Nostalgia en España

Señores directores: A todos los que hacen El Litoral les deseo que pasen unas felices fiestas y que el año nuevo traiga paz, salud y felicidad para todos.

Cuando llegué a España, en la zona donde vivo el único producto argentino que se conseguía era la yerba mate. En cuanto a las noticias de la Argentina, sólo nos llegaban a través de los compatriotas que nos escribían o nos visitaban. Los argentinos vivíamos una experiencia parecida a la que debió sufrir el general San Martín en su exilio. No piensen que yo llegué aquí cuando nuestro prócer se tuvo que exiliar. Yo vine muchísimo después. Legué a finales de 1976. Pero por fin nuestra situación de emigrantes argentinos abandonados ha cambiado. Y nuestros gobiernos han tenido un papel indiscutible en ese cambio. Su política exterior de apoyo a los emigrantes argentinos fue y es tan desastrosa e inexistente que nosotros, los argentinos que estamos en el exterior, nos las hemos tenido que arreglar de mil maneras para sentirnos más cerca de nuestra patria. Gracias a la ineficacia de nuestros gobiernos, miles de argentinos se han visto obligados a buscarse un futuro más o menos decente fuera de la tierra que los vio nacer.

Como consecuencia de esa salida obligatoria, los emigrantes forzosos han llevado nuestras costumbres a los países de acogida. Sin darnos cuenta, los emigrantes argentinos hemos hecho la labor que no han sido capaces de hacer nuestros gobiernos.

La cuestión es que el cariño que sentimos por lo argentino nos hace ser nostálgicos hacia las cosas de nuestra patria. Por eso, este año, los que residimos en España podremos calmar con más facilidad nuestra nostalgia anestesiándola con la ingesta de productos argentinos. Pan dulce, sidra, caña quemada, alfajores, dulce de leche, fideos, harina, yerba mate, chimichurri, ají molido, cerveza, dulce de batata y un largo etcétera se pueden encontrar en supermercados y en comercios especializados. Es decir que, una vez más, los argentinos del pueblo hemos promocionado nuestro país. Algo que no logran nuestros políticos, ni queriendo.

Mientras uno se va haciendo a la idea de no poder volver a su patria, por lo menos puede calmar la tristeza, con el consuelo de ver sobre la modesta mesa navideña algunos de los productos que contenían aquellas mesas de nuestra infancia, cuando la niñez nos hacía ver un futuro a largo plazo. Aquella mesa, en el patio de casa, rodeada de seres queridos, que hoy ya no están, tenía como protagonistas, además de la charla y las risas, la sidra y el pan dulce.

Por eso, estas Navidades, un trozo de pan dulce y una copa de sidra argentina pueden hacernos vivir aquellos recuerdos. Ya sé que alguien puede decirme que el pan dulce no es argentino, porque llegó allí por los italianos y la sidra por los españoles. Carlos A. Ochoa Blanco. Asturias, España.