Dentro y en los límites de Villa María Selva, tres jóvenes de 16 años perdieron la vida en dos accidentes de tránsito ocurridos casi con un año de diferencia. Yesica, Diego y Rubén Darío fallecieron. En el primero de los casos, en un accidente de diciembre de 2004 con el deceso en enero de 2005, y en cuanto a Diego y Rubén Darío, que iban en bicicleta, hace unos pocos días.
No sólo hay una misma edad y una misma zona geográfica de la ciudad, también han generado estas muertes la reacción de sus familiares para una cruzada tanto de justicia como de alerta de conciencia sobre lo que está ocurriendo en Santa Fe.
Las cifras de muertes por accidentes de tránsito en nuestra ciudad y en el gran Santa Fe deberían generar alarma ya no sólo entre las autoridades competentes (e incompetentes), sino en todos los que componen el conflictivo mapa del tránsito en la ciudad.
Desde los vehículos de gran porte hasta el más débil de la escala -el peatón- deben comprender que se está frente a un serio problema que debemos atender con premura. Los nombres de Yesica, Diego y Rubén Darío son los tres que generaron una mayor intervención en la prensa, pero no son los únicos ni serán los últimos.
Hasta el momento, todas las campañas que intentan despertar conciencia en la ciudadanía no han satisfecho la necesidad que existe de bajar los números de accidentes que, además, no son sólo una simple estadística. Es momento de que haya medidas más duras para que las conductas se encaucen. No alcanza con que algunos inspectores esperen en la vereda del hospital Iturraspe alguna mala maniobra desde avenida Perón o que se aposte a otro par para ver quiénes se equivocan o ignoran la compleja semaforización de Alem y 27 de Febrero. No alcanza con la represión permanente con el ticket del SES vencido o sin ticket. Es momento de articular políticas activas para que estas muertes acaben.