Signos positivos en la política exterior

En los últimos días, la política exterior de la Argentina ha mostrado síntomas positivos. Necesidades estratégicas que habían quedado relegadas por el año electoral cobran nueva fuerza. Y el profesionalismo diplomático parece desplazar progresivamente al voluntarismo político.

La designación de Jorge Taiana como ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina, en reemplazo de Rafael Bielsa supuso un cambio significativo en el perfil de las decisiones del Poder Ejecutivo Nacional. Más allá de los nombres propios o de las valoraciones personales, significó el retorno al Palacio San Martín de un hombre de la carrera diplomática, que se ha capacitado específicamente para articular al país con el mundo a través de una paciente e inteligente red de relaciones.

El secretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos, Thomas Shannon -un hombre que también tiene un perfil más diplomático que el de su antecesor, Roger Noriega-, ha encontrado en el nuevo canciller un lenguaje en común y la decisión de apoyar las relaciones más en los puntos de consenso y cooperación que en las diferencias.

La Argentina necesita inversiones para dar sustentabilidad a su crecimiento, y Estados Unidos es un actor del que no se puede prescindir en esta materia. El país puede defender su soberana decisión de no incorporarse al Alca si no se verifican las condiciones necesarias para proteger su producción, su mercado y sus trabajadores, pero también puede defender sus intereses sin necesidad de ufanarse teatral e inútilmente ante la nación más poderosa del mundo.

El reciente paso del canciller argentino por Brasilia también puede medirse con saldo provisional positivo. Antes de abandonar la administración Kirchner, Roberto Lavagna venía confrontando con las autoridades del país vecino para que no ahogara la recuperación de la industria nacional. Tal vez la amenaza uruguaya de un acuerdo bilateral con los EE.UU. haya convencido al socio más poderoso del Mercosur sobre la necesidad de no perder relaciones estratégicas. Pero, en todo caso, la gestión de Taiana parece haber acertado la oportunidad para acelerar acuerdos productivos y comerciales que corrijan situaciones desventajosas para la Argentina.

Las gestiones hacia adentro con la UIA para promover la venta de producción argentina en el exterior o los intentos de recomponer las afectadas relaciones con Francia para lograr que Jacques Chirac incluya a Buenos Aires en su próxima visita al Cono Sur son otros títulos que se suman a la lista de síntomas saludables que se vienen verificando en la Cancillería y, seguramente, correlatos políticos de decisiones de la Casa Rosada.

En el presente globalizado, las decisiones políticas que vinculan al país con el mundo, así como los articuladores de esa gestión, son factores decisivos para el éxito del país. A la Argentina le ha costado -y le costará- un sacrificio tremendo su reinserción en el mundo. Por lo tanto, ese gran esfuerzo no se debe dilapidar.