Desde el año pasado, un grupo de 15 trabajadores sociales recorren los puntos estratégicos de la ciudad más frecuentados por los chicos de la calle.
En las esquinas, en los semáforos y en los lugares que los niños eligen para trabajar y pasar gran parte del día, es donde están los asistentes cumpliendo el rol de "operadores de calle". Esta nueva figura se creó en el marco de los programas de acción de la Secretaría de Estado de Derechos Humanos en coordinación con la Secretaría de Estado de Promoción Comunitaria para abordar una problemática que surgió como tal hace aproximadamente siete años atrás.
La función del `operador de calle' es crear vínculos afectivos y de confianza con chicos que tienen entre 7 y 20 años a fin de conocer sus problemas, inquietudes y expectativas. La construcción de este nuevo espacio callejero tiene por objetivo crear un ámbito en donde los niños y adolescentes se sientan escuchados y comprendidos sin sacarlos del lugar que ellos eligieron para pasar gran parte del día.
El primer paso de este acercamiento es "restablecer la cuestión vincular. Son chicos pobres que han sido excluidos y sometidos a maltratos en forma permanente y esto los hizo desconfiados", manifestó Susana Figueroa, Directora Provincial de Políticas y Planeamiento de la Secretaría de Estado de Derechos Humanos.
La resistencia es la primera reacción de los chicos que ven a las operadoras como "agentes de control social" y es una actitud más frecuente en los de menor edad. En cambio, los adolescentes "son más abiertos porque se identifican bastante con las asistentes sociales" al no existir brecha generacional alguna.
Superar la barrera del rechazo es el principal desafío de las operadoras. El diálogo y la actitud franca son las principales herramientas que utilizan para ganarse la aprobación de los chicos de la calle.
La carta de presentación que las operadoras utilizan ante el primer contacto con los menores es la de trabajadoras sociales del estado. "Nunca hay que mentirles porque podés perder la confianza", afirmó Figueroa. Por eso les dicen "quienes son y cómo van a trabajar con ellos. Si les prometés que vas a estar a determinada hora en una parada, tenés que ir llueva o truene", agregó.
Las operadoras trabajan cinco horas diarias seis días a la semana pero permanecen en cada parada entre dos y tres horas para no obstaculizar el trabajo de los chicos. La relación que mantienen con ellos es flexible y la cantidad de tiempo que pasan juntos las definen los menores.
Una vez creado el vínculo, las asistentes llevan insumos para trabajar (papeles, colores y cubos) a fin de propiciar la expresión artística en los más pequeños. Los adolescentes, por su parte, prefieren integrarse a las murgas de distintas organizaciones sociales que hay en nuestra ciudad.
Aunque los temas y actividades que se realizan son planteadas por los chicos de acuerdo a sus necesidades e inquietudes, la Secretaría de Estado de Derechos Humanos también participa. Actualmente está gestionando la posibilidad de que los menores puedan pintar graffitis en paredes estatales.
Todas las acciones detalladas apuntan a disminuir la violencia que, por lo general, caracteriza a las relaciones entre la comunidad y los niños que están en la calle, reforzar el vínculo familiar existente e insertar la mayor cantidad posible de chicos en los centros de educación o recreación de día como paso previo de regreso al barrio.
El éxito de la experiencia se puso en evidencia en "el interés demostrado por los chicos en la calle que le piden a las operadoras que vayan a sus escuelas o que visiten sus hogares porque tienen algún problema", manifestó Figueroa.
En este sentido comentó que realizarán un seguimiento de los menores que se encuentran escolarizados a fin de evaluar su rendimiento escolar y, en el caso de los que optaron por no concurrir a las escuelas, la idea es brindarles herramientas de aprendizaje de un oficio en el campo de la educación no formal.
El Programa abarca las paradas de calle Perón e Iturraspe, la Terminal de Omnibus, toda la peatonal santafesina y los bulevares; zonas frecuentadas por el 50 % de los chicos en situación de calle (número que fluctúa entre los 200 y 300). Y a pesar de detectar "muchos niños y adolescentes en avenida López y Planes hasta llegar al Hospital Psiquiátrico no hemos podido abarcar territorialmente esos lugares por falta de gente", explicó Figueroa.
Afortunadamente, desde la Secretaría de Derechos Humanos creen estar cerca de concretar su meta de terminar el año duplicando el número de operadores de calle. La reciente firma del convenio con el Centro de Acción del Menor y la Comunidad (Camco) mediante el cual la institución sumará a sus asistentes sociales a la iniciativa, es el primer paso para lograr el objetivo de aquel organismo estatal.
En agosto jóvenes de entre 15 y 20 años de los barrios más carecientes de nuestra ciudad tendrán la posibilidad de participar del Programa Formación de Reporteros Populares que llevará a cabo la Secretaría de Estado de Derechos Humanos en virtud de un acuerdo que firmará con la Dirección de Educación Social Popular del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
En la primera etapa, serán 20 los adolescentes que durante un mes realizarán prácticas de lecto-escritura y recibirán los lineamientos básicos de periodismo para realizar reportajes en sus barrios. Las notas se editarán y transmitirán por las dos FM comunitarias de la ciudad, que se encuentran en los barrios Chalet y Santa Rosa.
Los informes realizados por los adolescentes reflejarán la realidad de los lugares donde viven y sobre todo las acciones positivas que desde esos espacios se emprenden. "La gente se ve reflejada en forma negativa por los llamados medios de comunicación masivos. Por eso, la idea es mostrar las cosas buenas que se están haciendo en los barrios, porque ser pobres no es sinónimo de ser delincuente", opinó Susana Figueroa.
En este sentido, las radios populares se constituyen en "verdaderos espacios de diálogo donde se construyen consensos sociales, se influye en las decisiones colectivas en torno de causas justas y se edifica lo público".
El fin último del programa es convertir a la comunicación en una herramienta de motivación que impulse a los jóvenes a estudiar y perfeccionarse.
María Sol Pogliani