Bochornos y correctivos de la democracia

En estos días, Eduardo Lorenzo "Borocotó" y Carlos Menem se aprestan a ingresar al Parlamento. Los rumores acerca de supuestas impugnaciones no se confirmaron, aunque no se descartan denuncias hacia el futuro. Tanto "Borocotó" como Menem tienen causas judiciales pendientes y habrá que ver cómo resuelve la Justicia estos expedientes.

El criterio que predominó entre los legisladores fue correcto y es el que mejor se adapta a lo que sostiene la legislación nacional e internacional. Al respecto, se considera que lo que impide acceder a una banca es una condena firme y no un procesamiento en donde sigue manteniendo validez el principio de la presunción de inocencia.

Las consideraciones son prudentes y razonables. Basta imaginar los riesgos que representaría para el sistema político un precedente que impidiese a un legislador elegido por el voto popular acceder a la banca porque tiene una causa abierta. Atendiendo a las características de la política criolla y a la avidez de poder de los gobernantes, la tentación de encausar a políticos opositores estaría a la orden del día.

Aclarado el aspecto jurídico del tema y protegidas las correspondientes garantías políticas, se impone otro tipo de evaluación, relacionado no con la legalidad, sino con la legitimidad de ciertos procedimientos. Tanto "Borocotó" como Menem son dirigentes cuestionados moralmente y este tipo de impugnación trasciende los aspectos puramente jurídicos.

A la opinión pública, cuyas consideraciones no se agotan en las prescripciones del Código Penal, le resulta sospechoso y hasta desagradable que dos políticos que se han valido de artimañas legales para eludir disposiciones vigentes, asuman orondamente sus cargos en el Parlamento en el carácter de representantes de la ciudadanía.

En el caso de Menem, sus causas están pendientes, pero la sociedad recuerda su desobediencia a la ley expresada en su negativa a presentarse ante la Justicia. Durante meses el ex presidente estuvo, de hecho, fugado, invocando una opinable persecución política. Su estadía en Santiago de Chile pretextando una enfermedad y otras excusas por el estilo fueron, en el más suave de los casos, inconsistentes.

Respecto de "Borocotó", el escándalo que provocó su abrupto cambio de lealtad política fue comentado con detalles por la prensa seria y su conducta, considerada como el paradigma del político tránsfuga, del político que se aprovecha de ciertas zonas ambiguas de la ley para operar en nombre de su exclusivo interés particular.

El caso de estos dos señores contribuye a hacer menos creíble la política por parte de una opinión pública que tiene buenas razones para desconfiar de la moral de algunos de sus dirigentes. Como contrapartida, el hecho de que estas conductas hayan adquirido estado público y la sociedad pueda debatirlas y criticarlas es un síntoma positivo. Y confirma la idea de que, con las libertades que ella garantiza, la democracia es, por un lado, un sistema que reposa sobre valores éticos y, por el otro, sigue siendo el mejor reaseguro para poner límites o controlar los excesos y las tramas que se urden desde el poder o desde los círculos relacionados con el poder.