AFP
Los apoyos a la Fuerza Interina de la ONU para Líbano (Finul), encargada de vigilar el alto el fuego en el sur del país y extender el poder del ejército local hasta la frontera con Israel, siguen aumentando pese al gran poder en la región de la milicia chiíta de Hezbolá, que se niega a desarmarse.
El último país en anunciar su participación en esta fuerza internacional de paz fue China, cuyo primer ministro, Wen Jiabaon, informó que un total de 1.000 cascos azules serán enviados a Líbano, pese a que hasta ahora Pekín sólo había previsto un contingente de 200.
Antes de que estallaran los enfrentamientos entre el Hezbolá e Israel el 12 de julio, la Finul, presente en Líbano desde 1978, contaba con 2.000 soldados, pero rozará los 15.000 en los meses venideros en virtud de la resolución 1701 de la ONU que fijó las bases del alto el fuego, en vigor desde el 14 de agosto.
Hasta ahora, los cascos azules extranjeros presentes en Líbano son españoles, italianos y franceses. Los casi 600 soldados españoles enviados por Madrid seguían construyendo el lunes su base en la localidad de Taybe, a unos 10 kilómetros de la frontera israelí.
Especialmente preocupados en garantizar la seguridad del contingente, los militares españoles están revisando cada centímetro de tierra del perímetro de su cuartel para garantizar que no ha quedado munición sin explotar, controlan los accesos a la base junto al ejército libanés y construyen alambradas y obstáculos para evitar cualquier intrusión hostil.
Estos cascos azules, que llegaron el viernes a esta localidad parcialmente devastada por la guerra donde faltan agua corriente y electricidad, serán recibidos en breve por las autoridades locales y estarán listos para incorporarse plenamente a la Finul en "pocos días".
A pocos kilómetros, el contingente francés, que alcanzara los 2.000 soldados, recibió la visita de la ministra de Defensa, Michele Alliot-Marie, quien confió en que el despliegue de la Finul sea "creíble y disuasivo".
Actualmente, hay 4.500 cascos azules desplegados en Líbano. Israel, que ocupa todavía varias posiciones al sur del país, aseguró que sólo se retirará cuando la fuerza internacional llegue a 5.000 soldados. Según la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, la milicia del Hezbolá debe también desarmarse para que el alto el fuego sea preservado, aunque esta exigencia está lejos de convertirse en realidad.