Evangelina Simón (*)
[email protected]La educación a distancia es una modalidad educativa que se visualiza promisoriamente en el futuro del espacio internacional. Surge con fuerza en el escenario mundial a principios del siglo XVII y su primera incursión fue a través de la enseñanza por correspondencia. Desde esta iniciación hasta la actualidad ha sido mucho lo aprendido, lo desarrollado, lo reformulado. Nadie podrá negar que tanto la educación a distancia, como la educación presencial, tienen objetivos comunes pero sin duda, cada una logró finalmente encontrar su propio perfil.
Mientras el hombre transita por lo educativo hacia el conocimiento, se da cuenta de la necesidad que tiene de sostener este proceso de manera continua. Al respecto, vislumbramos con claridad que el espíritu de esta nueva alternativa educativa está animado por lo que se ha dado en llamar educación permanente, pues para ella no hay distancias, ni edades, ni tiempos que impidan a un ser humano llevar a cabo su proyecto cultural de vida.
Desde la perspectiva histórica, fueron muchos los acontecimientos que favorecieron su avance: la industrialización y el desarrollo tecnológico concomitante, la revolución tecnológica, las teorías filosóficas, democráticas, e igualitarias sobre la educación, el desarrollo de las teorías sobre el aprendizaje programado, la aplicación de las telecomunicaciones a la enseñanza, los aportes de la psicología experimental y los avances realizados en las áreas pedagógico-didácticas, entre otros. A éstos, podemos agregar factores económicos-políticos y sociales, que miraron con esperanza el surgimiento de esta modalidad educativa: la fuerte demanda de la sociedad referida a la necesidad de educarse y culturizarse, las exigencias que el mundo laboral y profesional nos plantea con respecto a una constante actualización, la precaria situación económica que sufren muchos sectores sociales, la cual constituye un impedimento para trasladarse a otras localidades, la carencia de ofertas académicas por parte de la educación presencial, etc.
La denominación de "educación a distancia" ha predominado en Europa sobre la de "escuela abierta" que tiene otras connotaciones, y su uso es comparable con el de "estudio independiente" en Estados Unidos. Son diversas las teorías sobre el tema. Tenemos las basadas en la autonomía, independencia e individualización desarrolladas por Wedemeyer y Moore (1981), la referida al modelo de conversación didáctica de Holmberg (1985), también la de Stewart sobre "educación a distancia y producción industrial". Hoy podríamos hablar de la educación a distancia y multimedia, mirar a este soporte con gran respeto, pero con cuidado, tratando de no confundirlo con el espíritu profundamente democrático que constituye la columna vertebral de la educación a distancia (volveré sobre esto).
Lo cierto es que el posicionamiento con respecto al conocimiento ha ido mutando y enriqueciéndose, que la educación a distancia es posible, pues así lo han demostrado instituciones de nivel superior con una trayectoria confiable y que ya cuentan con su propio modelo, con resultados sumamente satisfactorios, que debemos tomarla con la seriedad y la responsabilidad que merece, teniendo su propio espacio en el abanico educativo. Sin duda, el que la asuma y la adopte deberá realizar un cambio de mentalidad importante, pero pronto percibirá que es posible y hermosa, pues se fundamenta en un ideal socio-democrático y en una perspectiva liberal de la educación.
(*) Docente de Lingüística y Psicolingüística (UNR y UCSF), investigadora. Autora, entre otros, de los libros "De la oralidad a la escritura", "Cómo enseñar sintaxis" y "Comprender e interpretar".