El tenor argentino José Cura considera "muy exigente física y psicológicamente" su papel de Otelo, de la ópera homónima de Giuseppe Verdi, que el teatro El Liceo de la ciudad española de Barcelona estrenará el día 9.
Cura, que cantó por primera vez en este auditorio barcelonés en la temporada 2000-2001 con "Samson et Dalila", de Camille Saint-Saens, al sustituir a última hora a José Carreras, de baja por enfermedad, comentó a la prensa que "a cambio de aquel favor al Liceo, su público me adoptó y se inició una historia de afecto que espero dure muchos años".
El cantante argentino huye de aquellos elogios aduladores que lo sitúan como el máximo intérprete en el mundo de Otelo: "Hay buenos intérpretes en el mundo que rivalizan por un rol como sucede en el cine, y cada uno le da un tono y un color diferente".
Admite Cura que "el personaje de la ópera de Verdi es muy duro y agotador, tanto física como psicológicamente" y, por esta razón, agradece al Liceo haber espaciado sus funciones con dos días de descanso.
Cura cantará en seis de las nueve representaciones de la obra, entre los días 9 y 24, y en sus días de descanso Otelo será el tenor rumano-israelí Gabriel Sadé.
José Cura recordó que interpretó su primer Otelo en 1997 y que el momento cumbre en su relación con el personaje tuvo lugar en 2001, en el Año Verdi, cuando hizo muchas funciones de la ópera, lo que fue determinante en su "maduración del rol", pero "después de esa salvajada no he hecho más de ocho funciones por año".
Para Cura, Otelo, personaje salido de la pluma de Shakespeare, "no es un héroe ni un noble, sino un mercenario que se gana la vida como máquina de guerra al servicio del enemigo".
Cura matiza que "Otelo no hace ni tan siquiera acciones heroicas, máxime si pensamos que mata a musulmanes turcos siendo él mismo un turco reconvertido al cristianismo por intereses políticos. Así nunca puede ser un héroe, sino un traidor a su pueblo y su religión".
Atribuye el sentido positivo que la historia de la lírica ha visto en este personaje sanguinario "a la nobleza de los cantantes que le han dado vida, Plácido Domingo o Mario del Mónaco".
Quizá por la popularidad de la psiquiatría en su país de origen, Cura aplica casi un psicoanálisis a Otelo y recuerda que "al principio del cuarto acto, el personaje se despoja de esa máscara de falso cristiano, vuelve a sus orígenes y su persona se vuelve más calma, más fría y más reflexiva".
"Es entonces -añade- cuando descubre el engaño y sus errores y no le queda más salida que el suicidio, un acto de amor, pero también de cobardía".
Acerca de la escenografía presentada en el Liceo, dirigida por Willy Decker, Cura dijo que es minimalista: "No hay nada en el escenario, situado en forma de rampa, que da la sensación de ser una prisión psicológica que impide a los personajes escapar de su destino".
El único elemento simbólico que el público podrá ver es una cruz, que en función de los personajes se convierte en arma, objeto religioso o lecho de muerte para Desdémona.
Este escenario mínimo tiene, a juicio del tenor, una gran ventaja: "La atención del público no se distrae y se centra exclusivamente en la actuación de los personajes".
De la Redacción de El Litoral-EFE