego, se sabe respecto del otro que estaría siendo investigado por la Justicia, no sólo por lo ocurrido anteayer sino por otros presuntos delitos de instancia privada, delitos de los que habrían sido víctimas dos o tres criaturas de corta edad.
Más no se puede -no se debe- decir sobre el escabroso asunto, dado que ir más allá significa exponer públicamente a las criaturas; pero lo cierto es que la investigación deja entrever que el revés de la trama oculta otras historias tenebrosas.
En cuanto a lo sucedido en el bar Caos, escuchamos decir hoy que, contra las versiones circulantes en un primer momento, el joven Rodrigo Villalba "nunca pudo haber formado entre quienes dieron muerte a Cabañas porque -argumentan quienes lo conocieron bien- vivía dedicado a su familia, a la construcción de su casa y no tenía tiempo para dedicarse a la droga o el alcohol".
También hicieron notar nuestros entrevistados que bien pudo haber ocurrido que Matier muriera apuñalado cuando, desarmado, se interpuso entre Villalba y los asesinos. Al parecer, entre ambas víctimas había algo más que una relación circunstancial: eran amigos, al punto que Matier habría sido el padrino del hijo de Villalba.
De ser esto así, los tres hombres muertos en San José del Rincón serían víctimas inocentes de la furia homicida de esos cuatro o cinco sujetos que sobrevivieron a los graves incidentes, los mismos que ahora habrán de ser llevados ante juez de Instrucción, el Dr. José Manuel García Porta.
José Luis Pagés