No es mucho lo que se sabe del denominado grupo Quebracho. Es más, fuentes progresistas dicen que podía tratarse de una banda provocadora manipulada por los servicios de inteligencia. En verdad, sus apariciones, siempre violentas, resultan funcionales a estrategias desestabilizadoras.
No se conoce demasiado acerca de los contenidos de su programa político y no hay publicaciones que permitan conocer sus opiniones sobre los diferentes temas de la realidad nacional e internacional. Se acepta que es un grupo de izquierda, si es que esta denominación hoy define algo. El odio a los EE.UU. es una de sus manifestaciones más visibles. El otro rasgo distintivo es el ejercicio de la violencia a través de piquetes y militantes enmascarados.
Su accionar práctico, más allá de su retórica, es ajeno a la tradición de la izquierda política, preocupada en otros tiempos por educar a las masas en los ideales socialistas. En Quebracho, lo que se jerarquiza es la acción directa y la pedagogía de la violencia. "Fascismo rojo" calificó el filósofo de la Escuela de Francfort, Theodor Adorno, a estas expresiones que, pese a reivindicar una identidad de izquierda, están más cerca del fascismo que de cualquier otra experiencia política.
Hace días, militantes de Quebracho impidieron por la fuerza que manifestantes judíos se expresaran legalmente frente a la embajada de Irán. Y la semana pasada marcharon junto a seguidores de Hezbolá y otras organizaciones de ultraizquierda contra la embajada de Israel. Curiosamente, estas manifestaciones, con militantes encapuchados y provistos de garrotes, dicen realizarse en nombre de la paz; también en nombre de la paz impiden que otros sectores se expresen sobre el mismo tema.
La perversidad política de estos grupos es valerse de las libertades y garantías que el sistema democrático otorga a sus ciudadanos, mientras que no se hacen cargo de ninguna de las responsabilidades que el ejercicio de todo derecho exige. Violencia, nihilismo, culto a la acción directa, son los rasgos distintivos de este grupo que ocupa el espacio público con absoluta impunidad.
En el caso de referencia, Quebracho ha coincidido políticamente con los seguidores locales de la organización terrorista Hezbolá y otras corrientes de ultraizquierda. Esta coalición de sectas autoritarias y violentas está en sintonía con reagrupamientos parecidos en otras latitudes, pero, además, pone en evidencia, la bancarrota política y moral de ciertos partidos de izquierda que, obnubilados por su odio a los EE.UU e Israel, no vacilan en aliarse con el integrismo islámico.
Sostienen sus voceros que si los terroristas han decidido recurrir a esa vía para enfrentar a EE.UU, ellos no tienen nada que decir al respecto. Con ese tipo de razonamiento, deberían haber apoyado a Hitler que odiaba al imperialismo anglosajón y, además, planteaba la solución final contra los judíos, un reclamo al que ahora esta ultraizquierda degradada ideológicamente parece sumarse sin demasiados cargos de conciencia.