En el santuario de Gerés

San Benito, el santo más milagrero de Portugal

En el norte de Portugal, la veneración por San Benito atrae a peregrinos de toda Europa. Foto: archivo El Litoral. 

El santo que más milagros obra en Portugal, según sus fieles, es San Benito, patrón de Europa, cuyo santuario en la Sierra de Gerés, en el norte, es el más visitado del país por los peregrinos, después de Fátima.

Al pie de Gerés, en un espectacular paisaje verde y montañoso, está el santuario de Sao Bento da Porta Aberta (San Benito de la Puerta Abierta), que los fines de semana, sobre todo en verano, llega a reunir a 50.000 personas, incluso llegadas desde remotos lugares de Portugal o de la vecina Galicia (España).

En ciertas festividades, como la del propio santo, que se conmemora hoy lunes, el santuario llega a 100.000 visitantes, y según cálculos de su rector, el padre Adelino Costa e Sousa, las visitas anuales suman dos o tres millones.

Cuando le preguntan el porqué de tanta devoción, Sousa no duda y sostiene que "como se suele decir, es un santo de clínica general, o sea que cura todos los males".

Uno de los peregrinos, José María Antunes, de Famalicao, ratifica las palabras del rector y explica: "Yo nunca voy al médico, porque el mío es Sao Bento da Porta Aberta y a los 70 años gozo de una salud de hierro".

Cada vez que puede, Antunes acude al santuario y sigue el mismo ritual del peregrino: oración en la iglesia, vuelta, ramo de claveles, dos velas, una limosna y el beso a la imagen del santo para pedirle salud.

Los orígenes

El culto en este santuario a San Benito, cuyo nombre eligió el actual Papa para su reinado pontificial, se remonta a 1750.

Cinco años más tarde, en una carta del cura de la aldea de Río Caldo, a la que pertenece el santuario, ya se daba cuenta de las visitas de "muchos devotos" a la ermita consagrada al fundador de la orden Benedictina "por sus muchos milagros".

El actual santuario no se edificó hasta mediados del siglo XIX y desde entonces experimentó cambios para acoger al número creciente de romeros que acudían a pedir el final de las guerras y salud, siempre salud a raudales.

Dicen los peregrinos que ir a Sao Bento da Porta Aberta y no besar la diminuta imagen de San Benito es como ir a Roma y no ver al Papa, pero en días de gran afluencia se precisa mucha paciencia para aguantar la cola que pasa de mil personas para cumplir ese rito.

Flores y velas

Los claveles y las velas son la ofrenda más habitual, pero también los exvotos de cera para pedir por algún familiar enfermo. Algunos, para mayor sacrificio, caminan cien kilómetros hasta el santuario, situado en un paraje rico en agua, que forman cascadas y hasta un lago en el que se puede pasear en barca a remos.

Esa agua ayuda a confortar a quienes recorren a pie el más emblemático camino de montaña que conduce al santuario, el que va desde Senhora da Abadía al Alto de Formigueiro, que serpentea por el valle de Albufeira da Canisada.

Pero hay otras tres rutas para el peregrino: la de Galicia, la de Guimaraes-Povoa de Lanhoso y la de Vila Verde-Terras de Bouro.

Por todas ellas transitan sobre todo gentes llegadas de muchos lugares de Tras-os-Montes, la región en la que está el santuario, pero también vienen de las Beiras, del centro de Portugal y de la zona de Lisboa, y no faltan cada año miles de emigrantes lusos en Francia, Suiza o Luxemburgo.

Después del peregrinaje hay que reponer fuerzas, y si no se ha llevado merienda, nada mejor que regalarse un "cocido de feijao con couves" (judías con col) o unas truchas de montaña, acompañadas de vinos de la región, en algún restaurante local.

Nacido en Núrcia, en el centro de Italia, el 24 de marzo de 480, San Benito, autor de la "Santa Regla", resumida en el lema "Ora et labora" (reza y trabaja) murió un 21 de marzo de 547, fecha que el mismo pronosticó. Desde el siglo VIII comenzó a celebrarse su festividad el 11 de julio y en 1964 el Papa Pablo VI declaró a San Benito patrón de Europa.

Perfil

Abad, Patrón de Europa y Patriarca del monasticismo occidental; Lema: "Ora y Labora", representado emblemáticamente por la cruz y el arado. San Benito nació de familia rica en Nursia, Italia, en el año 480. Su hermana gemela, escolástica, también alcanzó la santidad. Fue enviado a Roma para estudiar la retórica y la filosofía. Desilusionado de la vida en la gran ciudad, se retiró a Enfide (la actual Affile), para dedicarse al estudio y practicar una vida de rigurosa disciplina ascética. No satisfecho con esa relativa soledad, a los 20 años se fue al monte Subiaco, bajo la guía de un ermitaño y viviendo en una cueva. Tres años después, se fue con los monjes de Vicovaro. No duró allí mucho, ya que lo eligieron prior, pero después trataron de envenenarlo por la disciplina que les exigía. Con un grupo de jóvenes, entre ellos Plácido y Mauro, fundo su primer monasterio en la montaña de Cassino en 529. Fundó numerosos monasterios, centros de formación y cultura capaces de propagar la fe en tiempos de crisis. Se levantaba a las dos de la madrugada a rezar los salmos.

Por Juan Frisuelos (EFE)