Precio, plazo y volúmenes en la mira

Se trabó la negociación con Bolivia por el gas


El ministro de Planificación, Julio de Vido, no viajó esta semana a La Paz, como estaba previsto. La discusión entre los equipos técnicos está estancada. Las diferencias están no en la actualización del precio que pretende Evo Morales (65 % de aumento, a discutir) sino en los plazos del acuerdo y la ampliación del volumen de gas que pretende Argentina. Aunque nuestro país acepta que el precio no será el mismo, no está dispuesto a pagar un aumento de al menos 2 dólares como pretenden los bolivianos.

Según comentarios conocidos en las últimas horas, tanto en Buenos Aires como en La Paz, se habría complicado la negociación por la venta de gas que realiza el vecino país. Por ello, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, aplazó dos veces en los últimos cuatro días la visita que tenía prevista a Bolivia.

Un vocero oficial sostuvo que "no hay, al menos por ahora, motivos para viajar al país del altiplano: las conversaciones entre los gobiernos de Néstor Kirchner y Evo Morales quedaron empantanadas hace una semana. Y tampoco existen plazos para continuarlas", aseguró la fuente al diario La Nación.

Para que no quedaran dudas del actual escenario, agregó: "Hoy hay una impasse. Estamos hablando en dos idiomas diferentes, lejos del acuerdo", se sinceró.

Por su parte, un técnico boliviano que participó de la mayoría de las últimas reuniones entre ambas partes dijo: "La pelota quedó ahora de nuestro lado. Estamos analizando la propuesta argentina".

En consecuencia, por ahora sólo funcionarios de la Secretaría de Energía y sus pares de Bolivia continúan analizando "a nivel técnico" las características de la extensión del contrato de suministro de gas natural a la Argentina que vence a fin de este año, lo que comprende volumen y precio.

Por ese motivo, voceros del Ministerio de Planificación Federal no quisieron arriesgar fecha sobre un viaje a La Paz del titular de esa cartera, Julio de Vido.

Si bien no se dio más información sobre el curso de las conversaciones técnicas, se entiende que éstas son arduas, ya que se desarrollan en el contexto de la nacionalización de los hidrocarburos dispuesta por el gobierno de Evo Morales, y la discusión de la medida con las empresas petroleras que operan en Bolivia.

Una consecuencia directa de esto es el desplazamiento de las compañías productoras privadas de su rol como exportadoras del gas, tarea que ahora recae exclusivamente en manos de la estatal YPFB.

Argentina compra hoy hasta 7,7 millones de metros cúbicos diarios de gas a Bolivia a un precio que ronda los 3,20 dólares por millón de BTU, y en principio estaría negociando extender el contrato por un volumen similar a dos o tres años de plazo.

Aunque las autoridades argentinas aceptan que el precio no será el mismo, no estarían dispuestas a pagar un aumento de al menos 2 dólares que pretenden los bolivianos.

En similar situación se encuentra Brasil, aunque ese país es más gas-dependiente de Bolivia que Argentina.

La semana pasada el gobierno argentino hizo saber que "cualquiera sea el precio del gas a pagar Bolivia, ello no repercutirá en aumento de tarifas en el mercado interno", aunque no hubo información adicional que explicara el criterio que se seguirá.

Mientras tanto, el ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Andrés Solís Rada, reveló que la petrolera brasileña Petrobras dejó abierta la posibilidad de que el Estado boliviano la compense con gas natural por las acciones de dos refinerías que operan en ese país y que fueron nacionalizadas.

Al respecto, el funcionario boliviano refirió que "lo primero que va a haber es negociación", y que Petrobras le adelantó su disposición a entregar las acciones que necesita el gobierno para conformar el 50 por ciento más 1 del capital social.

Según Solís Rada, la petrolera brasileña estaría dispuesta a ceder hasta el 100 por ciento de las acciones si es compensada con gas natural.

La diferencia

no está ahora tanto en el precio del gas, que Bolivia insiste formalmente en elevar un 65 por ciento. En rigor, el real punto de desencuentro son los plazos: Bolivia pretende firmar un convenio sólo hasta el 31 de diciembre y con el actual volumen de suministro, de 7,7 millones de metros cúbicos diarios; la Argentina, en cambio, considera que el vínculo debería ser más extenso, por varios años, y en cantidades de hasta 25 millones de m3.

Bolivia no

tiene hoy -o tiene, pero debajo de la tierra- el gas que le reclaman Argentina y Brasil. Este último le compra 26 millones de m3 diarios, tiene un contrato por 30 millones y pide ahora 18 millones más para el futuro. Se trata de un modo sutil de presión de la hábil diplomacia brasileña: pedir lo que Bolivia no está en condiciones de dar para hacerle saber cuánto depende de la inversión extranjera. Por ejemplo, de Petrobras, que aporta, ella sola, un 20 % del PBI boliviano.