El 60 aniversario del Desembarco de Normandía, el gran símbolo del vínculo transatlántico, se conmemoró en momentos en los que las relaciones entre Washington y la "vieja Europa" están especialmente distantes por la guerra de Irak.
Cada diez años, los dirigentes de los países aliados se reúnen en Normandía para participar en la conmemoración del "Día D", en un recordatorio de la historia, los vínculos y la sangre vertida que comparten sus naciones.
Hoy esos vínculos sufren una extraordinaria tensión. Lejos están los días en los que el presidente Ronald Reagan, en 1984, evocaba ante las playas de Normandía el "lugar donde Occidente se mantuvo unido".
Las relaciones entre EE.UU. y aliados como Francia y Alemania, que en su día se opusieron enérgicamente a la guerra de Irak, no se han recuperado en el año transcurrido desde la invasión.
El hecho de que no se hayan encontrado armas de destrucción masiva -la principal justificación del conflicto- ha aumentado la percepción en Europa de que la invasión fue un error. Y Washington aún se siente dolido por no haber podido contar con algunos aliados más importantes en lo que considera una pieza clave de su guerra global contra el terrorismo.
La conmemoración del desembarco llega en un momento crítico para Bush. Si hace un año, la campaña en Irak había parecido un paseo militar -y nunca mejor dicho-, hoy la guerra en el país árabe, que ya ha costado más de 800 vidas estadounidenses, se ha convertido en su principal dolor de cabeza.
El presidente de EE.UU. necesita recabar apoyos en el exterior, tanto económicos como militares. Por ello promueve una resolución en la ONU que legitime al gobierno interino en Irak y que ponga bajo el patrocinio de Naciones Unidas la fuerza internacional desplegada en el país árabe, que seguirá bajo mando de EE.UU.
Bush utilizó el viaje a Normandía para pedir esos apoyos, como lo hará durante la cumbre del G8 en Sea Island (Georgia, EE.UU.) la semana próxima y en su desplazamiento -de nuevo a Europa- a finales de este mes, para participar en la reunión de la UE en Irlanda y de la OTAN en Turquía.
Macarena Vidal