"Con mi mujer, nos juramos no entrar nunca en el circuito comercial"
Estanislao Giménez Corte[email protected]
Quizás sorprenda al lector el comienzo de esta nota. Es que quien firma pretende iniciarla agradeciendo al entrevistado, Miguel Ángel Estrella. Más allá de su conocida bonhomía y de la predisposición que tiene para con la prensa, el eximio pianista desgranó ante este cronista, vía telefónica, poco antes de su presentación del pasado miércoles en la ciudad, un relato reflexivo y lúcido, ejemplar, sobre una experiencia terrible: el encierro y la tortura a los que fue sometido durante más de dos años, entre 1977 y 1980. Y lo hizo con serenidad y predisposición, pero, esencialmente, con la tranquila sabiduría que se desprendió de sus palabras, ante las cuales quien escribe sólo podía callar. El agradecimiento a Estrella tiene que ver con eso; es de esperar que este texto refleje al menos en parte ese clima.
-�Qué reflexión se puede hacer a treinta años del golpe?, en su caso es una persona que sufrió en carne propia la dictadura, en este caso la uruguaya...
-En realidad, la metodología del Plan Cóndor era secuestrarnos en donde estuviéramos. Un boliviano podía desaparecer en Chile; un brasileño, en la Argentina...
-�Cómo comienza esa vocación suya que lo lleva a ser un verdadero "músico social", bajo la premisa de llevar el arte y la música clásica a las villas y las cárceles?
-Eso viene de mi familia y del colegio secundario (...) En mi casa se respiraba mucho la cultura, nos inculcaron la lectura, hacíamos títeres y los llevábamos a la campaña (...) Y mi abuela materna, que era muy rezadora e inteligente (`Hay que ayudarlo a Dios', decía), discípula de San Pablo y no tenía más instrucción que la primaria, cuando nos descubría algún defecto, nos lo decía. Yo era el cantorcito del pueblo, buen malambero y bailarín de folclore. Un día me llamó (...), yo debía tener cinco años y me dijo: "He descubierto un defecto muy feo: que m'hijito es vanidoso". Y yo no entendía, por lo que le pregunté "�Qué quiere decir vanidoso?", y "Son los que c... más alto que el c...", (risas) me dijo. Y después: "Dios te dio una gracia, que es la música, para que la compartas con la comunidad".
Más adelante, en el secundario, dice Estrella, comenzó a militar a los 14 años. Luego, ya en Buenos Aires, creó con su novia (que luego sería su mujer) la primera agrupación de Estudiantes de Música en el Conservatorio Nacional. "Nos decían comunistas... Después, ya cuando con Marta comenzamos a tener un lugar en el mundo, pese a que éramos dos chicos de la baja clase media, no teníamos un mango, nos juramos de una manera muy trascendente, grave, no entrar nunca en el circuito comercial, y no perder nunca nuestra libertad. No nos equivocamos, pero no fue por inteligencia, sino por instinto".
-La consecuencia de toda esa conciencia puesta en práctica es Música Esperanza...
-"Es el fruto de mis cuarenta años, cuando salí de la cárcel. Yo soy muy religioso, pero no `chupacirios'. Hay Papas que quiero y otros a los que no y he tenido problemas con las jerarquías católicas. Pero soy un cristiano profundo. Cuando me torturaban, yo rezaba a los gritos, como un loco. Repetía las frases del Padre Nuestro, hasta que aparecía una imagen en esas tinieblas, detrás de las capuchas y las vendas, hasta que veía la cara de Dios... No sé si eran alucinaciones, pero eran reales".
Estrella nació en San Miguel de Tucumán. De niño vivió en un humilde caserío. A los 12 años descubrió a Chopin, cuando su padre lo llevó a un concierto de la Orquesta Sinfónica. A 18 años viajó a la Capital para estudiar en el Conservatorio de Buenos Aires. A partir de 1965, continuó su formación en París y Londres. Simultáneamente, inició giras de conciertos por Latinoamérica, Europa y Estados Unidos.
Desde muy joven, comenzó a combinar su trabajo en teatros y salas con recitales para obreros, trabajadores rurales, indígenas. Su vocación de "músico social" y su convicción de incorporar a los sectores más humildes en su repertorio determinó, en los '70, el comienzo de la persecución y finalmente su prisión, en Uruguay. Gracias a una intensa campaña de solidaridad de músicos del mundo entero, la Unesco, el Vaticano, la Asociación Internacional de Juristas, las Naciones Unidas y diversas organizaciones de DDHH, los militares uruguayos debieron legalizar su detención (se lo declaró preso político). De esta manera, además, Estrella logró que no lo envíen a la ESMA y luego fue liberado, en 1980. Se exilió en Francia.
El "Chango" trabajó arduamente para recuperar sus manos y sus cualidades como intérprete, las que habían sido afectadas por las sesiones de tortura. Reanudó su carrera en 1982. Ese mismo año, formó Música Esperanza, un movimiento humanitario internacional, cuyo objeto es poner la música `al servicio de la comunidad'. La Unesco la reconoció como ONG en 1988 y lo nombró "Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas". Música Esperanza está presente en Polonia, Sudáfrica, Rumania, la ex URSS, Argentina, Bolivia, Chile, Guatemala, Uruguay, Paraguay, Argelia, Marruecos, Líbano, Palestina, Ruanda, Etiopía e Israel.
Estrella no era montonero, pero a su casa concurría Carlos Valladares, que sí lo era. Miguel Bonasso escribió que se trataba de "un viejo amigo del pianista, que había trabajado en Tucumán con su padre. El `Oveja' Valladares, que era militante montonero y murió poco después tomando la pastilla de cianuro, había sido filmado secretamente por los servicios, en la puerta de la casa montevideana del pianista. Estrella (...) era incapaz de negarles hospitalidad a sus amigos. Y lo pagó muy caro" (Página/12)
El dato
El pasado miércoles, en el Centro Cultural Provincial y a sala llena, se concretó la visita del maestro Estrella. En la ocasión, el pianista de prestigio internacional compartió escenario con el coro bilingüe castellano-mocoví de voces y flautas Com Caiá, de Recreo. El grupo creado por Dardo Pavón presentó "Así somos", su CD.