Edición del Jueves 18 de agosto de 2005

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Edición impresa del 18/08/2005 | Opinión Opinión

Cartas a la dirección

Marosa di Giorgio

Señores directores: Ayer se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de la poeta salteña (salteña de Salto, Uruguay) Marosa di Giorgio, que sabemos cuenta con amigos y admiradores en nuestra ciudad, a la que visitó y en la que brindó memorables recitales, de los que dieron fe las páginas de El Litoral, donde en numerosas oportunidades se publicaron entrevistas y reseñas de sus libros.

Es por eso que sus familiares queríamos hacer extensivo a los santafesinos el recuerdo de esta fecha, y solicitar una oración en su memoria.

Poupée Savio.

Ciudad.

El gran ausente

Señores directores: En la vida de los pueblos, ocurren hechos trascendentes que quedan grabados inexorablemente en su historia. El 29 de julio del año 2000 debería ser recordado como una de las fechas más tristes de nuestro derrotero como Nación. En ese nefasto día se iba una de las mentes más lúcidas que ha dado la República Argentina; despedíamos al doctor René Favaloro.

Brillante científico, creador de un método revolucionario (by-pass) de enorme utilidad cuando se obstruyen las arterias del corazón. El nombre de René Favaloro dio vueltas por el mundo y en innumerables centros de altísimo nivel científico su capacidad fue distinguida largamente. Exponente cabal de nuestra cultura, llevó a la ciencia argentina a ubicarse entre las más importantes del mundo.

Humanista por excelencia, dedicó gran parte de su tiempo a analizar los graves problemas por los que atraviesan las distintas sociedades del planeta, las angustias, decepciones y frustraciones que padecen a diario nuestros semejantes.

Se interesó por estudiar las distintas formas de gobierno implementadas en el mundo entero, su influencia en el plano socioeconómico y su repercusión en el ámbito de la salud pública, arribando a conclusiones insospechadas y totalmente novedosas.

Consideraba al período actual como la "Era del Neofeudalismo", con las consiguientes implicaciones de pobreza y marginación de vastos sectores de la población, especialmente de países periféricos.

El trágico y lamentable final del doctor Favaloro nos conduce irremediablemente a reflexionar sobre qué tipo de país pretendemos, aquel del verde billete sospechosamente al alcance de nuestras manos, de la frivolidad e indignante corrupción de gran parte de nuestros gobernantes, de la presencia de espejitos de colores posmodernos (artículos importados) por doquier, de las ganancias colosales de afamados empresarios y personajes de la farándula depositadas en países extranjeros o el país serio en el cual la educación, la ciencia y la salud vuelvan a ocupar el lugar que jamás debieron perder.

René Gerónimo Favaloro, ígracias por todo!

Dr. Miguel Ángel Bravo.

Ciudad.





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