Edición del Domingo 16 de mayo de 2004

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Internacionales: INTE-01

Rumsfeld aprobó un plan secreto que dio luz verde a las torturas

Así lo afirma la misma revista que reveló los casos de abusos en Irak. La operación conocida como Copper Green alentaba el uso de coerción física y la humillación sexual de prisioneros para arrancarles información. El Pentágono salió a desmentir la noticia.


Nueva York. - El secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, aprobó el año pasado un plan "altamente secreto" que autorizaba diversos métodos coercitivos en los interrogatorios de los prisioneros iraquíes, según informa la revista The New Yorker, que además asegura que el presidente, George W. Bush, fue convenientemente informado del programa.

En un adelanto en su página de Internet, la revista detalla los pormenores del plan aprobado por Rumsfeld, quien afronta crecientes presiones de la oposición demócrata para su renuncia, pero que no obstante ha recibido el respaldo del presidente, George W. Bush.

Citando a fuentes anónimas, la revista indica que el plan secreto autorizaba diversos métodos coercitivos, inicialmente utilizados en la búsqueda de miembros de Al Qaeda en Afganistán y que, con la venia de Rumsfeld, fueron aplicados en las cárceles de Abu Ghraib.

Las raíces del escándalo por el maltrato de los prisioneros tuvo su génesis no con las inclinaciones delictivas de unos cuantos reservistas, sino en la decisión de Rumsfeld, dijo la revista.

Esa decisión "causó malestar en la comunidad de inteligencia de EE.UU., dañó la eficacia de las unidades de elite y perjudicó las posibilidades de EE.UU. en la lucha antiterrorista", indicó en su artículo el periodista Seymor Hersh.

Hersh señala que Rumsfeld, molesto por algunas trabas de índole legal o administrativo, autorizó el programa secreto para conseguir un permiso "amplio y por adelantado" para interrogar, capturar o matar a blancos de alto interés en la lucha antiterrorista.

La operación del Pentágono fue conocida por varios nombres, entre ellos Copper Green y alentaba el uso de coerción física y la humillación sexual de prisioneros iraquíes, con el objetivo de arrancarles información sobre la incipiente insurgencia en Irak, asegura el artículo de 17 páginas.

DISPUTA CON LA CIA


Según un alto cargo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), no identificado, el plan de Rumsfeld encajaba con su "perenne plan de arrebatarle a la CIA el control de las operaciones clandestinas y paramilitares de EE.UU.".

Así se creó, en una zona de seguridad del Pentágono, el denominado Programa de Acceso Especial (SPA) -similar a los usados durante la Guerra Fría- que sería el secreto mejor guardado de las autoridades castrenses de EE.UU.

El plan aparentemente fue aprobado después de los atentados en agosto pasado contra la sede de la ONU en Bagdad y la embajada jordana. Según otro ex funcionario de inteligencia, Rumsfeld y el general Richard Myers aprobaron el programa de interrogatorio pero posiblemente no estaban al tanto de los abusos que se cometieron posteriormente.

En sus comparecencias públicas ante el Congreso la semana pasada, Rumsfeld por ley no podía hablar de asuntos secretos, pero aseguró que decía todo lo que sabía sobre lo que había ocurrido en Abu Ghraib, que albergaba las antiguas cámaras de tortura del derrocado presidente iraquí, Saddam Hussein.

Preguntado sobre el testimonio de Rumsfeld y de su subsecretario para Asuntos de Inteligencia, Stephen Cambone, la fuente de la CIA dijo, utilizando una mala palabra, que "algunos creen que pueden engañar a la gente".

La operación también tenía el respaldo de la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, y el presidente Bush fue informado de su existencia, según dijo a la revista un ex miembro de los servicios de espionaje.

A raíz de la divulgación de las fotos y la bola de nieve que ha producido, el Pentágono ha prohibido algunos métodos coercitivos, como la privación del sueño y la adopción de posiciones incómodas.

El Departamento que encabeza Rumsfeld no ha tardado en responder a la información difundida hoy por The New Yorker. Su portavoz Lawrence Di Rita ha calificado estas afirmaciones de "extrañas" y "conspirativas" y ha desmentido contundentemente que el secretario de Defensa o cualquier otro oficial del Pentágono haya aprobado un programa de interrogación y que los "abusos estén basados en un manual, instrucción u orden del Departamento de Defensa".

Cualquier escándalo sigue una trayectoria predecible en Washington: hay una repulsa internacional, la prensa presiona, el gobierno trata de contener el daño y, tarde o temprano, alguien renuncia.

Rumsfeld no sólo ha permanecido en su cargo sino que Bush ha dicho públicamente que éste ha hecho un buen trabajo.

Bush ha asegurado al pueblo iraquí que castigará a los responsables de los abusos en Abu Ghraib. Siete soldados han sido acusados y el primero afronta una corte marcial la semana próxima. (EFE-AFP-El Mundo)





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