La escuela pública entre lo instituido y lo instituyente
Por Jorgelina Moreno (*)

Se plantea ver a la institución escolar desde dos perspectivas que se conjugan en la realidad.

En palabras de Foucault, la escuela es un dispositivo: "Tiene una posición estratégica dominante".

Los dispositivos controlan a los sujetos implicados en sus prácticas, los producen, los definen los someten a prácticas con efectos sobre la constitución de formas de subjetividad. La escuela en tanto dispositivo produce al alumno.

Según Deleuze (1990), un dispositivo es la concreción de un diagrama de fuerzas, produce el modelado del comportamiento, determinados regímenes de objetos (Ej.: la escuela produce al alumno y al propio aprendizaje que imparte), posee sus propios regímenes de enunciación que hacen nombrables a esos objetos y pone a los sujetos en posición (docente, alumno); existen fuerzas en ejercicio en pos de producir acciones en el otro. Lo que caracteriza a una institución escolar es la forma de organizar series de actividades en aras de alcanzar sus fines pedagógicos; estas características constituyen "determinantes duros":

* constituye una realidad colectiva,

* delimita un espacio específico,

* actúa en unos límites temporales determinados,

* define los roles docente y discente,

* predetermina y sistematiza contenidos,

* propone formas de aprendizaje.

Todo esto implica que la escuela, aparte de producir al alumno, genera demandas cognitivas específicas y que aprender en la escuela involucra no sólo contenidos formales, sino también apropiarse de los rasgos de la actividad escolar y aprender a cumplir el "oficio de alumno" para tener éxito que, según Jackson, es aprender el currículo oculto, es aprender a vivir en una masa, a vivir bajo condiciones de elogio y desaprobación, y someterse a ciertas relaciones de poder (Jackson, 1991).

Por lo antes expuesto, y si consideramos a la escuela como institución organizada, es decir, como un nivel de realidad social que define cuanto está establecido en ella y desde un enfoque de lo instituido, como lo establecido, lo que permanece (normas, valores dominantes, roles), la escuela sí se constituye en un dispositivo disciplinar. �Por qué? Porque la vigilancia jerárquica está oculta y se ejerce desde las prácticas mismas, desde el currículo real y oculto, desde la coordinación grupal, ejercitación, evaluación continua. La sanción normalizadora se expresa a través de una motivación extrínseca por conseguir buenas calificaciones, lo que implica que se clasifique en rango según las conductas, competencias y habilidades adquiridas a los alumnos. En la confección de legajos de cada alumno, que se hacen como parte de la tarea docente, se puede percibir el poder disciplinario; en el resultado de los exámenes que hacen que a través de un proceso de objetivación se documente al alumno marcando sus rasgos individuales; por lo tanto, el poder disciplinario se hace visible desde toda la organización.

Pero, como sólo desde lo instituido no se puede explicar la dinámica de la realidad social y la relación entre lo establecido, las personas y el contexto forma una fuerza instituyente que hace de ese dispositivo una organización con características específicas en función del contexto:

* las metas y objetivos son ambiguos (funciones no explícitas ni compartidas),

* poseen una cultura no uniforme (personas con distintos intereses y objetivos: padres, alumnos, profesores),

* articulación débil,

* es vulnerable al contexto,

* tiene una realidad compleja y multidimensional,

* autonomía limitada,

* reclutamiento forzoso de su clientela, entre otras.

Y una cosa es la realidad deseada y otra, la realidad existente. Hoy la escuela debe responder a múltiples desafíos y atender las necesidades que demanda el contexto. Y bajo este enfoque no se constituye en un dispositivo disciplinar porque, desde sus puestos de trabajo, los docentes ven que, ante las carencias de sus alumnos, se debe responder con alimentos (comedores); que, ante los problemas de aprendizaje, consecuencia muchas veces de una mala alimentación, de un capital cultural que no responde a las exigencias cognitivas que demanda la escuela, la falta de vestimenta y un contexto familiar que no favorecen al aprendizaje, se cae en un asistencialismo que trata de contener no sólo al alumno, sino al grupo familiar, se dejan de lado las formas que exigen lo instituido y lo disciplinar.

Podría considerarse que el dominio que ejercen las políticas circunstanciales sobre la institución escolar hacen que las escuelas sean un lugar de asistencialismo en tanto no se implementen políticas de productividad eficaces, que liberen a la escuela de esa función asistencialista y que acompañen a la educación a crear ciudadanos con esperanza de un futuro mejor.

(*)Lic. en Educación.