Derrame de benceno en el río Songhua en China

Baja la contaminación pero crecen críticas al gobierno

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Los niveles de contaminación del río Songhua a su paso por Harbin bajaron hoy, trayendo más calma a la ciudad, pero lo que no deja de aumentar son las críticas al secretismo que China adopta cada vez que hay un problema de salud pública.

La parte más contaminada de la masa de agua de 80 kilómetros de longitud que transporta benceno y nitrobenceno superó ya la ciudad de Harbin, aunque el problema continuará en el curso bajo del río y después en el río Amur, donde el Songhua desemboca.

La concentración de nitrobenceno, la más tóxica de las dos sustancias, es ahora de 0,07 miligramos por litro, unas siete veces más de lo considerado normal (llegó a ser hasta 30 veces más), mientras que el benceno ya alcanzó los niveles normales (0,0011 miligramos por litro, según mediciones realizadas hoy en Harbin).

Las autoridades confían en que el uso de carbono activo absorba parte de las toxinas, y que el agua descargada de embalses y afluentes del Songhua ayude a diluir los contaminantes antes de que lleguen a Rusia.

El suministro de agua corriente de Harbin, cortado desde hace cuatro días, volverá mañana, según prometió hoy el secretario general del Partido Comunista de China en Harbin, Du Yuxin.

Du aseguró que hasta el momento no se registró ningún caso de contaminación por benceno, pese a que los servicios médicos de la ciudad, la más poblada del noreste chino (9 millones de habitantes incluyendo suburbios) se prepararon para ese tipo de emergencia.

El benceno y el nitrobenceno se vertieron en el río tras la explosión de una planta de Petrochina (filial de CNPC, la mayor petrolera nacional) en la que murieron cinco personas, el 13 de noviembre.

Aumentan las críticas

Mientras la prensa oficial centra las responsabilidades en CNPC, cuyas acciones bajaron sensiblemente en las bolsas chinas, los medios independientes aumentan el nivel de las críticas a China por la gestión de éste y otros problemas de salud pública.

Como ocurrió con la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG) en 2003, el gobierno chino optó ante el desastre ecológico de Harbin por ocultar el problema a la población, al menos en los primeros días.

Sólo cuando miles de ciudadanos de Harbin comenzaron a huir de la ciudad, presos de pánico por el repentino corte de agua anunciado (ellos ignoraban las causas), Pekín accedió a revelar la contaminación del Songhua, que las autoridades conocían cinco días antes.

La situación fue peor en Songyuan, otra ciudad que utiliza el agua del Songhua para el consumo, donde las autoridades cortaron el agua durante siete días sin explicar nunca la causa.

Informaciones de prensa aseguraron que los vecinos de esa localidad y alrededores comieron pescado del río esos días, ignorantes del riesgo para su salud.

La desconfianza que vuelve a surgir hacia la falta de transparencia de China surge en un momento delicado, pues la comunidad internacional está atenta por el modo en que Pekín gestiona la epidemia de gripe aviar, y sigue habiendo temores a que oculte casos.

"El gobierno sigue adherido a la vieja práctica de mantener el secreto. Cuanto más alto estás en el escalafón, más sabes, pero la opinión pública no sabe nada", destacó el profesor Zhang Ming, de la Universidad Popular de Pekín, en declaraciones al independiente South China Morning Post.

Incluso la prensa oficial se atrevió a criticar la gestión, caso del popular China Youth Daily, o el China Daily, voz en inglés del gobierno.

Pánico y "rumorología"

Este último diario señaló que la desinformación trae pánico y "rumorología", como con el Sars (dichos sobre el cierre de fronteras), la gripe aviar (rumores en Internet sobre la muerte de 300 chinos por la enfermedad) o el actual desastre de Harbin (se habló de la llegada de un terremoto).

El Nanfang Weekend aseguró por su parte que las autoridades le obligaron a retirar un artículo de investigación sobre el incidente.

Ese tipo de censura suele ocurrir en China, pero los reporteros no suelen contarlo en sus páginas, lo que muestra que en esta ocasión la prensa china se muestra más desafiante hacia Pekín.

Al desastre del río Songhua se han unido en esta desafortunada semana otra explosión de una planta química en Chongqing (centro) (también hay temor a que haya causado vertidos de benceno, algo que se está investigando) y el seísmo que hoy afectó el este del país, causando la muerte de 14 personas.

EFE