En 1998 la Argentina acumuló un saldo exportable de 26.442 millones de dólares, frente a importaciones que alcanzaron los 31.405 millones; ambos niveles habían sido los más altos históricamente y, en el caso de las importaciones, todavía lo es. De esta forma, la cuenta corriente acumulaba un déficit cercano a los 5.000 millones de dólares. El tipo de cambio promedio del año '98 fue de $ 1 por dólar estadounidense, ya que regía el sistema de convertibilidad cambiaria.
En el 2005, la economía Argentina logró vender bienes y servicios en el exterior por 40.014 millones de dólares, lo que significó un aumento del 15,8 % respecto de 2004, que había sido, hasta entonces, el nuevo récord histórico. Por su parte, las importaciones alcanzaron los 28.693 millones de dólares, aumentando un 27,8 % respecto del año previo. A finales de 2005, la moneda fiduciaria tenía un valor de $ 3,032 por dólar, lo que significaba una desvalorización nominal del 203 %. Ahora, cuando comparamos el comercio exterior entre los años 2005 y 1998, observamos que las exportaciones aumentaron un 51,3 %, en tanto que las importaciones descendieron un 8,6 %.
La pregunta que podría surgir es si realmente un modelo exportador se desarrolla, se potencia y se articula solamente por la vía cambiaria. Algunos pensarán, a la luz de la evidencia suministrada, que la respuesta podría ser afirmativa.
Lo primero que hay que tener en consideración es que, si esto fuera así, sería bastante fácil ganar los mercados no circunscriptos a nuestra geografía natural. Deberíamos obtener el tipo de cambio multilateral lo más depreciado posible y así conseguiríamos la ampliación comercial buscada. Esto fue realizado durante mucho tiempo en el pasado por diversas economías y se conoció como sistema de devaluaciones competitivas, actualmente en desuso. Cuesta pensar que, si estos sistemas fueran exitosos de largo plazo, hayan sido descartados por la mayoría de los países, entre ellos, los europeos, por ejemplo.
En segundo término, deberíamos analizar que pasó con otros países en relación con su comercio exterior y sus tipos de cambios en el período bajo estudio. De esta forma, podemos ver que países como Chile y México registraron una depreciación nominal de sus tipos de cambio entre finales del año 2005 y el promedio registrado durante 1998 de sólo 14 %. En tanto que sus exportaciones aumentaron el 142 % y 71 %, sus compras externas crecieron 65 % y 73 %, respectivamente. Brasil experimentó una depreciación monetaria mayor cercana al 91 %, habiendo aumentado sus exportaciones e importaciones un 131 % y 27 %, respectivamente. En forma paralela, Hong Kong, que mantiene hace tiempo un sistema de cambio convertible semejante al utilizado en la década de los '90 en Argentina, logró expandir sus exportaciones en un 63 % y sus importaciones, en un 59 % sin modificación de su tipo de cambio.
En forma opuesta, Corea del Sur y el Reino Unido revaluaron sus monedas en un 31 % y 7 % frente al dólar y, sin embargo, expandieron sus exportaciones en 115,% y 48,%. Paralelamente, sus importaciones crecieron un 180,% y 64,%, respectivamente. El caso chino que es considerado un fenómeno aparte; también refuerza lo expresado, con crecimiento de exportaciones 315 %, de importaciones, 370%, y cierta estabilidad monetaria.
Si bien no todos los países son iguales ni tampoco sus canastas comerciales, ni el incremento de sus precios internos, tal vez esta simplificación pueda contribuir a poner el tema en perspectiva. El tipo de cambio puede resultar una variable significativa en cuanto a incentivar ventas externas en algún período y esto es innegable, pero no es la única y tiene un límite.
En la década del '70, la tasa de crecimiento promedio anual de nuestras exportaciones fue del orden del 15 %, mientras que en la década de los '80 alcanzó el 2,1% y en el período 1990-1998, el 10 %. En tanto, desde diciembre del 2001 a diciembre del 2005, la tasa de crecimiento anual promedio fue del 10,8 %, semejante a la del período 1990-1998.
Un dato que no resulta menor es que la Argentina es el único país de los mencionados que registró una reducción en sus importaciones en el período 1998-2005, algo que evidencia el deterioro en el poder adquisitivo en términos de bienes transables. En la década del '80, el retroceso promedio anual fue del orden del 5 %, mientras en los '70 las importaciones crecieron a una tasa promedio del 14,5 % y en el período 1990-1998, a un ritmo promedio del 29,%.
Muchas veces se ponderó a países como Chile y Brasil, por citar a nuestros vecinos, por la planificación estratégica y ejecución en su política comercial, estando los resultados a la vista. Los países que son más serios, estables, respetuosos y ordenados terminan recibiendo el reembolso por esas condiciones.
Sería bueno empezar a pensar la competitividad externa a partir de una sumatoria de variables y no sólo de las palabras mágicas "tipo de cambio" que, como expresé antes, es importante, pero por sí sola no garantiza la expansión añorada. Por eso, deberíamos enfocarnos en incrementar nuestra productividad, fomentando la inversión en tecnología, maquinaria y capital humano. Deberíamos pensar en reducir los costos del trabajo, es decir, disminuir impuestos y no permanentemente incrementar la presión tributaria sobre nuestra economía.
No existen atajos, finalmente las inconsistencias del sistema salen a la luz, como ya nos ha sucedido muchas veces en el pasado. Debemos trabajar para que ello no vuelva a ocurrir.