ANALISIS
Adolescentes terroristas
Por Michel Moutot - AFP

Una nueva generación de activistas islámicos muy jóvenes, motivados por sentimientos de cólera y humillación, surge en Europa y constituye un quebradero de cabeza para las fuerzas del orden.

Estos jóvenes, muchos de los cuales han nacido en Occidente, y que no siempre están afectados por problemas de integración, se radicalizan, con frecuencia a espaldas de sus familias, a resultas de encuentros reales o virtuales por Internet, hasta que un día pasan a la acción.

A sus 18 años, Hasib Hussain, uno de los kamikazes de Londres que provocó la explosión en el autobús de dos pisos, fue descripto por los suyos como un "joven normal y cariñoso que no nos daba ningún problema".

"Desconocíamos sus actividades y habríamos hecho cuanto estuviera en nuestra mano para detenerlo", escribió su familia.

En Holanda, Yehya Kaduri, de la misma edad, pasaba sus noches metido en foros de Internet. "Estaba pegado al ordenador, metido en Internet. No sé lo que hacía exactamente", explicó su padre.

Su hijo amenazaba de muerte a los "enemigos del Islam (...). Dios nos ha dado el derecho de matar a este tipo de personas". Traicionado por sus mensajes, fue detenido en setiembre. Debajo de su cama infantil, se encontraron explosivos.

El 13 de julio, también en un cuarto de adolescente, la policía de Amsterdam encontró una bomba artesanal (un tubo de cartón cargado de pólvora y bolas de acero). El joven fue detenido, y la casa familiar fue registrada.

En toda Europa, el desmantelamiento de redes de voluntarios para la Jihad (guerra santa) antinorteamericana en Irak ha facilitado la detención de decenas de jóvenes, algunos apenas mayores de edad.

Marc Sageman, siquiatra, ex agente tratante de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) en Pakistán y autor del primer estudio sicológico y sociológico de los actores de la Jihad ("El verdadero rostro de los terroristas"), subraya que existe ahí "un aspecto generacional".

"Ya era el caso en Egipto con los medios islamistas radicales en los años 70: los hermanos y hermanas sabían que pertenecían a esos movimientos, pero los padres siempre se sorprendían de que un día no volvieran más a casa".

"Los padres que no vigilan las páginas web visitadas o los foros de discusión no saben nada de lo que sucede en la cabeza de sus hijos de 15, 16, 17 años", añade. "No cambian de apariencia, nada los traiciona. Es una vida totalmente virtual. Hasta el día que...".