Al margen de la crónica
Un momento decisivo

Nunca faltan las palabras de aliento y de agradecimiento cuando los familiares de una persona que acaba de morir dan un testimonio afirmativo y aceptan donar sus órganos.

El momento está inundado de un profundo dolor por la pérdida tan querida pero -por lo general- prima el altruismo, el pensar en los demás, en quienes no pierden las esperanzas en recuperar su calidad de vida a través del órgano que necesitan.

Días atrás se realizó en el hospital Cullen de nuestra ciudad, el operativo multiorgánico N° 23 en lo que va del año en la provincia. Cabe recordar que nuestra provincia rompió su propio récord histórico en 2005 cuando consiguió elevar a 38 los operativos multiorgánicos que se realizaron (en 2004 habían llegado a 34). De esta manera, se advierte que continúa mostrando el crecimiento exponencial en la donación de órganos conseguido en los últimos 5 años, y que cuenta con una tasa de 12,6 donantes por cada millón de habitantes, mayor a la media nacional.

La modificación de la Ley Nacional de Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos (N° 24.193) entró en vigencia el 5 de abril de este año y uno de sus artículos establece que toda persona que no manifieste por escrito su negativa es un presunto donante de órganos o tejidos de su propio cuerpo.

Esto significa que toda persona mayor de 18 años que muera sin haber manifestado por escrito su negativa respecto de la ablación de órganos será considerado un presunto donante. En ese caso, se solicitará a la familia que confirme -a través de su testimonio- la última voluntad del fallecido. Si se trata de la muerte de un menor de 18 años, serán únicamente sus padres o representantes legales quienes autoricen o no la donación de órganos y tejidos.

Es una decisión personal que debe ser conversada con la familia y los amigos e, incluso, puede ser expresada por escrito en el Cudaio, el Registro Civil, la Policía Federal o por Correo Argentino en el Incucai. Lo importante es informarnos para poder tener una opinión sobre el tema, para no comprometer a futuro a quienes nos rodean.