Hilda Molina, Cuba y la República Argentina
Como contraoferta el régimen isleño invitó a los familiares de la prominente médica para que viajen a Cuba. La propuesta comunista fue muy mal recibida por la cancillería argentina, pero los primeros en rechazarla fueron los parientes de la doctora Molina, quienes temen no poder volver a nuestro país y no están dispuestos a someterse a los caprichos del déspota.
El tema, no bien se le presta un poco de atención, rebasa lo episódico y toma la dimensión de una flagrante evidencia acerca de la naturaleza del régimen que domina -desde hace más de 40 años- las vidas de quienes habitan la isla de Martí.
Resulta inadmisible que un sistema político no permita a sus ciudadanos salir del país, y resulta francamente repulsivo que esta prohibición se aplique a dos mujeres enfermas -una de ellas de 86 años-, que no son militantes activas ni representan un peligro para el régimen castrista.
Pero lo que más sorprende es que un trámite que en un país normal sería un episodio cotidiano, una rutina burocrática casi intrascendente, en Cuba ocasione un escándalo y coloque en una situación muy incómoda las relaciones diplomáticas con la Argentina.
Hilda Molina, como dijimos, es médica y su disidencia con el régimen es reciente. Como profesional siempre fue ponderada por los servicios prestados y como ciudadana se desempeñó hasta hace poco como diputada en el remedo del Parlamento cubano. Sus diferencias con el castrismo fueron planteadas con sinceridad y en ningún momento fue acusada de saboteadora, terrorista o contrarrevolucionaria, imputación que el régimen cubano realiza a los opositores considerados peligrosos.
�Cómo se explica, entonces, la negativa al pedido humanitario de salir de Cuba para visitar a los nietos?, �cómo se entiende que el régimen ponga en peligro las relaciones con un país considerado amigo, como la Argentina?, �cómo es posible que por un tema menor Cuba coloque en zona de riesgo las relaciones con un gobierno que ha dado signos de muy buena voluntad con Castro?
La hipótesis de que la doctora Molina pueda ser un peligro para la salud del régimen significa faltarle el respeto a la opinión pública. Y sin embargo, contra toda lógica, contradiciendo el más elemental sentido común y normas políticas civilizadas, el régimen insiste en rechazar el pedido hecho por el presidente Kirchner y su canciller Bielsa.
Conductas de este tipo obligan a reflexionar acerca de la naturaleza de los regímenes totalitarios. Hanna Arendt, en su conocido libro sobre el tema, se refiere al componente delirante y paranoico de estos sistemas. Sus consideraciones acerca de la irracionalidad del orden totalitario constituyen un clásico y permiten entender determinadas actitudes que resultan inexplicables en un estadista.
Castro puede aceptar incluso que Molina no represente un peligro para su revolución, pero más que una historia personal lo que a él le importa es el principio de autoridad y, en todo caso, el antecedente que instalaría realizando una concesión de ese tipo.
Recordemos que hace unas semanas la presión internacional europea lo obligó a dejar en libertad a un puñado de disidentes. Para un dictador como Castro aceptar ahora el pedido del gobierno argentino representaría una señal de debilidad, que un sistema de esa naturaleza y un dirigente como Castro no pueden consentir.
Finalmente, lo sucedido debería provocar la reflexión de los políticos argentinos y muy en particular de su gobierno. Si el presidente Kirchner supuso que las consideraciones a favor del régimen castrista le permitirían en momentos como estos beneficiarse con un trato diferente, los hechos se encargaron de demostrarle su error. Fidel Castro es idéntico a sí mismo y sus seducciones diplomáticas no significan cambios, sino aprovechamiento de beneficios económicos o políticos.
Esta experiencia ya la han vivido la mayoría de los países latinoamericanos y europeos. La Argentina hace casi treinta años creyó en esos cantos de sirena y hasta el día de la fecha no hemos logrado que Cuba pague la deuda contraída. Es de desear que lo sucedido permita a las actuales autoridades reflexionar profundamente sobre lo ocurrido, máxime luego de las perturbaciones provocadas en la Cancillería y el consiguiente despido de altos funcionarios nacionales a causa del traspié diplomático.