Bayreuth celebró con una ovación
El retorno de los dioses
El director Tankred Dorst adelantó que la destrucción y la muerte, tendrán en su producción más relevancia que el amor, pese a que la tetralogía está salpicada de amor y renuncias por amor.

Con veinte minutos de aplausos y bravos celebró el público del Festival de Opera de Bayreuth el retorno de los dioses del Anillo del Nibelungo, el plato más esperado del festín wagneriano que se servirá este verano en la "verde colina" donde se alza el teatro.

El dramaturgo Tankred Dorst, firmante de la nueva producción, se someterá al escrutinio del público al final de la tetralogía, pero es de prever que si las ideas que esbozó en el Oro del Rin no se le van de las manos, su bautizo en Bayreuth será más gratificante que el de Jürgen Flimm, registra del abucheado Anillo del 2000.

Anoche, los vítores del festival fueron íntegra y exclusivamente para el director de orquesta, Christian Thielemann, y para todos y cada uno de los intérpretes que prestaron voz y cuerpo a los dioses, ninfas, gigantes y gnomos con que arranca la saga.

Thielemann impartió, desde el preludio, una clase magistral de dirección y recreó, flexible siempre con la batuta, los contrastes del fraseo musical de Wagner, en el tempo y volumen correctos.

En unos minutos, Thielemann, logró que el público se sumergiera en el universo mitológico del compositor y que el primer cuadro de la producción de Dorst fuera la proyección de sus sensaciones.

En un cauce de piedras rodadas, en el fondo del Rin, las sílfides custodias del oro, Woglinde (Fionnuala McCarthy), Flosshilde (Marina Prudenskaja) y Wellgunde (Ulrike Helzel) cantan su "Wagalaweia".

La primera pincelada de la propuesta de Dorst llega en forma de proyección sobre el techo del escenario, un haz de luz ondulante que recrea la superficie del agua del río vista desde el fondo.

Alberich (Andrew Shore), con atuendo de reptil, intenta seducir a las ninfas y éstas, nenúfares rojos, le rechazan, ajenos todos a las mujeres que nadan desnudas en el agua, por encima de sus cabezas.

Seres encantados

El nibelungo, papel que Shore interpretó de forma sobresaliente, los seres encantados, dioses y humanos habitan en el mismo espacio sin percatarse unos de la presencia de los otros.

La superposición de dimensiones se repite en la segunda escena, cuando Wotan, encarnado por un excelente Falk Struckmann, espera junto a Frika (Michelle Breedt) y Freia (Satu Vihavainen) la llegada de los gigantes Fasolt (Kwangchul Youn) y Fafner (Jyrki Korhonen).

Y mientras Wotan, dios de dioses, discierne sobre cómo liberarse de los gigantes que le han construido una hermosa fortaleza sin arriesgar su felicidad y poder, un turista recorre lo que a sus ojos son las ruinas deshabitadas de un olimpo medieval.

Las deidades no se inmutan ante la presencia del humano, como tampoco intuye el técnico de bata azul que vigila las máquinas de la fábrica que decora la tercera escena que al otro lado del tabique se abre una mina de oro en la que trabaja un ejército de nibelungos.