La vuelta al mundo
Las responsabilidades de Israel

Rogelio Alaniz

A George Clemenceau se le atribuye haber dicho que "la guerra es un tema muy delicado como para dejarlo en manos de los militares". Cuando el político francés fue director del diario Aurora y brindó las páginas para que Zola denunciara el caso Dreyfus y el antisemitismo de militares y gobernantes franceses sabía de lo que estaba hablando, porque había sufrido las consecuencias de la militarización de la política durante la Primera Guerra Mundial.

Sería deseable que los dirigentes de Israel reflexionen sobre esa frase y se pregunten hasta dónde los militares están decidiendo en materia de política militar. Los bombardeos sobre la población civil y la muerte de niños, ancianos y mujeres hacen pensar que la lógica guerrera se está imponiendo sobre la lógica política.

Las guerras se libran en el campo de batalla, pero se ganan en las conciencias de las sociedades. En el mundo globalizado, esta verdad adquiere más vigencia que nunca. Cuando los Aliados en 1945 bombardearon las principales ciudades de Alemania es probable que hayan matado a cientos de miles de inocentes, pero ese doloroso desenlace no despertó ninguna protesta, porque la humanidad estaba convencida de la justicia de la causa aliada.

En Vietnam o en Argelia, los franceses empezaron a perder cuando la sociedad se puso del lado de los resistentes. Desde los tiempos de Julio César se sabe que las guerras se ganan cuando los pueblos se convencen de la justicia de una causa. Esta verdad la conocía muy bien Napoleón, la aprendieron los militares preocupados por la dimensión política de los conflictos y hoy es el abc de cualquier estrategia guerrera.

Los jefes militares de Israel justifican ese escenario macabro de muertos civiles responsabilizando a Hezbolá. Con pesar y hasta con impotencia señalan que los terroristas se escudan detrás de los civiles y que a Israel no le queda otra alternativa que hacer lo que hace, con los resultados conocidos. Creo que hasta el militar más halcón sabe que la justificación de los daños colaterales tiene un límite, porque cuando el daño colateral se reitera deja de ser una excepción para transformarse en una regla.

Si es verdad que los terroristas de Hezbolá se escudan detrás de víctimas inocentes, la solución no pasa por disparar sobre los inocentes, no sólo porque la más elemental norma de humanismo así lo enseña, sino porque los beneficiarios de esa torpeza son los terroristas.

Si todos los días vemos en los diarios o en los noticieros fotos de niños muertos, el resultado es el previsible. La opinión pública se inclinará hacia las víctimas y se hará cada vez más difícil explicar que los criminales son otros. No hay causa justa sin el apoyo de la sociedad. Después de lo sucedido en Cana, ese apoyo se ha volcado del lado de las víctimas. �Son víctimas los terroristas? Ellos no, pero la población civil sí. Y cuando esto ocurre, a nadie le debe extrañar que los terroristas se disfracen de víctimas.

Entiendo que el dilema que se le presenta a Israel no es sencillo. A los judíos, nunca la historia le presentó alternativas fáciles. La lucha que libra en Medio Oriente es por la supervivencia de su pueblo. No conozco una sola declaración de Israel amenazando con exterminar a una nación. No se puede decir lo mismo de los países árabes y musulmanes, los que desde 1948 a la fecha no han dejado de anunciar el exterminio de Israel.

Hezbolá, Hamas, Irán o Siria no quieren la paz, quieren matar a los judíos. No aman a los palestinos odian a los judíos. Pueden aceptar una tregua, pero su objetivo no es la convivencia, es la desaparición del enemigo. Sus declaraciones de principios así lo dicen. Israel es el demonio, el mal ejemplo, la sociedad democrática que ellos detestan, la vidriera que expone una calidad de vida que estos dirigentes jamás fueron capaces de darles a sus pueblos.

�Exageraciones? Antes de la guerra de los seis días, se pueden registrar alrededor de 300 declaraciones públicas de sirios, palestinos, jordanos y bandas terroristas prometiendo el exterminio de Israel, la muerte del judío. En esos tiempos, Gaza y Cisjordania estaban en manos de Siria y Jordania; entonces no había tierras ocupadas, pero tampoco había paz y mucho menos hogar para los palestinos.

�Pero no es que los árabes aman a los palestinos? Más o menos. Desde 1948 a la fecha los responsables de las masacres más terribles contra los palestinos han sido los sirios y los jordanos. "Septiembre negro", el brazo armado palestino alude precisamente a las siniestras jornadas de terror cuando los carniceros jordanos asesinaron a más de veinte mil palestinos. Unos años después, los sirios provocaron un hazaña parecida. Y la misma operación hicieron las milicias cristianas libanesas.

Israel tiene derecho a defenderse, pero además tiene la obligación de defenderse, porque la más mínima debilidad significaría su desaparición como nación. Nasser, Hussein o Assad han perdido guerras, han pagado algunos costos por estas derrotas, pero nunca estuvo en juego su existencia como pueblo. Una derrota de Israel, un empate, sería el inicio de la catástrofe, de un segundo Holocausto.

Israel debe ser uno de los pocos Estados modernos cuya fundación nace de un acto moral. Sus padres fundadores, Herztl, Buber, Ben Gurion, Golda Meir, son algunas de las grandes referencias morales de la modernidad. Sin embargo, pareciera que todos los días Israel debe dar explicaciones sobre la legitimidad de su existencia.

Su voluntad de arribar a acuerdos políticos serios está probada. Es lo que hizo con Jordania y Egipto hace casi treinta años. �Por qué si lo hizo con dos países que en su momento fueron beligerantes, no lo puede hacer ahora con Irán, Siria o los propios palestinos?

Suponer que un país con el uno por ciento del territorio de Oriente Medio y el tres por ciento de la población pueda ser expansionista es una novela inventada por los fanáticos musulmanes. Israel quiere la paz y desea la paz porque no necesita ni de la guerra ni de la explotación de los árabes para vivir y ofrecerles a sus habitantes uno de los ingresos per cápita más altos del mundo, las mejores universidades a sus hijos, una central de trabajadores que es un modelo de organización sindical y un parlamento en donde están representados los árabes, gentileza que los palestinos no disfrutan en los países supuestamente solidarios con ellos.

Ninguno de los beneficios de una sociedad democrática abierta y justa se conocen en Medio Oriente, dominado por dictaduras absolutistas, jeques corruptos y religiosos fanáticos. La pobreza de las masas árabes es inversamente proporcional al lujo y la riqueza de sus clases dominantes.

Israel tiene el derecho a defenderse, pero no puede equivocarse, no puede permitir que los criminales se disfracen de víctimas, que los mismos que mandan a los adolescentes a inmolarse con las bombas y que celebran el rito salvaje de la muerte como un acto al servicio de Dios, se transformen en los defensores de la vida. Israel no puede reclamar para sí los "beneficios" del terror, las coartadas morales del terror.