Una búsqueda que consume a todos
Fiebre de esmeraldas en Colombia
Cien metros bajo la superficie, en la mina colombiana de Muzo, decenas de topos humanos trabajan febrilmente excavando las entrañas de la tierra, en la afanosa búsqueda de una veta del anhelado verde de las esmeraldas más bellas del mundo.

Carlos Osorio (AFP)

Jóvenes, viejos, incluso algunos que sobrepasan los 60 años, despiertan cada jornada con el sueño de que ese será el gran día en que se `enguacarán' (hallarán esmeraldas) para hacerse ricos, un golpe de suerte cada vez más raro, contrariamente a lo que ocurría hace apenas 15 años.

Para José Molina, más conocido en Muzo como el `doctor Pepe', un carismático líder de la región, la motivación de cada uno de los 2.000 trabajadores de la mina de Muzo, la más importante región esmeraldífera colombiana, "es levantarse pensando que se ese día el `corte' (mina) pintará".>

"Y es el sueño de cada uno de nosotros, los empresarios, porque esto es como un juego de casino", señala Molina un abogado que se acerca a los 60 años.>

"Si no se gana, se sigue apostando. Pero si se gana, igual se sigue jugando. El trabajo en las minas es un vicio", agrega Molina, quien pasa sus días recluido en las excavaciones con pocas comodidades y el sacrificio de no ver a su familia.>

En ese juego van por igual mineros y empresarios, cuya suerte está ligada. En Muzo (200 km al norte de Bogotá) ningún minero recibe salario. Si el "corte pinta", el 5% de las esmeraldas se reparten entre ellos. Si no hay piedras, no hay ingreso.>

Cada vez el sueño es más ilusorio. Hasta hace pocos años la extracción de las esmeraldas colombianas, consideradas las de mejor calidad del mundo y de las cuales se exportan unos 150 millones de dólares anuales, se hacía a cielo abierto.>

Actualmente se hace a gran profundidad, con una tecnología `criolla' que requiere invertir dinero y el riesgo provocado por la inestabilidad del terreno.>

Lejos están los días en que unos 20.000 `guaqueros' se situaban en el brazo del río Minero -que atraviesa la zona- para esperar que una excavadora rompiera la montaña y lanzara la tierra al debilitado cauce, para lanzarse como hormigas, en búsqueda de la preciada piedra.>

Ahora, en una hondonada atravesada por decenas de caminos que llevan a los distintos `cortes', apenas unas 50 personas, especialmente ancianos y mujeres, madrugan para escarbar en el riachuelo, buscando una `pepita' que les permita subsistir.>

Entorno pobre

En Muzo la riqueza que guarda la entraña de la tierra contrasta con la miseria y el abandono del Estado, como lo dejan ver los cientos de casuchas de los mineros que rasguñan las montañas.

A pocos kilómetros, en la mina de La Paz -bautizada así al término de una `guerra de las esmeraldas' que dejó 3.000 muertos en la década de los 80- José Buitrago, líder de la zona, muestra con orgullo el trabajo asociado de varios empresarios esmeralderos, antes enfrentados.>

"Tenemos casi 3.000 trabajadores dentro de la montaña. La mina apenas ha `pintado', pero esperamos llegar pronto a la veta", señala.>

Guillermo Páez, uno de los ingenieros de la mina, explica que desaparecida la época de las esmeraldas `a flor de piel', ahora "hacemos excavaciones a gran profundidad", como ocurre en La Paz, allí se recorren dos kilómetros dentro de la montaña para llegar al sitio de explotación.>

Los mineros hacen cinco veces ese recorrido en su turno de ocho horas, arrastrando un pesado carro metálico, para sacar tierra.>

"Lo único que uno espera es que Dios nos socorra con algo, porque estar bajo tierra dos kilómetros en línea y luego bajar 100 ó 120 metros es algo muy `berraco' (complicado)", señala Daniel Martínez, quien lleva 15 de sus 42 años trabajando en las minas.>

"Aquí trabaja uno por el rebusque, por eso se llama guaquiar. El guaqueo es como el que se gana una lotería. Muy poquitos se benefician", agrega, sin dejar de quejarse por no tener un salario o servicios médicos.>

"Nosotros sabemos que cuando a los jefes les llega una cosa buena, pues algo de rebusque nos dejan y eso es lo que nos motiva", dice el minero, asegurando que "hay que seguir adelante porque si la situación es difícil, afuera está peor".>

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