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Edición impresa del 21/01/2006 | Revista Nosotros Nosotros

De Raíces y Abuelos
Antiguas pasiones que vuelven a encontrarse
La promoción de la cultura unió a dos hombres hace más de 50 años. Actualmente, sus hijos y nietos continúan la amistad que aquellos iniciaron. El recuerdo del Teatro Municipal 1° de Mayo fue el tema que reunió, en el 2005, a sus descendientes en nuestra ciudad. textos de Mariana Rivera

Gerardo Uhlfelder había nacido en Alemania pero llegó a la Argentina a los 15 años. Después de realizar diversos trabajos en Buenos Aires se dedicó a la representación de artistas internacionales en toda Latinoamérica, a través de su empresa Organización de Conciertos Gérard.

Libio María Chiani se desempeñaba en la Secretaría de Cultura de nuestra provincia en la década del '50. La vida y sus profesiones unieron a estos hombres, que promovieron y ejecutaron la actividad cultural en nuestra ciudad.

Pero esa relación no se mantuvo sólo por sus responsabilidades, sino que trascendió y se tornó en una amistad, incluso que se conserva aún hoy, a través de sus descendientes, dos generaciones después.

Silvio Uhlfelder, hijo de Gerardo, llegó a nuestra ciudad el 29 de setiembre del año pasado -tras algunos días de viaje desde la ciudad donde actualmente vive, San Petersburgo, Rusia- para cumplir un sueño de su madre, Ruth Grünewald, quien reside en Alemania.

Ella quería donar algunos ejemplares del libro escrito en 1990 por su esposo titulado "Allegro ma non troppo", de Editorial Galerna, en el que -además de relatar interesantes aspectos de su vida como empresario artístico- hacía referencia a los Festivales de la Música que se desarrollaban en la década del '60 en el Teatro Municipal 1° de Mayo de nuestra ciudad, de relevancia a nivel mundial.

Enterada de los actos que se iban a organizar con motivo de los festejos del centenario del teatro, decidió hacer esa donación a la Biblioteca Municipal Profesor Enrique Muttis, para que integren su patrimonio cultural.

Cristián Chiani, hijo de Libio María Chiani, fue el encargado de hacer la entrega formal de los ejemplares a la biblioteca, acompañado por su amigo Silvio Uhlfelder. Ambos continúan la amistad que iniciaran sus padres hace más de 40 años y, a su vez, sus hijos la prolongan.

Amistades por generaciones

"Mi padre tuvo mucha relación con Santa Fe. De chicos, veníamos a pasar las vacaciones a la casa de los Chiani y nadábamos en el Salado, en Santo Tomé. Conocí la vida de lo que era una familia en el interior y las costumbres diferentes que se tenían en relación a las de Capital Federal. Era tratado en ese ámbito familiar no como la visita, pasajero en tránsito, sino como uno más en ese ambiente. Me sirvió para enriquecer en cierta manera mi horizonte cultural", admitió con nostalgia Silvio.

Gerardo y Libio se conocieron a fines de los años 50, cuando el segundo se desempeñaba en la Secretaría de Cultura. Silvio Uhlfelder recordó que "hacía falta la importación de cultura a Santa Fe y el responsable fue Libio María Chiani. Por la otra parte, estaba mi padre, que exportaba los artistas de la Capital".

Y continuó: "Uno desarrollaba y el otro procesaba y se generó un balance apropiado. Era importante porque a la cultura en muchos países no se le da la importancia que se le debería y si esto ocurre sólo se concentra en la capital. Lo importante es hacer crecer y también crecer económicamente una parte del interior de un país. Veo a la cultura como la base para el desarrollo de una futura generación pero también como un factor económico".

Por eso, destacó que "nuestros padres se relacionaron a través de la profesión: la música los unió, y se creó el contacto entre Cristián y yo, y también con el hijo de él que vive en Alemania".

Un recuerdo, el teatro

Respecto al libro escrito por su padre, Silvio Uhlfelder recordó que "mi padre escribió durante muchos años esta experiencia laboral y su biografía y quedaban algunos ejemplares que se llevó mi mamá cuando se fue a vivir a Alemania, hace aproximadamente 14 años, luego de la muerte de mi padre. Cuando se enteró el año pasado por Cristián que iba a haber este evento le dijo que tenía estos libros y que sería un buen motivo para donarlos a la biblioteca".

Opinó que "el libro servirá para mucha gente y se podrá ver qué se ha hecho por la historia cultural de la música en la Argentina y no dárselo a una persona de regalo, que lo puede leer una vez, lo guarda en la biblioteca (más como decoración, quizás) y no lo vuelve a leer. Estando en este lugar tendrá un efecto multiplicador y será más útil que en manos de una persona".

Aseguró que le dio mucha satisfacción participar del acto en el Centro Cultural Municipal, donde funciona la Biblioteca Muttis, "porque no esperaba toparme con muchos elogios a mi padre. Creí que era un evento más concentrado al Teatro Municipal 1° de Mayo pero se dio vuelta. Fue una de esas sorpresas agradables que uno no cuenta. Hubo que hacer los esfuerzos necesarios para marcar presencia y vuelvo con un recuerdo de esos que nunca se borran, que marcan historia".

Por su parte, Cristián Chiani destacó un hecho muy particular que suele hacer la madre de Silvio, Ruth, cuando viene a visitar Santa Fe. "Se paseaba por las iglesias del casco histórico y después inexorablemente pasaba por el Teatro Municipal, cada vez que tenía oportunidad de estar en la ciudad".

"Sólo quería verlo, en silencio, como un momento de recogimiento. Se despegaba de mi brazo y la dejaba que gozara de ese encanto. Era algo muy particular en esta persona que vivía en un sitio tan lejano, el hecho de que estuviera tan cerca de los santafesinos", dijo Chiani. Completaba el paseo visitando el Templo Nuestro Padre San Francisco, el Museo Histórico, el Templo de los Dominicos, la Iglesia Nuestra Señora de los Milagros y siempre el Teatro Municipal 1° de Mayo.

Aportes a la cultura

El padre de Silvio era empresario de artistas y su área de acción era la Argentina y después se fue extendiendo a toda Latinoamérica hasta el Distrito Federal de México. Fue el encargado de llevar al primer grupo de bailarines de tango a Japón, a fines de la década del 60, además de promover el intercambio de músicos americanos y europeos.

Cristián Chiani recuerda con mucho afecto al padre de su amigo Silvio, en especial por sus cualidades humanas y profesionales. "Gerardo era la cabeza de la organización de conciertos de Buenos Aires y tenía una especie de solidaridad y gentileza que jamás se vio", comentó.

Y contó una anécdota: "Recuerdo muy someramente porque era muy joven algo que me había impactado muchísimo de él: cuando traía una filarmónica a Santa Fe, estaba en el aeropuerto de Sauce Viejo y decía que si podía hacer un espectáculo, además del previsto en el Teatro Municipal, el primer centro donde iban a converger todos aquellos posibles auditores de la velada, él los iba a trasladar sin mayor lucro a otros lugares de la provincia, quizás a pérdida".

Y continuó: "En esos lugares quizás nunca hubieran tenido la posibilidad de presenciar un espectáculo similar. Esos gestos de grandilocuencia y generosidad son únicos. Además, no era fácil encontrar un piano de cola en una pequeña localidad y había que salir a buscarlo. Mi padre lo hacía y lo encontraba en alguna estancia. Tampoco había alojamientos acordes para los músicos pero igual llegaban. Se aprovechaba el viaje para hacer estas recorridas".

La cuna de la cultura

San Petersburgo. Silvio Uhlfelder confesó que tiene "una vida de gitanos, de aquí para allá", ya que residió en varias ciudades del mundo. Actualmente vive en San Petersburgo, "la cuna de la cultura en Europa", como la definió, ya que es "cuna del ballet, de la ópera, de la orquesta (tiene seis orquestas sinfónicas), teniendo en cuenta el dinero que significa mantenerlas".

Trabaja en la aviación comercial para una compañía aérea y se dedica voluntariamente a la rama de la cultura, quizás siguiendo la tradición familiar.

En relación a la ciudad donde actualmente reside, explicó que "es muy difícil en pocas palabras contar lo que esa ciudad ofrece culturalmente. Por ejemplo, un día, dos teatros ofrecían al mismo tiempo El Lago de los Cisnes, lo que demuestra el hambre por la cultura que hay, que fue incentivado por el gobierno en las épocas soviéticas y el pueblo continúa teniendo acceso a ella".

Sin embargo, aclaró que es enorme la diferencia de precios que pagan por el espectáculo, un ruso y un extranjero.





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