El gobierno nacional ha anunciado varios pasos para fortalecer la producción de energía. Está en marcha la licitación de dos centrales termoeléctricas, la conclusión de las obras en Atucha II y la elevación de la cota de Yacyretá. Son los caminos más cortos para dar respuesta a uno de los problemas decisivos del país, pero no son pasos suficientes.
Los empresarios locales advirtieron en el precoloquio de Idea, en Pilar, que sólo este año la demanda energética crece 30%, mientras que la capacidad generadora apenas trepa 0,6%. Desde el '98, las empresas petroleras dejaron de explorar por la crisis económica, y tras la pesificación justificaron su inactividad por los costos en dólares frente a las tarifas pesificadas.
Las reservas hidrocarburíferas cayeron 20 % en 7 años, y la producción de petróleo descendió 25 % de 1998 a 2005.
El G7 volvió a reclamar actualización de tarifas, como advertencia tras aprobar el mes pasado un crédito del BID para cerrar el sistema interconectado. En el delicado equilibrio de precios del mercado interno, el gobierno debe encontrar fórmulas para sostener las inversiones, o afrontar aumentos de tarifas inexorables si comienza a importar petróleo desde 2009, algo que no podrá evitar si no se explotan nuevos pozos.
Pero los diseños políticos deben ir aún más allá. En un escenario internacional en el que difícilmente el barril de petróleo vuelva por debajo de los 70 dólares, y con un país que depende en un 88 % de recursos hidrocarburíferos, la matriz energética debe cambiar.
Incluso las centrales termoeléctricas en licitación, que se instalarán en Santa Fe y Buenos Aires, necesitan de un gasoducto -el del Noreste Argentino- que aún no se construyó. Además, su provisión está sujeta a precios internacionales que todavía no están acordados con Bolivia, donde la inestabilidad del proyecto de nacionalización de recursos suma interrogantes al esquema.
La política energética argentina se atrasa también a la hora de diversificarse. Recién este año, el Congreso sancionó el proyecto que impulsa la producción de biocombustibles, en un mundo en el que tanto los Estados Unidos como China pasarán a ser demandantes de maíz para producir etanol. En nuestro país, la siembra de ese grano crecería en la presente campaña hasta un 15 %; Brasil sostuvo desde los '70 su proyecto de etanol a partir de caña, mientras que aquí el proyecto de alconafta se abortó.
En materia eólica el panorama no es mejor. El presidente acaba de lanzar el plan con su correspondiente mapa de vientos; en el camino quedó otro viejo anuncio oficial que propuso la construcción de un parque eólico en Chubut -Vientos de la Patagonia I- para generar 300 mw con una inversión de unos 300 millones de dólares, que debía estar en marcha este año según su propuesta original.
El problema está planteado y debe resolverse. Las tarifas productivas de energía ya fueron actualizadas y los nuevos esquemas de inversión deben hacerse, porque el peor de los escenarios es el de una Argentina que deba detener su crecimiento por falta de inversión y diversificación de una área estratégica, decisiva para cualquier país del mundo.