La operación Overlord, como se denominó la invasión a Normandía que empezó el 6 de junio de 1944, acortó drásticamente la duración de la Segunda Guerra Mundial y fue clave para determinar el orden de Europa una vez terminada la contienda.
Los aliados occidentales presentaron durante mucho tiempo la invasión a Normandía como el hecho que decidió la derrota del III Reich y el primer ministro británico de la época, Winston Churchill, solía definir la operación como el punto culminante de la guerra.
No obstante, recientemente se ha llegado a una visión más diferenciada de la operación Overlord y el historiador alemán Bernd Wegner, por ejemplo, sostiene que aunque ésta fue importante, no fue decisiva puesto que en el Frente Oriental el Ejército Rojo avanzaba ya de manera incontenible hacia Alemania.
El 2 de febrero de 1943, las tropas alemanas, comandadas por el general Friedrich von Paulus, habían capitulado en la batalla de Stalingrado y esto había marcado el viraje definitivo de la guerra en el Frente Oriental.
En agosto de 1944, los soviéticos alcanzaron ya las fronteras del Reich, casi al mismo tiempo en que los aliados occidentales completaban la liberación total de Francia.
En todo caso, lo que sí fue decisivo en la operación Overlord fue que evitó que las tropas de Stalin marcharan hasta el Rhin lo que con seguridad hubiera impedido que después de la guerra al menos parte de Alemania quedara en la órbita de Occidente.
La operación Overlord es la acción militar más grande de la Historia: sólo el 6 de junio, el célebre "Día D", participaron en ella 156.000 hombres, 16.000 vehículos terrestres y 6.400 embarcaciones y se lanzaron sobre posiciones alemanas 11.912 toneladas de bombas.
En las siguientes semanas se sumaron a la invasión 1,7 millones de soldados británicos, 1,5 millones de estadounidenses, 175.000 procedentes de los dominios británicos y cerca de 44.000 de los territorios ocupados por los nazis, entre los que también había alemanes exiliados.
La superioridad aliada se debió en parte a errores de los nazis que hicieron decir al general estadounidense Dwigh Eisenhower, comandante de la operación, que "nuestra mejor arma fue la cúpula alemana que obró contra todas las reglas del arte de la guerra".
En primer lugar la llamada "muralla atlántica", una barrera defensiva de 5.000 kilómetros que se extendía desde la frontera española hasta los Países Bajos y en cuya construcción habían participado 450.000 trabajadores resultó carecer de profundidad.
Como lo ha señalado el historiador Stephen Ambrose los aliados sabían que una vez rota la primera línea de resistencia la estrategia alemana de defensa se descompondría.
Además, la cúpula militar alemana había caído en una trampa tendida por los aliados que simularon un operativo destinado a desembarcar en Calais, e incluso nombraron al legendario general George Patton como comandante del mismo.
Quince espías alemanes, que habían cambiado de bando, enviaban informes sobre los presuntos planes del desembarco en Calais lo que llevó a que el III Reich estacionara allí su 15 Ejército.
Cuando el dictador Adolf Hitler dio la orden de que todas las unidades se trasladasen a Normandía, los aliados ya habían logrado avanzar hasta Le Mans y su progresión era imparable.
El 20 de julio de 1944 un grupo de oficiales intentó, infructuosamente, dar muerte a Hitler para iniciar conversaciones de paz con los aliados pues veían que la guerra ya estaba perdida.
El 25 de agosto cayó París y una semana después prácticamente toda Francia estaba liberada y los aliados no emprendieron la ofensiva final sobre Alemania hasta finales de verano del '44, sobre todo por temor a posibles problemas de abastecimiento.
En invierno de 1944 los alemanes lanzan una contraofensiva que los aliados rechazan, para volver a tomar la iniciativa en enero de 1945 cuando empiezan su marcha hacia el Rhin, que combinan con bombardeos de todas las ciudades importantes.
Mientras, en el frente este los rusos también prosiguen su avance hacia Berlín y eso hace que muchos soldados alemanes se entreguen a los aliados occidentales para evitar caer en manos soviéticas.
El 4 de febrero de 1945 Churchill, Stalin y el presidente de EE.UU., Franklin Roosvelt, sentaron en la conferencia de Yalta las bases para el futuro orden europeo. (EFE).
Rodrigo Zuleta