La jefa de policía de la provincia admitió que son un flagelo

Leyla Perazzo negó una ola de asaltos


La funcionaria negó que en la ciudad existan zonas liberadas. Pero reconoció que los delitos menores contra la propiedad son una materia pendiente de la institución. Evaluó como eficiente el accionar de las fuerzas, y consideró un "mérito" que el nivel de robos calificados haya sido el año pasado, igual que en 2004.

Ivana Fux

Ocho asaltos a locales comerciales: un ciber, una sucursal de correo, un video club, una farmacia, un corralón y tres panaderías y otros más en algunos domicilios particulares. Todo, en menos de 48 horas, en el centro y en las principales avenidas de la ciudad. Así debutó Santa Fe en 2006.

Sin embargo, Leyla Perazzo negó estar ante la presencia de una ola de asaltos.

"Creo que los hechos que se sucedieron no pueden calificarse como ola de robos porque no escapan de las estadísticas normales. Simplemente se dieron en una zona que marca una mayor repercusión pública", opinó.

En diálogo con El Litoral, la jefa de Policía de la provincia negó también que existan en la ciudad zonas liberadas. "Descártelo. La policía trabaja con mayor o menor eficiencia, pero en todos los sectores", dijo.

Sin embargo, reconoció que la lucha contra los delitos menores son una de las materias pendientes de la policía. "El delito menor es un delito que consideramos como la asignatura pendiente y que demanda una tarea diaria de la policía. Pero esto no quiere decir que no se esté haciendo un durísimo trabajo", subrayó.

También admitió que estos ilícitos son "un flagelo", y que la lucha diaria para combatirlos es "la tarea más difícil" que hoy tienen las fuerzas.

"No se trata del robo ejecutado por bandas, sino por personas que salen a la calle en busca de dinero a cualquier precio. Los medios no importan. Entonces, lo que antes podía ser la acción de un carterista, ahora puede terminar en un homicidio. Y eso genera temor".

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No hay fracaso

A propósito de temor, en su edición de ayer, El Litoral advertía que en 2005, el número de robos calificados en la ciudad se mantuvo invariable respecto de 2004. Pero Perazzo no interpretó esto como un fracaso.

"Haber logrado que los robos no aumentaran es un mérito; implica un duro trabajo de la policía. En seguridad no se puede hablar de fracaso; sería un fracaso de toda la sociedad. La policía actúa contra las consecuencias y también preventivamente, pero no puede actuar contra las causas".

La funcionaria admitió que estos hechos "inquietan a la población y la ponen en zozobra", pero volvió a defender la acción policial.

"Yo considero que el trabajo de la policía ha sido eficiente. También creo que mientras no se pueda mantener a la población tranquila, hay una deuda pendiente, sin que tengamos que hablar de fracaso. La policía hubiese fracasado si tuviéramos la ciudad llena de asaltos a bancos o si los robos calificados hubiesen aumentado. La deuda existe porque nuestra obligación es optimizar los recursos para que los delitos vayan descendiendo, pero hay que darle también a la policía el reconocimiento social que merece. Reconozco la deuda pendiente, pero las causas de esos delitos no son imputables a la policía; la policía no crea cultura, no genera comportamientos humanos. Y no crea que esta estabilización me conforma -aclaró-; yo quisiera bajarla, pero también le tengo que dar a los policías el aliento necesario y el mensaje de que lo que ellos hacen es positivo".

Estadística cero

Perazzo advirtió que en materia de delito menor "no hay ninguna posibilidad" de lograr índice cero. "Eso no lo vamos a tener nunca. Pero sí estamos en condiciones de trabajar más duramente para bajar los niveles actuales". En tal sentido, confió en que la incorporación de motocicletas pueda facilitar el desplazamiento en las zonas comerciales. También, que la reagrupación de la policía montada, pueda agilizar el acceso a zonas que no tienen pavimento o con ingresos limitados.

Pero más allá de la logística, interpretó que, fundamentalmente, la policía debe prepararse para afrontar los cambios que se dan como sociedad.

"Hoy asistimos al fenómeno de jóvenes y adolescentes que no tienen cultura del trabajo ni instrucción, y eso repercute socialmente. Tenemos también la violencia transversal diaria, que afecta a todos los sectores más allá de los recursos, desde una agresión hasta los accidentes de tránsito. Todo esto le demanda hoy a la policía gran parte de su capacidad operativa"

Del mismo modo, reclamó una contrapartida de la población.

"La gente debe aprender a medir los riesgos. Que la policía haga su trabajo y el vecino contribuya con una conducta cauta; que se reúna con las fuerzas y cambien opiniones. Ésa es una de las condiciones esenciales para tener un sistema de seguridad aceptable", concluyó.

Pobreza y empleo

Para la jefa de la Policía provincial, el número de robos está vinculado con la situación socioeconómica de la población.

"Hay que tener presente que en toda la República Argentina y en toda América latina, la estadística de los delitos menores contra la propiedad es inversamente proporcional al ingreso per cápita. Es decir, cuanto mayor nivel de ocupación hay, más bajo es el nivel delito. Si el empleo es menor, crecen el hurto simple, el domiciliario. Esto es una constante. La situación socioeconómica incide directamente en el accionar delictivo. Y de esto debe tener pleno conocimiento la policía para poder neutralizar estas situaciones que se plantean a diario", señaló.

Mercado negro y armas secuestradas

"No tenga dudas de que el arma que se roba ingresa a un circuito ilegal de comercialización. Lo mismo que las que se le sustraen a los policías". De esta forma, Leyla Perazzo reconoció la existencia de un mercado negro de armas, que suele facilitar su acceso tanto a menores, como delincuentes o simplemente civiles.

Utilizadas en robos calificados y cada vez con mayor frecuencia en conflictos vecinales o hasta familiares, llevaron al actual gobierno a impulsar una especie de "cruzada" para barrerlas de la población.

De hecho, las estadísticas sobre su secuestro son recurrentes. Ayer, por ejemplo, se informó que sólo en la primera quincena del corriente mes se incautaron 97 en toda la provincia.

Perazzo no desmereció este trabajo pero reveló que los secuestros en la provincia tienen una particularidad: "Las armas que la policía incauta son viejas; tienen poder destructivo porque matan, pero no tienen nada que ver con las modernas. Por lo general, las que se encuentran son armas maltratadas, arregladas para que funcionen, con muy poco uso, que tal vez la gente tiene en los domicilios y no las utiliza... Ésas son las características de las armas que se secuestran".

Además, reconoció que no puede medirse la implicancia de estos operativos ya que "nunca podemos saber exactamente cuántas armas hay en poder de la población, justamente porque no están registradas".

Para la funcionaria, también aquí influye la colaboración que la población pueda prestar al sistema de seguridad.

"Cuando usted tiene un arma en su casa, debe tenerla en condiciones de seguridad para que nadie se apodere de ella, ni desde la familia ni desde afuera, porque de lo contrario, se está reproduciendo el mercado". Al respecto, recordó una experiencia de años anteriores que resultó exitosa. Sobre la base de las normas vigentes y registros de tenencia y portación de armas, fueron citados administrativamente aquellos titulares que no habían renovado sus credenciales. "Mucha gente cuando venía directamente entregaba el arma. Así, en tres años, logramos recuperar cerca de tres mil".

La funcionaria confió en que las recientes reformas al Código Penal puedan servir para combatir el mercado negro y para desarmar a la población.

"Esta nueva legislación implica que la simple tenencia, sin estar legalizada, puede constituir delito. Eso puede ayudarnos a hacer un control mucho más eficiente", opinó.