Las encuestas, en Perú, proyectan a Ollanta Humala como futuro presidente. Militar, nacionalista, indigenista, antinorteamericano (por lo menos de la boca para afuera) su creciente popularidad parece inscribirse en esta singular ola de nacionalismo que invade a América latina y, muy en particular, al cono sur.
Humala es un militar con cierta formación académica y conocimientos actualizados de teoría política. El hombre adquirió notoriedad cuando en octubre de 2000 él y su hermano intentaron levantarse en armas contra el gobierno de Alberto Fujimori. La sublevación fue sofocada pero lo que perdió en el campo militar se ganó en el terreno político.
Cinco años después quien está preso es Fujimori y quien tiene muchas posibilidades de llegar a la presidencia es Humala. El gobierno nacional en su momento se negó, o no pudo, castigarlo o pasarlo a retiro y, como se suele hacer en estos casos, lo premió con una designación en la embajada de Francia que él supo aprovechar muy bien.
Por lo pronto, hace unos días inscribió a su partido en la Justicia electoral y aseguró estar dispuesto a gobernar para todos los peruanos. Su convocatoria amplia llamó la atención porque hace unos meses reivindicó un Perú sólo para los cobrizos, aunque los periodistas interpretaron esas palabras como una concesión a sus paisanos y a sus propios familiares que militan en la misma causa e incluso sostienen posiciones más radicalizadas.
Indigenista o no, Humala ha demostrado con su experiencia que el poder lo atrae y lo seduce como a cualquiera. En principio, su candidato a vicepresidente es Gonzalo García, ex director del Banco Central y no demasiado preocupado por las reivindicaciones indigenistas. Sus declaraciones de los últimos días han sido tan suaves que su padre Isaac le llamó la atención sobre su tendencia a contemporanizar con el poder real.
De todos modos a Humala no le será sencillo llegar al poder. La candidata con más votos hoy en Perú es la socialcristiana Lourdes Flores Nano, pero ni ella ni Humala están en principio en condiciones de superar el cincuenta por ciento de los votos que exige la ley electoral, por lo que lo más probable es que haya una segunda vuelta prevista para mediados del año entre la candidata mujer y el candidato indio.
Flores tiene aspiraciones reales de ser la primera mujer presidente de la historia de Perú. Si las calificaciones ideológicas tienen alguna importancia, lo que se puede decir de ella es que pertenece a la derecha política y que defiende la economía de mercado. Su propuesta parece estar en las antípodas de las de Humala, pero en estos temas nunca conviene hacerle demasiado caso a las cuestiones ideológicas, no porque no sean importantes, sino porque los dirigentes no creen demasiado en las fórmulas teóricas que ellos defienden en las campañas electorales.
Álvaro Vargas Llosa ha calificado a Humala con los peores términos. Para el hijo del escritor, el candidato indio reúne los peores vicios de la derecha y de la izquierda autoritarias. Se dice que es un aventurero, un improvisado y un hombre que no tiene la menor idea de lo que hay que hacer para gobernar. Algo parecido se decía en su momento de Chávez y de Morales. Sin ir más lejos, algo parecido también se decía de Fujimori.
En todos los casos, lo que es evidente es que los gobiernos de tradición liberal y democrática han fracasado o no han sabido dar las respuestas que reclama la sociedad. Los Chávez, los Morales, los Humala o los Gutiérrez, llegan o están cerca del poder no tanto por sus virtudes sino por las fallas, los vicios y las ineficiencias de los gobernantes supuestamente capacitados para gobernar.
Queda claro que el responsable de esta emergencia populista es, en primer lugar, Estados Unidos de Norteamérica. No se trata de simplificar los problemas o de proyectar las culpas al exterior, pero admitamos que si el imperio es una realidad ese imperio influye para bien o para mal en el desarrollo de los pueblos. Convengamos entonces que las políticas de los últimos gobiernos yanquis no han ayudado a consolidar ni al desarrollo ni a los gobernantes afines a la cultura occidental.
La guerra de Irak, a Estados Unidos los ha desprestigiado política y moralmente, pero, como objetivo no deseado, esa guerra ha contribuido a fortalecer a Chávez, porque desde que se inició la guerra el barril de petróleo llegó a los sesenta dólares transformando al caudillo de Venezuela en uno de los gobernantes más ricos de América.
Perú hoy tiene un porcentaje de pobres e indigentes que supera el cincuenta por ciento del total de la población. La gran promesa liberal que fue Alejandro Toledo, llega al fin del gobierno desprestigiado y solitario. La otra alternativa en clave liberal-populista que fue Fujimori está preso en Chile y sus principales colaboradores también están entre rejas o fugados.
Alan García ha recuperado algún consenso luego de que su presidencia lo dejara con un bajísimo índice de popularidad, pero nadie cree en serio que el dirigente del Apra pueda llegar a ser presidente de Perú. Humala por lo pronto ha dicho que quiere ser presidente, aunque no sabe muy bien qué es lo que hay que hacer en el gobierno.
En otros tiempos, esta confesión hubiera asegurado su derrota electoral; es probable que ahora la misma confesión despierte el deseo de votarlo en un pueblo resignado, derrotado y que se ha acostumbrado a dar su adhesión a candidatos seducidos con propuestas que en lugar de prometer el todo se solazan prometiendo la nada.