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La palabra arte, en una de sus múltiples definiciones, se puede enunciar como la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión que interpreta lo real o lo imaginario. Muchas veces, ese arte irrumpe y se cuela en las prácticas cotidianas, generando un cambio de paisajes.
El sábado por la noche, se realizó la apertura de la VII Bienal de Arte Joven, organizada por la Universidad Nacional del Litoral y la Federación Universitaria del Litoral, en la explanada del Rectorado. La proyección de animaciones sobre la fachada del edificio, la llegada en camiones y camionetas de grupos musicales de distintos géneros y la performance de actores de jóvenes recrearon y resignificaron el espacio urbano. Todos los sentidos fueron saciados ante el despliegue visual, musical y actoral de una bienvenida que dejó traslucir conceptos tales como diversidad, multiplicidad y calidad. Una vez abiertas las puertas, los pasillos del hall y las galerías mostraban el colorido en sus obras expuestas. Sin mucho tiempo que perder, comenzaron a sonar las melodías del repertorio de la Jazz Ensamble Junior, que lució su virtuosismo joven en un Paraninfo repleto.
Las palabras se diluyen y los hechos priman. Muchos dicen que más vale uno bueno y no mil a medio hacer, pero, cuando cantidad y calidad se conjugan, es válido hablar de números. En la Bienal se exponen 140 obras de plástica, 80 de fotografía, 24 de humor gráfico y 14 instalaciones. Son seis los recitales especiales, doce las conferencias que se dictan, seis los cursos y más de cincuenta las bandas locales de rock.
Así, siguiendo el pensamiento de Umberto Eco, en el hecho artístico, ya alejado de la instancia creadora y sí como producto acabado, el autor desaparece y es el lector de cada obra el que construye su propio lenguaje, realiza su propia lectura. No es casual que alrededor de 6.000 personas hayan participado de la Bienal en estos dos primeros días; es una muestra de que el arte joven interpela y genera diálogos con quienes lo disfrutan y se identifican con él.
Ante más de 3.000 personas, Javier Malosetti subió al escenario pasadas las 23, acompañado por Oscar Giunta en batería y Hernán Jacinto en teclados. En un show que duró más de dos horas, el talentoso bajista dio muestras, una vez más, de la riqueza audible resultante de las mixturas y los puntos de contacto entre géneros. El recorrido por temas propios y ajenos, algunos de su último disco "Onyx", y otros, hurgados en la historia, fue una muestra fiel de su persistente búsqueda hacia nuevos horizontes musicales, donde el jazz se beneficia con la cadencia del soul y la aspereza del rock.
El público celebró cada expresión de virtuosismo en los solos, los matices percutivos, la sonoridad en la línea melódica del bajo y se hizo oír en la respuesta a un dúo de batería del propio Malosetti con Giunta. Con la voz de "Sos el mejor" se resumió la conexión que genera este músico versátil en aquellos que tienen la dicha de escucharlo.
En Rectorado de la UNL (Bv. Pellegrini 2750), hoy, a partir de las 19, en el Paraninfo, Emilio Burucúa disertará sobre Historia del Arte, bajo la temática "Risa y representación gráfica". En tanto, a las 20, se podrá disfrutar de música clásica, interpretada por Lautaro Molinaro, Alfonso Bekes, Evelyn Plaumer, M. Eugenia Coronel Bugnón, Mariel Cabo, Piace y Dual. A esa misma hora, en el patio sobre San Jerónimo, se llevará a cabo el café literario, donde se leerán poesías y cuentos del concurso, mientras que en la sala Ateneo, también a las 20, se proyectarán videos y producciones digitales.