Al margen de la crónica
Escenas de la vida cotidiana

Uno. Juan es un chico enamorado. Hace unos meses conoció a Victoria y, desde entonces, las mariposas no dejan de revolotear en su panza y las fantasías conquistaron sus pensamientos.

Después de dedicarle poemas y canciones, quiso inmortalizar su sentimiento en un graffiti. "¿Qué mejor lugar que la plaza que está cerca de su casa?", pensó. "Vico estremeces mi mundo" con un corazón de aerosol rojo, quedó estampado en un monumento visible.

Dos. La señora Marta no está para bienes. Intenta repartir el tiempo entre el trabajo, los chicos, el marido, la casa y las amigas, sin demasiado éxito. Con tantas cosas en la cabeza, se olvida con facilidad los horarios y momentos en que tiene que sacar la basura.El domingo pasado amaneció con una sorpresa para nada agradable: su vereda estaba atestada de los residuos de toda la semana anterior. Se le pasó, el basurero no pasa los sábados. Tres. Jorge anda todo el día de acá para allá en su auto rojo. Se la pasa protestando por la forma en que manejan los santafesinos. Tiene muchos kilómetros recorridos por el país y el exterior y, asegura, nunca vio nada igual.De tanto mirar los frenéticos movimientos que realizan los otros conductores, se olvida que las sendas peatonales están para eso: para que los peatones puedan cruzar. De vez en cuando pasa algún semáforo en rojo y, casi siempre, se cruza de carril sin usar ninguna seña. Cuatro. Carolina va todos los días al trabajo en colectivo. "Siempre lo mismo", piensa cuando el colectivero va a los tumbos echándose encima de quien se cruce en su camino."íQue incivilizados! Esta ciudad así no cambia más...", reflexiona mientras espera bajar del autobús para deshacerse del boleto que va a parar a la calle. ¿Cómo se llama la obra? Santa Fe, ciudad cordial.Como conclusión lógica de las acciones de Juan, Marta, Jorge y Carolina (por nombrarlos de alguna manera), se puede afirmar que los santafesinos tenemos una muy mala relación con los espacios comunes. Al parecer, dejamos de ser cordiales. Si no piensen qué les dirían a los tantos Juanes (y compañía), y qué haría cada uno de nosotros en sus lugares.