Editorial

Justicia y venganza

Omar Chabán debe ser juzgado pero no linchado. A él también lo incluye el principio de presunción de inocencia y nadie está autorizado a ejercer justicia por manos propias. La reflexión es pertinente porque en los últimos días han abundado declaraciones de familiares y manifestantes prometiendo venganza.

En primer lugar, hay que reconocer que existe una responsabilidad de ciertos medios de comunicación que en aras del rating no vacilan en alentar los instintos más primarios de la multitud e, incluso, la comisión de actos ilícitos.

La tragedia de Cromagnon debe investigarse para poner en evidencia las diversas responsabilidades que concurrieron en su desenlace; debe investigarse porque los responsables deben rendir cuentas a la Justicia y debe investigarse porque la verdad es siempre importante.

Las declaraciones de los principales actores del episodio y de los correspondientes testigos, permiten a la opinión pública conocer detalles y matices que no fueron tenidos en cuenta en su momento o a los que no se les prestó la debida atención. A primera vista está claro que en esta tragedia hubo muchas responsabilidades que alcanzan a funcionarios, empresarios y bandas musicales.

A esto hay que sumarle la actitud nihilista y autodestructiva de un sector del público que contribuyó con su conducta a que se desencadenara la tragedia, un comportamiento que no se tiene en cuenta o que se pretende disimular en nombre de las víctimas, cuando fue precisamente ese comportamiento el detonante de los acontecimientos.

Todo esto debe saberse; es importante que la opinión pública lo conozca y, precisamente, una de las grandes virtudes de un juicio público es que contribuye al conocimiento general de los actos de quienes aportaron de una manera u otra para que murieran casi 200 personas. Nada más justo que un juicio público, con todas las garantías que la Constitución establece y los medios de comunicación haciendo saber cuanto ocurre en el recinto del proceso.

A los actos irresponsables que hicieron posible Cromagnon, no debe sumarse ahora la venganza. Tampoco es justo que una tragedia sea el pretexto para ajustar cuentas políticas entre el oficialismo o la oposición, o que los extremos del arco ideológico supongan que se han creado las condiciones para la revolución o la restauración social.

Lo sucedido en Cromagnon es una tragedia concreta, pero también es un paradigma cultural. Lo ocurrido puso en evidencia la venalidad de los funcionarios, la corrupción de los empresarios; la inescrupulosidad de ciertas bandas musicales, que en su afán de mejorar la recaudación no dudan en generar riesgos potenciales con absoluta indiferencia respecto de las eventuales consecuencias, los comportamientos salvajes de ciertas franjas de la juventud y el oportunismo de un sector de la clase política.

El avance del juicio le permite a la opinión pública reconocer con nitidez todas y cada una de estas conductas. Sería deseable que el fallo de la Justicia atienda a todas estas variantes. Y que, por su parte, los ciudadanos -familiares incluidos- se hagan cargo de la responsabilidad que a cada uno le cupo en esta tragedia.